Devocional diario: Jesús lava los pies de sus discipulos.

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Editado por: Manuel Monsalve

6–8 minutos

Basado en San Juan capitulo 13:1-17

Contenido

  1. Texto de estudio
  2. Estudio
  3. Reflexión
  4. Llamado a la acción
  5. Oración

Texto de estudio

1 Se acercaba la fiesta de la Pascua. Jesús sabía que le había llegado la hora de abandonar este mundo para volver al Padre. Y habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.

2 Llegó la hora de la cena. El diablo ya había incitado a Judas Iscariote, hijo de Simón, para que traicionara a Jesús. 3 Sabía Jesús que el Padre había puesto todas las cosas bajo su dominio, y que había salido de Dios y a él volvía; 4 así que se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura. 5 Luego echó agua en un recipiente y comenzó a lavarles los pies a sus discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura.

6 Cuando llegó a Simón Pedro, este dijo:

—¿Y tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?

7 —Ahora no entiendes lo que estoy haciendo —respondió Jesús—, pero lo entenderás más tarde.

8 —¡No! —protestó Pedro—. ¡Jamás me lavarás los pies!

Jesús contestó:

—Si no te los lavo, no tendrás parte conmigo.

9 Simón Pedro dijo:

—Entonces, Señor, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!

10 —El que ya se ha bañado no necesita lavarse más que los pies —le contestó Jesús—; pues ya todo su cuerpo está limpio. Y ustedes ya están limpios, aunque no todos.

11 Jesús sabía quién lo iba a traicionar y por eso dijo que no todos estaban limpios.

12 Cuando terminó de lavarles los pies, se puso el manto y volvió a su lugar. Entonces les dijo:

—¿Entienden lo que he hecho con ustedes? 13 Ustedes me llaman Maestro y Señor y dicen bien, porque lo soy. 14 Pues, si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. 15 Les he puesto el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes. 16 Les aseguro que ningún siervo es más que su amo y ningún mensajero es más que el que lo envió. 17 ¿Entienden esto? Dichosos serán si lo ponen en práctica.

San Juan 13: 1 – 17

Estudio

El gran momento para el cual había venido Jesús a la tierra se aproximaba, y no era algo sencillo; sería puesto en manos de pecadores. Los líderes judíos, religiosos, maestros de la ley y sacerdotes, entre otros, habían anhelado y planificado aquella idea, ese momento tan esperado; su sed por quitarlo de en medio sería saciada. En medio de ese mundo de oscuridad también se encontraban sus discípulos, a quienes, después de haber estado con ellos por alrededor de tres años, había aprendido a amar día tras día. Aunque ellos habían sido advertidos sobre lo que estaba cerca de suceder, todavía no lo comprendían con claridad.

Satanás, por su parte, ya había invitado a Judas para traicionar al Señor; aprovechó esa gran debilidad que había en su corazón, ¿cuál? «Su amor por el dinero». Y Satanás aprovechó esa brecha para entrar en él y usarlo como instrumento para traicionar a su Señor.

Jesús, por su parte, comprendía que el Padre había dispuesto todas las cosas, y así como las había dispuesto, sucederían. Venía del Padre y al Padre regresaría.

Había una gran enseñanza que sus amados discípulos tenían que recibir y poner en práctica, y se dispuso a darles, como siempre, el mejor de los ejemplos: «el Servicio entre ellos». Este servicio sería, entre ellos, un instrumento que Dios usaría para bendecirles en los momentos que vivirían después, y a su vez, sería una señal de hermandad que tendrían para mostrar al mundo el verdadero amor.

Para ello, tomó agua y con su propia toalla se dispuso a lavar los pies de cada uno de los discípulos. Allí estaba Judas Iscariote, y a él también le lavó los pies, enseñándonos con esta acción que aún a aquellos que puedan hacernos daño, también debemos servir, sin objetar, aunque sus hechos a nuestros ojos sean reprochables. Si verdaderamente somos discípulos del Señor, les serviremos, porque esta acción demuestra que verdaderamente el amor a Dios y a nuestros semejantes; solo alguien que ama verdaderamente podrá servir a aquel que le traiciona.

