Editado por: Manuel Monsalve
Basado en San Juan capítulo 11:38-44
Contenido
Texto de estudio
Jesús, otra vez muy conmovido, se acercó a la tumba. Era una cueva, cuya entrada estaba tapada con una piedra.
San Juan 11:38-44
Jesús dijo:—Quiten la piedra. Marta, la hermana del muerto, le dijo:—Señor, ya huele mal, porque hace cuatro días que murió.
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Jesús le contestó:—¿No te dije que, si crees, verás la gloria de Dios?
Quitaron la piedra, y Jesús, mirando al cielo, dijo:—Padre, te doy gracias porque me has escuchado.
Yo sé que siempre me escuchas, pero lo digo por el bien de esta gente que está aquí, para que crean que tú me has enviado.
Después de decir esto, gritó:—¡Lázaro, sal de ahí!
Y el que había estado muerto salió, con las manos y los pies atados con vendas y la cara envuelta en un lienzo. Jesús les dijo:—Desatenlo y déjenlo ir.
Estudio
Al llegar Jesús a la tumba donde se encontraba el cuerpo de Lázaro, dio la orden de retirar la piedra que tapaba la tumba. Al oírlo, Martha le recuerda que su hermano ya lleva cuatro días de muerto y su cuerpo debe estar descomponiéndose; lo más natural es que ese cuerpo en descomposición oliera terrible.
Hoy me surge una pregunta: ¿acaso Jesús no lo sabía? ¿Necesitaba que Martha le recordara cuántos días llevaba en aquella tumba?
La respuesta de Martha es de esas respuestas en las que, si bien le estamos pidiendo algo a Dios, también le indicamos los obstáculos que existen, haciendo más importantes aquellos impedimentos. Ese fue el caso de Martha, le estaba indicando a Jesús que su hermano hacía cuatro días había fallecido, que su cuerpo estaba descomponiéndose, y aunque conocía el poder de Dios en la persona de Jesús, vio aquellos dos aspectos más grandes. Se olvidó por un momento quién era este Jesús que estaba dando la orden de retirar la piedra; esa respuesta de Martha reveló su incredulidad. Recordemos que el Espíritu Santo revela lo profundo del corazón. Creo que Martha era una mujer de fe, pero en esta oportunidad su fe no fue suficiente para ver lo que Jesús estaba a punto de hacer. Su fe no le alcanzó para entender que, si él había llegado y estaba en la tumba de su hermano, aun si su Lázaro estaba muerto, aquel Jesús que es Todopoderoso podía hacer algo.
La respuesta de Jesús ante la opinión de Martha no se hizo esperar; si ella quería ver la Gloria de Dios, tenía que creer. Para eso había ido Jesús, no solo para resucitar a su amigo Lázaro.

Martha pudo identificar la tumba y la piedra que cubría el lugar donde se hallaba su hermano, pero no pudo ver la piedra que cubría la tumba de la incredulidad en la cual ella estaba enterrada, estancada, y que no le permitía avanzar, salir, crecer, y ver la Gloria del Dios en el cual creía.
Jesús agradeció a su Padre por oírle y por concederle lo que le pedía.
La Gloria de Dios fue manifestada a través de Jesús en la vida de Lázaro. Jesús ordenó a Lázaro salir de la tumba, y ante aquella voz de autoridad que ordenaba salir, no se pudo detener. Lázaro salió y Jesús ordenó quitar de él las vendas que le ataban y dejarle ir.
No sé cómo reaccionaron las presentes en aquel lugar al oír lo que oyeron y ver lo que vieron. Algo así jamás había sucedido; no era común que las personas que se hallaban en los sepulcros resucitaran ante una voz que les ordenara hacerlo; de hecho, hoy día no es algo habitual.
