Basado en génesis 3: 8 – 19
Allí estaban en aquel huerto Adán y su compañera, envueltos en sentimientos de angustia, miedo, temor, pero no precisamente de Dios, sino de las consecuencias de sus actos. Seguramente ellos no querían que el momento de la confrontación llegara; antes de la desobediencia, llegar ante la presencia de Dios era un momento esperado y anhelado; en cambio, ahora tenían miedo de ese momento.
Seguramente buscaban la forma de evitarlo, eran conscientes de su fallo, de su error; efectivamente allí estaba Dios en el huerto, al oírlo se escondieron, lo que demuestra que no se sentían precisamente orgullosos, así que guardaron silencio, querían postergar este encuentro lo máximo posible; sin embargo, aquel momento llegó.
¿Dónde estás tú? preguntó Dios, llamando a Adán.
– Oí tu voz en el huerto y tuve miedo, porque estaba desnudo y me escondí – respondió Adán.
Aquella voz que antes producía alegría, gozo, paz, seguridad, ahora le producía miedo. Aquella desnudez que antes representaba santidad y pureza ahora era motivo de vergüenza, y es que precisamente esas son las consecuencias del pecado; nosotros hemos estado muchas veces en esa condición, sabemos lo que es buscar la justificación más adecuada para ocultar el pecado.
Al escuchar Dios la respuesta de Adán, le preguntó: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol que te mandé que no comieses? Ahora bien, no es que Dios no supiera que ya lo habían hecho, lo que realmente quería Él, Señor, es que aquel hombre confesara su pecado, de esta manera podría tenerle misericordia. Cuán grande es el amor de Dios por el hombre, que aún en medio de los errores sigue mirándonos con amor.

Era evidente que el hombre había comido del fruto; después de todo, no era el primer día que había estado desnudo en el huerto, llevaban mucho tiempo en esa condición. El hecho de que ahora lo notaran era producto de un cambio a nivel de pensamiento.
El hombre respondió a Dios:
– La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.
Admitió su parte, pero de cierta manera buscó una justificación a través de la culpa de su compañera, como de alguna manera diciendo «la responsabilidad no es toda mía». Y es que realmente esa es nuestra naturaleza, siempre vamos a buscar la manera de librarnos de la responsabilidad total.
Además, de cierta manera, a través de su respuesta también intentó mentir; ese era otro de los efectos secundarios de haber comido del fruto.
Dios le preguntó a Eva:
– ¿Qué es lo que han hecho?
Eva era una mujer sabia, pero realmente en aquella decisión no demostró aquella sabiduría con la cual venía equipada.
Eva no fue hecha para mentir, ni para actuar neciamente, pero allí, luego de haber comido del fruto, muchas de sus cualidades se vieron transformadas; en este momento de la historia, era como si se tratara de una mujer diferente.
En la forma original, Eva fue hecha para ayudar a su compañero, para traer alegría a su vida, y que ella también se sintiera regocijada y protegida por él.
Proverbios 14:1 indica que la mujer sabia edifica su casa; así había sido creada Eva, con esa misma cualidad, es por eso que la pregunta de Dios para con ella fue: ¿Qué es lo que han hecho?
A lo cual ella responde:
– La serpiente me engañó y comí.
No podía culpar a Adán; de todas maneras, ella era quien había dado el primer paso, y fue quien realmente le ofreció el fruto a él. Sin embargo, tampoco asumió la responsabilidad de sus actos, sino que también, a la par de su compañero, intentó justificarse en los actos de otro.

