Devocional diario: en el huerto del Edén

por

in

Devocional diario basado en Génesis 3: 1-7

Fueron muchos los días que disfrutaron Adán y su compañera en aquel huerto; era tan pura su relación, tanto entre ellos como con Dios, que todo se veía perfecto, tal y como Dios lo había planeado. Allí estaba aquel lugar dotado de las más ricas y abundantes bendiciones; el hombre señoreaba junto con su compañera, gobernaba con sabiduría todo lo que lo rodeaba y hacía que fuera fructífero aquel lugar. De esta manera, Dios se sentía satisfecho con su creación.

Sin embargo, su obra produjo sentimientos negativos en el corazón de alguien más. Satanás (la serpiente) envidiaba todo lo que Dios había hecho y lo que le había entregado al hombre; envidiaba también la relación tan perfecta que existía entre el hombre y la mujer, así como también entre ellos y Dios.

Seguramente él estaba convencido de que aquella pareja no merecía tal privilegio, razones que, al parecer, le llevaron a idear y planificar una forma de que eso cambiara y así destruir aquello tan armonioso que existía hasta el momento.

Algunas veces pensé que no entendía la razón por la cual Satanás estaba en aquel lugar, es decir, dentro del paraíso. Ahora comprendo que antes de ser (Satanás) tenía un bello lugar de privilegio que Dios le había asignado.

Era el «director de alabanza», en palabras coloquiales; su responsabilidad era la de dirigir la adoración en el reino de Dios. Estaba en el lugar donde Dios habitaba, pero un día se halló insatisfecho en su corazón y quería ser como Dios, para que aquella adoración no la recibiera el merecedor de ella (Dios), sino que en su lugar la recibiera Luzbel (el cual era su nombre).

Después de todo, él envidiaba a Dios y quería tenerlo todo, así que intentó un «golpe de estado». A través de su posición de director, logró convencer a la tercera parte de los ángeles que estaban bajo su poder, razones por las cuales Dios le retiró la posición de privilegio que tenía y lo expulsó del cielo, junto con aquellos a los que había convencido (Isaias 14: 12 – 13).

Es por esto que todo lo que Dios hace le desagrada. Ahora en el jardín había una pareja que había hecho con dedicación, con sus manos directamente, tal y como lo vimos en el devocional del 30 de mayo y basado en ese sentimiento, buscó la manera de que la obra de Dios fallara y de esta manera lograr quitar al hombre de su lugar de privilegio.

La serpiente sabía muy bien que Dios no toleraba la desobediencia y también seguramente conocía la restricción respecto al árbol de la ciencia del bien y del mal, de tal manera que sabía que era el punto débil de su «rival» y por lo tanto donde debería atacar.

Satanás (serpiente) conocía también la relación de Adán y Eva, sus intimidades, su confianza, su amor, y todo de ellos, pues habitaba en medio de ellos. Así que seguramente era testigo del bálsamo que era para Adán, luego de un día duro, sus palabras, su compañía, su sabiduría, además de todo lo que ella significaba para él.

Por lo tanto, conocía que ella era su punto débil; analizó e identificó que si ella lograba convencerse de fallar, era altamente probable que Adán también lo hiciera.

Por tal motivo, Satanás le ofreció a Eva el fruto de una manera que lo hizo ver atractivo ante sus ojos; tergiversó las consecuencias del fallo, le mostró una posibilidad de ascenso, y de alguna manera logró convencerla de fallar. La palabra indica en el versículo 4:

Pero la serpiente le dijo a la mujer: —No es cierto. No morirán. (5) Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman del fruto de ese árbol podrán saber lo que es bueno y lo que es malo, y que entonces serán como Dios.

Génesis 3: 4 – 5 (DHH)

Con lo cual, hizo que Eva lograra ver ese fruto hermoso y cedió a probarlo; además, le dio a Adán, quien tampoco se opuso mucho al respecto.

Esto nos enseña que el adversario envidia todo lo que Dios hace y odia lo que Dios ama. El matrimonio es la imagen de Dios, es por eso que una pareja unida bajo su Santo lineamiento es un blanco al cual quiere destruir, así que no se quedará de brazos cruzados al respecto, sino que sembrará discordia y muchos otros sentimientos, con el fin de acabar aquello que Dios ha construido, así como también aquella relación individual que se debe tener con Dios. Él buscará la manera, hábil y por haber, para impedir que eso se dé de manera libre.