Reflexión
Que enseñanza nos deja este pasaje de las escrituras? Muchos, ¿verdad? Pero entre tantas enseñanzas, hay una que resalta más y es que Jesús se preocupa por nuestros problemas y dificultades; para Él son importantes. Sin embargo, en algunas oportunidades no responderá cuando nosotros le invoquemos, sino que vendrá en su tiempo, y que para ver Su gloria necesitamos remover la piedra de la incredulidad de nuestro corazón. Porque aunque amamos a Jesús y creemos que es poderoso, seguramente no tenemos la fe suficiente para ver lo que queremos ver, y que muchas veces es necesario que pasen cosas que no queremos ni esperamos que pasen para que nuestra fe en Jesús suba de nivel. Recordemos que la fe crece, y las pruebas y dificultades que afrontamos son el escenario perfecto para ese desarrollo.
Existen circunstancias en las que se puede ver que nuestra fe necesita crecer. Quizás la fe que tenemos ha podido permitirnos ver las obras de Dios hasta cierto nivel, pero seguramente aquello que hoy le estamos pidiendo necesita una fe mayor, y es allí donde Jesús está trabajando. Él no solo quiere darnos lo que le pedimos, sino que también quiere que nuestra fe en Él crezca, para que así veamos Su gloria.
Para nosotros habrá cosas imposibles; seguramente están enterradas hace mucho tiempo, más de cuatro días. Pero aunque se encuentren allí en aquella tumba en la cual las hemos puesto, si Jesús ha llegado a visitarnos y está en esa tumba, Él ordenará quitar la piedra de la incredulidad que está impidiendo ver el milagro que tienes enterrado hace años y que consideras que ya no hay nada que hacer.
Aunque pensemos que es imposible, recuerda que Jesús puede y quiere hacer algo nuevo.

Si Jesús hubiese llegado cuando supo de la enfermedad de Lázaro y le hubiese sanado, ¿la fe de Marta habría aumentado? ¿Hubiese identificado su incredulidad? ¿No, verdad? Y no solo era la fe de Marta la que debía aumentar, sino la de todos sus discípulos. Por eso Jesús se alegró de no haber estado allí (versículo 15) porque, de esa manera, al ver sus discípulos lo que Jesús haría, creerían.
Identificar en otros sus debilidades puede ser fácil, pero identificar en nosotros esas debilidades no lo es, porque cuando posiblemente las vemos, tendemos a justificar esos actos, y esa actitud de justificación nos impide ser liberados.
Estoy convencida de que la fe de Marta después de aquel día no fue la misma. Luego de aquel acontecimiento, pudo creer que verdaderamente para Dios no hay nada imposible, que nunca llega tarde, y que todo lo que nos sucede sí es importante para Él, aunque nosotros así no lo veamos.
Todas las dudas que hoy puedan haber en nuestro corazón, Dios las tratará. Él no deja nada a medias ni incompleto, pues el que comenzó la buena obra no parará hasta terminarla.
Llamado a la acción
Es necesario que entendamos que a veces solemos tener nuestra vista solo en el problema. Por mucho tiempo pensamos que el centro de este capítulo era la resurrección de Lázaro, pero a través de la palabra, creo que la mayor relevancia de todo lo tiene en el proceso que llevaron Marta y María. Su fe se vio evaluada; se vieron en condiciones en las cuales no había fe, hasta el punto de poner en duda el poder de Jesús. Dios no permite que las situaciones lleguen a tu alrededor solo para mostrar su poder, sino para tratarte a ti. Si hoy día vives alguna situación con algo difícil de superar, antes de ver lo difícil del problema, te recomiendo evaluarte a ti mismo y tratar de entender qué es aquello que Dios quiere enseñarte. Te aseguro que si lo ves así, podrás experimentar lo buena de la voluntad de Dios y ver que para los que creen en Él, todas las cosas ayudan a bien.
Oración
Amado Dios, hoy pongo en tus manos mi vida, te ruego que me permitas entender qué es lo que tienes para mí en medio de esta situación, pues si bien esto afecta mi vida de alguna manera, es porque Tú deseas que yo siga creciendo en algún área de mi vida. Por favor, toma el control de mi vida y ayúdame a crecer en fe. Sé muy bien que eres Dios y que tuya es toda la gloria. Amén.
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