Devocional diario: La búsqueda genuina de Dios.

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Basado en San Juan capítulo 6:22-27

Estudio

Al día siguiente, la gente que estaba al otro lado del lago se dio cuenta de que los discípulos se habían ido en la única barca que allí había, y que Jesús no iba con ellos.

Mientras tanto, otras barcas llegaron a la ciudad de Tiberias, a un lugar cerca de donde habían comido el pan después de que el Señor dio gracias.

Así que, al ver que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, la gente subió a las barcas y se dirigió a Cafarnaúm a buscarlo.

Todos los que habían sido testigos del milagro ocurrido en aquel lugar (la multiplicación) estaban a la expectativa de lo siguiente que haría el Señor, de manera que al ver que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, decidieron ir a buscarle.

Sabemos, y no es para menos, que las multitudes seguían a Jesús debido a que sus palabras y los milagros que realizaba eran sorprendentes.

Hoy día vemos también a muchos que siguen a siervos que son muy usados por Dios en sanidad y milagros, y quizás al ver las multitudes pensemos que están buscando verdaderamente a Dios, pero me pregunto hoy: ¿qué es lo que me hace buscar a Dios? ¿Qué busco en Él?

Para los ojos del hombre debe ser satisfactorio ver que muchos les siguen, pero ¿cuál es la razón por la cual le buscan? ¿Verdaderamente buscan a Dios? No todos los que buscan a Dios lo hacen por la razón correcta; estas personas habían sido saciadas de pan, pero no era solo pan lo que habían recibido de Jesús, sino también su palabra, más la razón por la cual le buscaban era para que saciara sus vientres y no su alma.

Después de todo, y como lo dijo Jesús, cualquiera que tome de esa agua volverá a tener sed, tal cual sucedió con aquellas personas. Claro, maravilloso lo que sucedió, pero el tiempo cumplió con su función y se procesó el pan dentro de su organismo, y tuvieron hambre de nuevo; por lo tanto, necesitaban nuevamente pan.

Muchos corren tras Jesús buscando un milagro, y no está mal hacerlo, pero si la única razón por la cual le buscamos es esa, seguramente cuando lo recibamos estaremos satisfechos y ya no queremos seguirle.

Cuando se hace de esta manera, no nos interesamos por tener su amistad, por caminar con Él para aprender de Él, para que de nuestro interior corran ríos de agua viva; y de manera directa, nuestra oración se vuelve rutinaria y metódica.

En el caso de aquella multitud, su búsqueda de Jesús era únicamente material y no espiritual, y sabemos que la palabra de Dios nos enseña que debemos buscar primeramente el reino de Dios y su justicia; lo demás vendrá por añadidura, pero aquí en esta ocasión parece que les interesaban más las añadiduras que el reino de Dios y su justicia.

Reflexión

Desafortunadamente, muchos de los que siguen a Jesús hoy día lo hacen de esa manera. El problema es que podemos pensar que estamos bien, engañándonos a nosotros mismos.

Todos venimos al Señor por una necesidad especial, ya sea una sanidad, una restauración, una respuesta, etc. Esa situación fue el hilo que Dios usó para acercarnos a su Hijo, pero no es lo único que Dios puede darnos. Él tiene palabras de vida para nosotros, quiere darse a conocer y que le conozcamos verdaderamente, para que alcancemos esa vida eterna.

Propongamos hoy buscarle para conocerle, para escucharle, para aprender de Él, para que sea nuestro amigo, nuestro confidente, reconociendo que Él es Dios y que tiene cuidado de nosotros, que le necesitamos.

Es desalentador cuando alguien te busca únicamente cuando te necesita o por lo que puedes darle; esa búsqueda es interesada, no es genuina, no es sincera. Quizás muchos de nuestros amigos lo hacen así y nosotros no lo sabemos, pero Dios, que conoce el corazón del ser humano, sabe cuál es nuestro verdadero interés. Él no impedirá que le sigamos, pero nos exhortará a que le busquemos de forma correcta, para que seamos mayormente bendecidos.


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