Devocional diario: ha llegado el momento.

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Editado por: Manuel Monsalve

5–8 minutos

Basado en San Juan 12: 20-36

Contenido

  1. Texto de estudio
  2. Estudio
  3. Reflexión
  4. Llamado a la acción
  5. Oración

Texto de estudio

20 Algunos griegos que habían ido a Jerusalén para celebrar la Pascua 21 le hicieron una visita a Felipe, que era de Betsaida de Galilea. Le dijeron: «Señor, queremos conocer a Jesús». 22 Felipe se lo comentó a Andrés, y juntos fueron a preguntarle a Jesús.

23 Jesús respondió: «Ya ha llegado el momento para que el Hijo del Hombre entre en su gloria. 24 Les digo la verdad, el grano de trigo, a menos que sea sembrado en la tierra y muera, queda solo. Sin embargo, su muerte producirá muchos granos nuevos, una abundante cosecha de nuevas vidas. 25 Los que aman su vida en este mundo la perderán. Los que no le dan importancia a su vida en este mundo la conservarán por toda la eternidad. 26 Todo el que quiera servirme debe seguirme, porque mis siervos tienen que estar donde yo estoy. El Padre honrará a todo el que me sirva.

27 »Ahora mi alma está muy entristecida. ¿Acaso debería orar: “Padre, sálvame de esta hora”? ¡Pero esa es precisamente la razón por la que vine! 28 Padre, glorifica tu nombre».

Entonces habló una voz del cielo: «Ya he glorificado mi nombre y lo haré otra vez». 29 Al oír la voz, algunos de la multitud pensaron que era un trueno, mientras que otros decían que un ángel le había hablado.

30 Entonces Jesús les dijo: «La voz fue para beneficio de ustedes, no mío. 31 Ha llegado el tiempo de juzgar a este mundo, cuando Satanás—quien gobierna este mundo—será expulsado. 32 Y, cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí». 33 Con eso quería dar a entender de qué forma iba a morir.

34 La multitud respondió:

—Según entendimos de las Escrituras, el Mesías vivirá para siempre. ¿Cómo puedes decir, entonces, que el Hijo del Hombre va a morir? Además, ¿quién es este Hijo del Hombre?

35 Jesús contestó:

—Mi luz brillará para ustedes solo un poco más de tiempo. Caminen en la luz mientras puedan, para que la oscuridad no los tome por sorpresa, porque los que andan en la oscuridad no pueden ver adónde van. 36 Pongan su confianza en la luz mientras aún haya tiempo; entonces se convertirán en hijos de la luz.
Después de decir esas cosas, Jesús salió y desapareció de la vista de ellos.

San Juan 12: 20-36

Estudio

Los griegos aprovecharon que Jesús estaba en Jerusalén y quisieron visitarlo; querían hablar con Él, así que acudieron a los discípulos, quienes se lo hicieron saber a Jesús.

Jesús comprendió que la hora de ser glorificado había llegado, el grano de trigo debía ser enterrado y morir, y Él era ese grano de trigo especial y perfectamente seleccionado para morir. De esa manera, al nacer nuevamente (resucitar), atraería a todos; solo entonces produciría muchos frutos. Su entrega voluntaria sería recompensada a través de cada vida que fuera salva por medio de su sacrificio. Nadie le estaba quitando ni le podía quitar la vida; Él, por su propia voluntad, la estaba entregando, pues tenía el permiso del Padre para entregarla y tomarla nuevamente.

El momento para ser entregado había llegado; su alma estaba entristecida. Podía pedirle al Padre que le evitara ese sufrimiento, pero de hacerlo no se cumpliría el único propósito por el cual había sido puesto como ese grano de trigo selecto. Jesús tenía muy claro a qué había venido y estaba dispuesto a llevar a cabo la obra que le había sido encomendada.

La voz del cielo sonó para los que allí estaban con Jesús, pero de los presentes ninguno pudo comprender lo que el Padre había hablado; solo Jesús.