Allí entre sus discípulos estaba Pedro, quien observaba lo que su Señor hacía, y no le parecía correcto, si sus demás discípulos no decían nada, él si lo haría ya que no estaba dispuesto a dejarse lavar los pies de su Señor, esto era algo que le pareció absurdo, y no comprendía porque su Señor lo hacía, de manera que al llegar su momento efectivamente refutó diciendo: ¿tu me lavarás los pies a mi?

Si Pedro, es necesario que lo haga, y aunque en este momento no lo entiendas, lo vas a comprender después; su respuesta fue enfática: No señor, jamás me lavarás los pies.

Pedro no pidió una explicación por aquel acto del Señor, solo se limitó a decir lo que pensaba acerca de lo que su Señor estaba haciendo y, por supuesto, no lo compartía.

La respuesta del Señor a Pedro no se hizo esperar: si no te lavo los pies, Pedro, entonces no tendrás parte

Reflexión

La respuesta de Pedro ante la manera de proceder de Jesús es un espejo que nos deja ver nuestro proceder ante las cosas que vivimos a lo largo de nuestra vida cristiana. Somos muy tentados a cuestionar lo que Dios hace, ya sea en nosotros o en otros, y aunque no comprendemos lo que Él hace, aún así damos nuestro punto de vista, como si fuera necesario hacerlo.

¿Cuántas cosas ha hecho Dios que a nosotros no nos parecen? Quizás muchas, ¿verdad? Somos tan semejantes a Pedro, ¿verdad? Pero es necesario, y de no ser así no tendremos parte con Él. Y aunque muchas veces no aprobemos la forma en que Dios actúa, es necesario, Él no nos preguntará si estamos de acuerdo para hacerlo; simplemente lo hace, dándonos así el ejemplo de cómo debemos nosotros proceder con nuestros semejantes. Aún así, entre ellos hay muchos Judas Iscariotes.

Es lo que Jesús nos pide que hagamos, y no solo una vez, sino las veces que sea necesario. Han sido muy grandes nuestros pecados delante de Dios; ese pecado nos hacía indignos de su amor. Aún así, Jesús estuvo y está dispuesto a lavar nuestros pies, a servirnos, a perdonarnos.

¿Por qué? Porque nos ama y su amor por nosotros es más grande que cualquier ofensa que nosotros hayamos realizado. De la misma manera, debemos nosotros proceder; no podemos pretender amar a Dios y vivir con un corazón herido y endurecido por las ofensas que otros nos han hecho. Recuerda: si nosotros no perdonamos a los que nos ofenden, Él tampoco podrá perdonar nuestros pecados.

Llamado a la acción

¿Estás dispuesto a lavar los pies de aquel que te ha hecho daño, que te ha ofendido profundamente, que te ha traicionado, sin objetar? Anhelo que la respuesta a esta pregunta haya sido un sí rotundo, porque eso refleja lo que verdaderamente hay en nuestro corazón, pues si bien algunos de nosotros pensamos que muchos utilizan el nombre de Dios para sus intereses particulares, nosotros somos iguales cuando no conocemos su palabra, sino que solo la usamos para nuestro bien. Hoy procuremos hacer lo que Jesús hizo a sus discípulos, quien tuvo un gesto de amabilidad infinita con todos sus discípulos, aun cuando conocía que uno lo iba a vender y otros a negar; por lo tanto, hace que todo esto sea una característica más de lo que Jesús quería enseñarnos.

Oración

Amado Dios, te entrego mi corazón y mis resentimientos. Ayúdame a entregar todos mis problemas y cosas que me atan a este tipo de sentimientos para dejarlos de lado. Ayúdame a ser humilde, servir a mis prójimos y agradarte de todas las maneras posibles. Por favor, trata con mi corazón, para que aprenda a reflejar verdaderamente tu imagen, en el nombre de Jesús. Amén.


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