Basado en génesis 2 : 5 – 25
Creada la tierra y todo lo que en ella habitaba, Dios preparó un lugar especial; aquel lugar debía tener todo lo necesario para la supervivencia, y fue allí donde determinó que el hombre viviría. El nombre que le dio fue «Huerto o Jardín». En aquel lugar tan espléndido había diferentes tipos de árboles que producían muchos frutos (versículo 9), agua en abundancia (vs 10), tierra que tenía oro de la mejor calidad (vs. 11 – 12); además, estaban el árbol de la vida y el de la ciencia del bien y del mal (vs 9b), con sus respectivos frutos cada uno. Fue allí, en aquel lugar, donde Dios puso al hombre y le asignó unas funciones que debía realizar: él debía guardar (vigilar) y laborar (trabajar) para hacerlo producir (vs 5 – 7).
Una vez en el huerto, Dios le recomendó (mandó) al hombre que podía comer del fruto de todos los árboles que había en el huerto(vs. 15) además la descripción que hace la biblia del lugar nos puede llevar a pensar que aquel lugar no era pequeño, por lo tanto, seguramente tenía variedad de árboles para probar y disfrutar (vs. 10 – 14).
También ordenó que del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal no podían comer porque de hacerlo morirían (vs. 17); como dueño de aquel huerto, Dios le da una inducción específica de cada una de las funciones que como administrador el hombre ejecutaría, al igual que recomendaciones claras sobre lo que no le estaba permitido y las consecuencias de no obedecer.

En este amplio huerto, el hombre disponía con libertad de todo cuanto había en él; podía disfrutarlo completa y plenamente; despues de todo, era el único (en ese momento) que habitaba el lugar. Del 100% de todo cuanto en él había, solo tenía prohibido el 1%.
No sabemos cuánto tiempo pasó el hombre solo en aquel lugar (antes de Eva); su trabajo era vigilar el huerto y labrarlo (vs. 15), hacerlo producir, entre otras tareas que muy seguramente Dios le indicó. Hasta donde vimos cada una de las creaciones de Dios cumplen una función especial; una de las tareas más importantes que se le dio fue la de darle nombre a los animales (vs. 19 – 20). Con esto podemos ver que Adán era un hombre sabio; cabe resaltar que para los antiguos, el nombre no era sólo algo exterior, una forma de llamar a alguien o algo, sino que hacía parte de su esencia individual, por lo tanto no era fácil nombrar a todos los animales.
Pareciera, por la lectura, que todos los días Dios visitaba al hombre en aquel lugar; imagino que dialogaban sobre su labor del día, dándole a Dios un «informe» de todas sus actividades desarrolladas (posiblemente), y tal vez el hombre, en contraparte, recibía de Dios las funciones a realizar el día siguiente.
Fue Dios quien vio que no era bueno que el hombre estuviera solo (vs. 18); seguramente los dos (Dios y el hombre) disfrutaban de sus diálogos. Por ello, Dios quiso bendecir aún más al hombre, y fue allí donde decide crear para este hombre a aquella mujer tan hermosa que le acompañara y le alegrara aún más la vida, para que tuviera también alguien con quien disfrutar mientras realizaba sus labores. Aquella mujer sería una compañera ideal, una ayuda perfecta para él; tomó entonces de la costilla de Adán, la formó y la trajo al hombre (vs. 21 – 22).

Imagino la admiración de Adán cuando se despertó y vio a una creación tan perfecta y bella a su lado (vs. 23); seguramente su corazón se llenó de alegría y tantas cosas más, y es que no era cualquier creación, no se parecía a nada de lo que había en el huerto; era única, además, exclusiva para él, se parecía a él, hablaba como él, pensaba (en sentido figurado) y actuaba como él.
Seguramente el hombre se sentía satisfecho teniéndola a su lado; pasarían el día hablando, admirando, disfrutando y trabajando según las tareas asignadas por Dios. Al venir el Señor al huerto, seguramente pasarían muy buenos encuentros los tres, hablando de todo aquello que sucedió en el día, de lo que hicieron, de sus inquietudes y observaciones; realmente debería ser algo maravilloso.
¿Cuántos días transcurrieron en esta condición? No lo sabemos, solo imagino que debieron ser muchos, llenos de armonía, paz, tranquilidad, disfrutando de cada momento. Sus mentes eran limpias, sus pensamientos santos, sus actos agradables a Dios; un lugar perfecto, una relación perfecta.
Siempre me ha causado curiosidad que el hombre (Adán) se suele juzgar a la ligera por no haber consumido el árbol de la vida, sino que en su lugar tomó del árbol de la ciencia del bien y del mal, y esto me hace entender lo irrelevante que era el tiempo para Adán. Seguramente no tenía ningún afán, no pensaba en el momento de su muerte, y es que, ¿quién de nosotros en la cúspide de nuestros logros piensa en ella? Es más bien en aquellos momentos difíciles en los cuales ese pensamiento pasa por nuestras mentes.
Por otro lado, entiendo que también nosotros tenemos todos los días (mientras vivimos) la posibilidad de ser salvos o de dejarnos llevar por nuestros deseos, y en lugar de darle importancia a la salvación, corremos tras la satisfacción temporal que ofrece la carne, y no valoramos el árbol de la vida (salvación), la cual se encuentra en nuestra puerta.

Me sorprende ver cuán buenos fueron los pensamientos para el hombre, y lo maravilloso de su propósito, y lo mejor es que sigue siendo su plan. Él no vino para traernos tristeza, él no vino para hacer nuestra vida aburrida, como tal vez muchos piensan. Lo que quiere es que quitemos de nosotros aquello que nos hace realmente mal. Muchos dicen: «yo no sé qué hacen los cristianos orando todo el tiempo» o «es que creer en Dios es volverse monja», y realmente no se trata de nada de eso. Hasta el momento y lo que hemos visto, ni Adán ni Eva tienen un hábito (sotana) y se relacionan con Dios diariamente. Realmente Dios nos creó con la necesidad natural de su presencia. Absolutamente todos necesitamos de Él, solo que algunos pasan toda su vida sin experimentarlo.
Hagamos que hoy sea un día excepcional en nuestras vidas; entreguemosle nuestras cargas a Dios, como lo dice su palabra, y pidámosle que nos permita vivir su propósito en nuestras vidas. Lo peor que pueda pasar es que las cosas mejoren; creo que muchos no tienen demasiado que perder, no necesitan hacer nada público, solo se requiere un corazón dispuesto.
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