Había llegado el momento para que Satanás fuera expulsado y le fuera quitado el dominio que había adquirido en el huerto tras la desobediencia de Adán y Eva. ¿Cómo se le quitaría ese dominio? A través de la muerte de Jesús. Tras su muerte, el acta con todos los decretos que tenía en sus manos y que le daban el derecho legal para actuar en contra de la humanidad le sería anulada; ya no tendría validez, aunque la tuviera en sus manos.

Los presentes no entendían sus palabras, pues ellos comprendían que el Mesías viviría para siempre, pero Jesús les hablaba de morir. Ellos no sabían ni podían creer que Él resucitaría.

Allí estaba la luz, y aún estaría por un poco de tiempo. Mientras estuviera esa luz, podrían caminar seguros; esa era su invitación: a caminar mientras esa luz estuviera presente, de esa manera lo harían seguros y sin temor a tropiezos.

Reflexión

Su entrega era un gran ejemplo para sus discípulos, quienes tendrían que renunciar a su vida en algún momento. Y es que la tendencia natural de todo ser humano, es más, podríamos decir que de todo ser vivo, es proteger nuestra vida. Pero Jesús nos enseña que si mantenemos esta actitud siempre, no daremos el fruto que Él quiere que logremos. Debemos amar a Jesús más que a nuestra propia vida. Él nos ha dado un ejemplo; Él nos amó más a nosotros que a su propia vida, por eso la entregó, para que nosotros pudiéramos tener esa salvación. El propósito del Señor es que donde Él esté, nosotros estemos con Él.

Cuando la Palabra del Señor nos es enseñada por el mismo Señor de la palabra, es probable que haya cosas que no comprendamos, así como los presentes en este pasaje de la escritura. Pero lo verdaderamente importante es entender que si el anhelo de nuestro corazón es conocer a Jesús, tendremos que dedicar tiempo para oírle, y aunque muchas de las cosas que nos enseñe sean de difícil comprensión, Él sabrá la forma como ayudarnos para que lo entendamos.

Su propósito es que nosotros seamos salvos, y que  estemos dispuestos a entregar nuestra vida de ser necesario. Que así como el gran grano de trigo selecto tuvo que morir y ser enterrado para dar mucho fruto, nosotros también estemos dispuestos a morir para dar mucho fruto.

Lo que es nacido de la carne, carne es, pero lo que es nacido del Espíritu, Espíritu es.

Llamado a la acción

Si verdaderamente amamos a Dios, y aceptamos el sacrificio de su hijo Jesús, es necesario que seamos conscientes de la necesidad tan grande que existe de escucharle diariamente, no puede ser algo que dejemos para después, debe ser algo que realmente nos identifique.

Jesús nos enseña a través de este pasaje, que para poder entender la voz de Dios, se requiere práctica, por eso nadie más entendió las palabras del Señor, solo aquel que tenia como costumbre pasar horas en el monte, hablando con Dios, y conociendo su proposito.

Procuremos diligentemente adoptar esta costumbre en nuestras vidas, realmente Dios desea que apartemos ese tiempo de nuestra agenda para hablar con nosotros, que lo hagamos de manera voluntaria, que vayamos delante de Él con un corazón sincero, y podamos de esta manera encontrar la luz que llene nuestra vida.

Oración

Padre, ayúdame a lidiar con el doble ánimo, tu palabra dice que aquel que tiene esa característica es inconstante en todos sus caminos, pero cuando veo tu ejemplo, veo que tu propósito fue uno, y en ese mismo caminaste hasta lograrlo. Yo, como tu hijo, quiero poder replicar esa característica; ayúdame a adoptar esta costumbre de acercarme a ti todos los días, para entender cuál es tu voluntad para mi vida y lo que quieres enseñarme. Gracias, Jesús. Amén.

Posdata

Nos encantaría saber qué otras perlas de sabiduría te lanzó el Señor a través de este devocional, ¡compártelo con nosotros! Estamos más atentos que un gato frente a un puntero láser, listos para aprender y, de paso, ¡bendecir nuestras vidas con tu experiencia!


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