Ahora bien, tampoco es que la serpiente fuera inocente; en realidad era bastante culpable por lo sucedido. Ella concibió el plan y lo ejecutó; sin embargo, si analizamos la conversación que tuvieron Eva y la serpiente, realmente solo persuadió a Eva a hacerlo; tampoco la engañó por completo, seguramente utilizó muchas cosas antes para predisponer a Eva, sin embargo, de esto no podemos dar fe puesto que no dice la escritura.
Dios conocía la verdad, por lo que no tuvo que hacer muchas preguntas más; con la serpiente solo fue directo: a causa de esto maldijo a la serpiente, la condenó entre todos los seres; andaría arrastrándose y se alimentaría del polvo de la tierra todos los días.
Además, puso enemistad entre la serpiente y la mujer, y entre sus descendencias futuras. ¿Qué nos enseña esto? Creo, a manera personal, que el objeto de esto es una muestra más del amor de Dios hacia nosotros, puesto que si no alejaba a la serpiente de la mujer, seguramente en el futuro podría mostrarse como amiga y llevarla a pecar nuevamente, a través de una falsa amistad.
Respecto a Eva, le multiplicó los dolores en su preñez, y sus partos serían dolorosos; añadió que, aunque quisiera controlar a su marido, no lo lograría; aunque quisiera mantenerlo bajo su dominio, no sería así, sino que su marido sería quien se enseñorearía de ella.

Ese fue el orden que Dios instauró luego del pecado, y tal vez hoy día sea un concepto retrógrado, podríamos llamar machista, o desventajoso, pero en realidad son las consecuencias adquiridas por un acto de desobediencia. Recordemos que a Lucifer se le condenó por querer ser como Dios; ahora la mujer, cuando accedió a comer del fruto, fue porque en su corazón quiso estar a la altura de Dios, ser como Él; ese fue el «negocio» que le propuso la serpiente, o bueno, el engaño en sí.
Por otro lado, a Adán, por obedecer a Eva antes que a Dios, sin reflexionar demasiado, ahora tendría que esforzarse más para que la tierra produjera. Dios «maldijo la tierra», porque de ella fue tomado; ahora esta tierra produciría los frutos de manera dificultosa. Además, debería trabajar toda su vida, hasta que nuevamente vuelva a ella.
Reflexión
Todo lo que desencadenó un acto de desobediencia; quizá para nosotros no sea tan grave el pecado, porque en realidad desconocemos la magnitud de lo que ese «pequeño acto» acarrea, olvidándonos de que Dios es Santo, Santo, Santo; por tal manera no ve el pecado como nosotros lo vemos, sino que en realidad el pecado trasciende más allá de lo que podemos imaginar. Satanás también lo sabe; él conoce perfectamente las consecuencias de desobedecer y nuestra ignorancia sobre el pecado, por ende sus consecuencias. Esto lo usa como ventaja en nuestra contra y nos lleva a fallar.
Adán y Eva no tenían conocimiento del pecado; ellos antes de comer el fruto también eran santos, imagen y semejanza de Dios. Aun así, la serpiente se aprovechó del desconocimiento al respecto y los llevó a falla.
Los hizo pensar que no era tan grave, tan solo era que habían entendido algo muy fuerte, pero que la verdad era un tanto diferente. Ahora sus ojos serían abiertos para ver como Dios; ahora nosotros, a causa de eso, tenemos conocimiento del bien y del mal, sin embargo seguimos fallando diariamente.
Terminamos obedeciendo la voz del enemigo; de esta manera, trayendo sobre nosotros no solo desobediencia, sino un sinnúmero de consecuencias destructivas.
Dios dice: velen y oren para que no entren en tentación, y esto nos da un indicio de que el trabajo de Satanás siempre será encontrar nuestra muerte o caída, lograr que pequemos, idear planes y estrategias para hacernos fallarle a Dios.
¿Qué debemos hacer? Velar y orar, cuando mantenemos nuestra vida de oración encendida y vigilamos (tenemos cuidado de nosotros mismos), nos mantenemos fortalecidos espiritualmente; por lo tanto, será difícil caer en la tentación. Hoy en día, hay tanto entretenimiento y ocupación que descuidamos lo más importante: nuestro tiempo de oración. Satanás sabe que, si nos mantenemos orando constantemente, no cederemos a sus pretensiones, pero si no lo hacemos, seremos vulnerables. Es por esto que no debemos descuidar estos aspectos en nuestra vida; así nos mantendremos fuertes y venceremos.
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