Editado por: Manuel Monsalve
Basado en San Juan capítulo 11: 45-57
Contenido
Texto de estudio
45 Al ver lo que sucedió, muchos de entre la gente que estaba con María creyeron en Jesús; 46 pero otros fueron a ver a los fariseos para contarles lo que Jesús había hecho. 47 Entonces, los principales sacerdotes y los fariseos convocaron al Concilio Supremo. «¿Qué vamos a hacer?—se preguntaron unos a otros—. Sin duda, ese hombre realiza muchas señales milagrosas. 48 Si lo dejamos seguir así, dentro de poco todos van a creer en él. Entonces, el ejército romano vendrá y destruirá tanto nuestro templo como nuestra nación».
San Juan 11: 45 – 57
49 Caifás, quien era el sumo sacerdote en aquel tiempo, dijo: «¡No saben de qué están hablando! 50 No se dan cuenta de que es mejor para ustedes que muera un solo hombre por el pueblo, y no que la nación entera sea destruida».
51 No dijo eso por su propia cuenta; como sumo sacerdote en aquel tiempo, fue guiado a profetizar que Jesús moriría por toda la nación. 52 Y no solo por esa nación, sino que también moriría para congregar y unir a todos los hijos de Dios dispersos por el mundo.
53 Así que, a partir de ese momento, los líderes judíos comenzaron a conspirar para matar a Jesús. 54 Como resultado, Jesús detuvo su ministerio público entre la gente y salió de Jerusalén. Fue a un lugar cercano al desierto, a la aldea de Efraín, y se quedó allí con sus discípulos.
55 Ya faltaba poco para la celebración de la Pascua judía, y mucha gente de todo el país llegó a Jerusalén varios días antes para participar en la ceremonia de purificación previa al comienzo de la Pascua. 56 Seguían buscando a Jesús, pero mientras estaban en el templo, se decían unos a otros: «¿Qué les parece? No vendrá para la Pascua, ¿verdad?». 57 Mientras tanto, los principales sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes públicamente de que cualquiera que viera a Jesús avisara enseguida, para que ellos pudieran arrestarlo.
Estudio
Sin lugar a dudas, el extraordinario milagro de resurrección hecho por Jesús a Lázaro llegó a oídos de muchas personas, entre los cuales unos se convirtieron al Señor, pero otros, como los principales sacerdotes y los fariseos, estaban angustiados, puesto que no podían impedir que la gente creyera en Jesús y fuera tras él. Por ello, idearon y concluyeron que la forma más sabia de liberarse de este Jesús e impedir que la nación y el templo fueran destruidos era que Jesús muriera.
La profecía en las escrituras así lo determinaba, de manera que lo que idearon no fue otra cosa que el cumplimiento a aquella profecía registrada en los pergaminos que a diario leían en sus ceremonias. Me sorprende ver a través de todo este pasaje de las escrituras que estos líderes no consultaban a Dios para tomar decisiones, sino que actuaban guiados por sus propios pensamientos. Desafortunadamente, cuando actuamos sin consultar primero a Dios, somos tan iguales a ellos.

Jesús tenía conocimiento de lo que ideaban aquellos líderes; por esa razón, decidió que lo mejor era alejarse con sus discípulos y esperar el tiempo propicio para volver a manifestarse públicamente.
Al llegar el tiempo de la celebración de la Pascua judía, los líderes religiosos esperaban que Jesús estuviera allí para poder arrestarle, de manera que dieron la orden de que, si le veían, lo anunciaran para poder detenerle.
Nada de lo realizado por estas autoridades le tomaba por sorpresa a Jesús; él sabía lo que sucedería y de la forma en que tenía que suceder. La palabra nos enseña que, si conocemos la verdad, seremos libres, y que, si el Hijo nos liberta, seremos verdaderamente libres. Allí estaba la verdad personificada en Jesús, pero esta verdad solo podía traer libertad a los que creían en él. Los que insistían en cerrar sus oídos a esta verdad permanecerían en tinieblas; por lo tanto, aquel liderazgo estaba sumergido en una densa oscuridad que les impedía ver la luz de Jesús y aceptar la única verdad que podía liberarlos de la cautividad religiosa.