Es habitual que juzguemos con mucha premura a Adán y Eva por su pecado, pero la verdad es que todos los días nosotros nos exponemos a la misma decisión (en sentido figurado), y lamentablemente es muy común que elijamos el fruto tentador y provocador del árbol de la ciencia del bien y del mal.

¿Cuántos frutos hemos tomado? Realmente la respuesta es aterradora, pues seguramente no es solo uno, puesto que todo acto de desobediencia es equiparable con la elección de lo equivocado. Y es que es importante agregar que lo que causó el enojo del Señor fue el acto de la desobediencia.

Ahora bien, por otro lado, podríamos juzgar que eso sucede cuando estamos, digamos, un poco distanciados de Dios o cuando no le conocemos verdaderamente, pero lo que es cierto es que Adán y Eva mantenían una comunión con Dios, puesto que todos los días se relacionaban con Él. De hecho, lo admiraban tanto que cuando imaginaron la idea de ser como Él, el fruto se volvió tentador.

Ahora bien, el texto nos hace ver que no fue que Adán y Eva meditaran mucho al respecto; es decir, no contemplaron la idea de fallar por mucho tiempo. Tan solo bastó un momento de descuido para que eso sucediera; así mismo nos pasa a nosotros. En el momento menos pensado, llega la tentación vestida de mil formas y normalmente fallamos.

Imagino que, al ser abiertos los ojos de Adán y Eva y al verse desnudos, se dieron cuenta de que algo estaba mal. Ese era un sentimiento que no habían experimentado antes, por lo tanto, pensaría que se encontraban confundidos al respecto, sobre todo cuando Dios pasara de nuevo por aquel huerto. ¿Qué le iban a decir? Imagino que pasarían mil cosas por su cabeza, mientras tanto la serpiente se encontraba satisfecha porque conocía los resultados de la desobediencia; ahora solo falta esperar a que Dios pasara, para que su plan se viera completado.

Ya no sucederían esos momentos de risas, comunión, paz, y demás que le agradaban a Dios y ofendían al enemigo. ¿cuántas cosas pudieron pensar para justificarse? Imagino que un montón, y esperarían seguramente que Dios no se diera cuenta de su error. Ahora yo pregunto, ¿cuántas veces hemos estado en esa situación? Esperando que no lo noten, o que nadie se dé cuenta de lo que pasó. Y es curioso, porque el enemigo no solo trae la tentación, no sólo nos hace ver el fruto tentador, sino que, una vez fallamos, trae el sentimiento de culpa y de que, bueno, todo lo que consigo lleva. Y lo peor del caso es que es muy probable que, apenas levantemos la cabeza, prefiramos seguir en su juego antes de cambiar y acercarnos a Dios verdaderamente.

Sometanse, pues, a Dios. Resistan al diablo, y esté huirá de ustedes.

Santiago 4: 7 (DHH)

Además, la palabra de Dios indica que:

Sean prudentes y manténganse despiertos, porque su enemigo el diablo, como un león rugiente, anda buscando a quien devorar.

1 Pedro 5: 8 (DHH)

Adán y Eva no pudieron resistirlo, esto los condenó a vivir las consecuencias de la desobediencia; el enemigo solo quería devorarlos, y cumplió con su propósito. ¿Cuál era el motivo de este sentimiento? Simplemente el hecho de ser imagen y semejanza de Dios.

Reflección

Nada que venga de parte de Satanás podrá ser bueno para los hijos de Dios. El fruto que ofrece es deseable, apetecible, codiciable, pero su fin es muerte; por otro lado, Eva entró en una conversación con Satanás, esto la dejó vulnerable, pues a través de este diálogo se instaló el sentimiento en su corazón, y esto fue motivo suficiente para fallar. Hoy día, el vulnerable puede ser hombre o mujer; cualquiera que se siente a hablar con él (que por cierto no se va a aparecer en forma de demonio) está incurriendo en la probabilidad más alta de fallo. Lo que recomienda la palabra de Dios es resistirlo; de esta manera, él huirá de nosotros.


Descubre más desde Manuel Monsalve

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


Deja un comentario