Devocional diario: Aquel que viene del cielo.

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Basado en San Juan capítulo 3:31-36

31 »El Hijo de Dios viene del cielo, y es más importante que todos los que vivimos aquí en la tierra y hablamos de las cosas que aquí suceden.
El que viene del cielo es más importante,

32 y habla de lo que ha visto y oído en el cielo. Sin embargo, muchos no quieren creer en lo que él dice.

33 Pero si alguien le cree, reconoce que Dios dice la verdad,

314 ya que cuando el Hijo habla, el que habla es Dios mismo, porque Dios le ha dado todo el poder de su Espíritu.

35 »Dios, el Padre, ama al Hijo, y le ha dado poder sobre todo el universo.

36 El que cree en el Hijo tiene la vida eterna, pero el que no obedece al Hijo no tiene la vida eterna, sino que ha sido condenado por Dios.

Juan 3:31-36 TLA

Estudio

El Apóstol Juan tenía una convicción firme de quién era el Padre y quién era el Hijo, así como su obra y su misión en la tierra; por ello hablaba con certeza, pues tenía la seguridad de creer en lo que decía.

Así también, él se los enseñaba a sus discípulos, por lo tanto, en el momento en el que ellos se acercaban a Jesús, no tenían dudas; sin lugar a dudas, su líder había hecho un gran trabajo en sus corazones.

Jesús venía del cielo, por esto su testimonio era verdadero, pero en nuestro caso, como somos terrenales, necesitamos ser llenos del poder que viene del cielo (Espíritu Santo) para que sea él mismo quien nos revele lo que nosotros no podríamos entender siendo simplemente carnales.

La certeza que tenía Juan respecto a que Jesús venía del cielo y que era superior a todos los mortales permitía que este pudiera honrarle, exaltarle y adorarle; además, hacía que su testimonio fuera verdadero.

Ahora bien, ¿quién le había revelado esta verdad a Juan? El mismo Espíritu de Dios, y su alabanza a Dios era recibida por el Padre como un grato perfume. Juan tenía claro que su tiempo estaba llegando a su fin y que el ministerio de Jesús apenas estaba iniciando, por esa razón se esforzaba en crear en sus discípulos una fe genuina en aquel que estaría con ellos y que les guiaría a toda verdad.

Por otra parte, lo que Jesús enseñaba no era bien recibido por muchos, porque sus palabras eran celestiales, demasiado profundas para ellos.

No obstante, muchos de los líderes que había en las sinagogas, a pesar de su vasto conocimiento, hablaban de cosas terrenales; así que las palabras de Jesús no tenían cabida en sus corazones.

La raíz de todo esto estaba en la ausencia del Espíritu de Dios en sus vidas, por lo tanto, no había forma en que sus ojos y oídos espirituales fueran abiertos para ver la verdad.

Para muchos, las palabras de Jesús eran cosas incoherentes, absurdas, locas, y recordemos lo que dice la palabra de Dios, la cual indica que el mensaje de la cruz es locura para los perdidos, pero para los salvos es poder de Dios.

Tenemos entonces la certeza de que si hemos creído en Jesús, y sus palabras están arraigadas, cimentadas y esculpidas en nuestros corazones, es sinónimo de que tenemos acceso a la vida eterna, ya que no existe manera de que nuestros ojos y oídos espirituales hayan sido abiertos si no fuera por el poder del Espíritu de Dios actuando en nuestras vidas.

Pero… ¿qué es la vida eterna? Nada más y nada menos que conocer a Jesús, por medio de una comunión íntima con Dios; Juan deja claro que todo aquel que se rehúsa a creer en Jesús no verá la vida, y esto conlleva a que la ira de Dios está sobre esa vida.

Reflexión:

La salvación empieza cuando creemos en Jesús, para con esto hacer posible recibirle en nuestro corazón. Con esto lo hacemos Señor y dueño de nuestra existencia.

A partir de ese momento, podemos gozar de una intimidad con Dios, o una relación con Él; esta crece a través de la perseverancia en este propósito.

Es a través de esa relación que podemos conocerle; en ese diario vivir de intimidad, Él nos enseña, nos aclara las dudas que podamos tener en nuestro corazón y nos guía a su propósito y verdad. Ahí está la importancia de tener un «a solas» en su presencia todos los días, de poder dedicar un tiempo para ser enseñados por Él, pues no está de más decir que si algo nos interesa, le dedicamos tiempo.

En el mundo hay muchas personas que hablan de Dios; pero no todos los que hablan de Él han sido enseñados por aquel que viene de Él (el Espíritu Santo). Es por eso que es importante conocerlo nosotros mismos, para luego salir, con poder, a llevar el mensaje de salvación.

Juan nunca fue avergonzado en su ministerio, porque todo lo que hizo, lo hizo en obediencia a Aquel que le había enviado.

Hoy es un día para agradecer a Dios por haber puesto su mirada en nosotros, tal y como lo hizo en Juan, el mérito no es de ninguno diferente a Él, pues si escuchamos el mensaje y creímos fue porque eso estaba en su plan.

Por otro lado, es necesario que le pidamos a Dios, que nos enseñe a caminar con Él, de la manera más sincera, no existe un método efectivo para hablar con Dios diferente a la honestidad, después de todo, el Espíritu es quien intercede por nosotros, así que es el amor de Jesús el que se hace vida en medio de nuestra sinceridad.


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