Reflexión
Es fácil desde lejos juzgar y hablar; ese fue el caso de estos líderes. Ellos juzgaron a Jesús, hablaron de cosas que no entendían y tomaron decisiones que hicieron llevar a Jesús a la cruz, (aunque sabemos que ese era el propósito por el cual había venido Jesús). Pero cuando actuamos guiados por nuestros impulsos y pensamientos, sin consultar a Dios, nos convertimos en jueces, y el único Juez es Dios. Además, no solo actuamos independientemente, sino que equivocadamente guiamos a otros a actuar de la misma manera que nosotros, es decir, de manera equivocada.
Además, podemos ver que para muchas personas, vale más el deseo de complacer sus necesidades personales que el bien común. Si bien aquellos líderes de la época justificaban sus actos en el pensamiento de que «es preferible que un hombre muera, antes que el pueblo», olvidaban el dolor que había sido quitado de aquella familia de Marta y María. Y es que este tipo de situaciones realmente son cotidianas; solemos desviar nuestra mirada de aquellas cosas buenas de la vida y de las personas, por centrarnos en lo negativo o en las circunstancias.

Dios, a través de su palabra, nos enseña que la necesidad de su presencia es personal. Aquellos líderes lo necesitaban, al igual que Marta y María. La diferencia entre unos y otros era la forma en cómo lo expresaban: la actitud de desear recibir la libertad y crecer, o el hecho de mantenernos en nuestro pensamiento, porque es lo que hay que hacer.
No obstante, el resultado final de unos y otros fue muy diferente. Mientras que Marta y María se sentían a gusto con lo que habían recibido, aquellos líderes pasaban el tiempo, muy seguramente, con poca paz, sabiendo que aquel hombre peligroso podría estar convenciendo al pueblo en contra de ellos.
Llamado a la acción
Hoy, identifiquemos en nuestro interior la necesidad que tenemos de Dios; justificaciones para seguir actuando de la misma manera existen un montón, sin embargo, la única manera de alcanzar la felicidad es a través del proceso de búsqueda de Dios. No existe la forma en cómo realmente lo logremos alejados de Él.
Así como necesitamos socializar, crecer profesionalmente, personalmente y en todas las demás áreas de nuestra vida, alimentar el espíritu es necesario, y a diferencia de lo que muchos piensan, si no lo llenamos de la palabra de Dios y su presencia, lo estamos llenando de los deseos de la carne y del enemigo, lo que a su vez trae a nuestras vidas un sinfín de efectos adversos y secundarios.
Algo que pienso a menudo es que el enemigo se encarga de llevar a alguien a fallar de una y mil formas; en ese momento parece bueno, parece que las cosas resultan, pero más adelante él mismo le habla a alguien más para destruir la vida de alguien, ese alguien que se dejó seducir por el pecado, y luego él se sienta a lo lejos a reírse de la situación de los demás.
Déjame decirte algo: si hoy no haces parte de la solución, estás haciendo parte del problema; si no estás siendo usado por Dios, lo estás siendo de aquel que solo desea destruirte, pero al final de cuentas, es responsabilidad de cada quien lo que trae a su vida; a todos nos corresponde dar cuenta de nuestros actos.
Oración
Amado Dios, hoy te pido que me ayudes a ver mi verdadera condición y a notar la necesidad que tengo de Ti. Tal vez en mi pensamiento mis actos sean los correctos o lógicos, pero más allá de dejarme llevar por mi pensamiento, quiero que sea tu Espíritu quien gobierne mi vida. Te entrego lo que soy, y te pido que me ayudes a ser parte de la solución; quiero que solo Tú seas quien dirija mi vida. Gracias por todas tus bendiciones. Amén.
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