Editado por: Manuel Monsalve
Basado en San Juan 13:31-38
Contenido
Texto de estudio
En cuanto Judas salió del lugar, Jesús dijo: «Ha llegado el momento para que el Hijo del Hombre entre en su gloria y, por causa de él, Dios será glorificado. 32 Y dado que Dios recibe gloria a causa del Hijo, le dará su propia gloria al Hijo, y lo hará de inmediato. 33 Mis queridos hijos, voy a estar con ustedes solo un poco más de tiempo. Y, como les dije a los líderes judíos, ustedes me buscarán, pero no pueden ir adonde yo voy. 34 Así que ahora les doy un nuevo mandamiento: ámense unos a otros. Tal como yo los he amado, ustedes deben amarse unos a otros. 35 El amor que tengan unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos».
San Juan 13: 31-38
36 Simón Pedro le preguntó:
—Señor, ¿adónde vas?
Y Jesús contestó:
—Ahora no puedes venir conmigo, pero me seguirás después.
37 —¿Pero por qué no puedo ir ahora, Señor?—le preguntó—. Estoy dispuesto a morir por ti.
38 —¿Morir por mí?—le contestó Jesús—. Pedro, te digo la verdad, mañana por la mañana, antes de que cante el gallo, negarás tres veces que me conoces.
Estudio
El gran momento, por el cual había venido Jesús a la tierra, había llegado, y con este momento también se intensificaba la angustia.
El Padre sería glorificado a través de este sacrificio, al igual que lo sería el Hijo, tomar la copa en sus manos era más sencillo que beber de ella, y aunque quisiera haber podido evitarlo, su amor por cada uno de nosotros fue más grande, el dolor el sufrimiento, la angustia, la aflicción, la agonía, sería intensas pero mayor sería el gozo que produciría en su alma la salvación de miles y miles.
Cómo un buen Padre Jesús seguía dando recomendaciones, estaba muy cerca su momento crucial, de manera que se aseguraba de que sus discípulos entendieran lo que debían hacer cuando ya él no estuviera presente de forma humana, y esa voluntad era que se mantuvieran unidos en amor, ese amor sería testimonio y una señal de que verdaderamente eran sus discípulos para los que les rodearan.
Hoy día la humanidad carece de amor, la iglesia carece de amor verdadero, por esta razón se hace más difícil vivir en unidad, lo que más resalta es el individualismo, muchos solo se interesan por sus propios intereses olvidando el mandato del Señor; aún dentro de las iglesias, aún en los ministerios hay rivalidad, división, contienda, celos, sin darnos cuenta de que el enemigo es experto en dividir y que somos cartas leídas
Si el pueblo de Dios no refleja el amor, unidad y misericordia, será más difícil que la gente crea en el evangelio.
Martha Parra
Pedro quería saber a dónde iría Jesús, quería ir con él, pero eso era imposible en ese momento, ya que Pedro ignoraba todo lo que estaba a punto de suceder horas más tarde. Dentro de su corazón se sentía seguro de su amor por el Señor, así que no dudó en expresarle lo que sentía, pero la respuesta del Señor no se hizo esperar. Aunque Pedro se sentía confiado, negaría tres veces que conocía a Jesús, antes de que el gallo cantara.
Esta declaración debió sorprender a Pedro, ¿cómo podría decir Jesús eso? Pensaría Pedro, pero lo cierto es que en sus pensamientos Pedro estaba dispuesto a dar su vida de ser necesario, y en efecto lo haría, pero no en ese momento.
A partir de que Judas sale de aquel lugar y se interna en las tinieblas de la noche, comenzó la crucifixión de Jesús.
El Señor le revela a Pedro lo que haría más tarde, a pesar de amarle como decía amarle y de estar dispuesto a dar su vida por Jesús.
Estoy segura de que muchos de nosotros hemos tenido la actitud de Pedro no solo una vez, sino muchas veces, y es que aunque amamos a Jesús y amamos su bendita Palabra y no quisiéramos fallarle, sino dar lo mejor de nosotros en cada acción para mostrarlo a Él con nuestros actos, también han sido muchas las veces en que le hemos negado, y cuando logramos ser conscientes de ese acto, viene el dolor.
Reflexión
Imagino que Pedro no creería que negaría al Señor, ¿cómo podría Jesús, su Señor, decir eso? Pensaría, llevaba tres años a su lado, siguiéndole a todas partes, había aprendido a amarle y ahora estaba dispuesto a morir por él de ser necesario, ¿en qué momento le negaría? Muchas cosas pudieron pasar por la mente de Pedro tras la respuesta del Señor, lo cierto es que por un instante Pedro olvidó quién era Jesús.
Nuestro corazón nos engaña tan fácilmente. La palabra de Dios dice que más engañoso que todas las cosas es el corazón.
¿Tremendo, verdad? Y aún así hay muchas personas, y aún nosotros mismos muchas veces decimos «haga lo que le diga su corazón», pero si es el más engañoso, ¿cómo puedo confiar que lo que me dice es lo más apropiado? Ese fue el caso de Pedro, dijo lo que sintió en su corazón, pero Jesús le exhortó que no sería así.
La palabra también dice: Hijo mío, dame tu corazón, y es que ahí está la clave. Este corazón necesita que Jesús lo cambie, por eso debo entregárselo. Solo alguien como Jesús y el Espíritu Santo podría transformar este corazón en uno nuevo que haga la voluntad de Dios. Tal como el corazón de Jesús, que no se dejó llevar por lo que pudiera sentir en ese momento, sino que prefirió obedecer al Padre a pesar de lo que pudiera sentir.

Una de las mayores demostraciones de que somos hijos de Dios y verdaderos discípulos de Jesús es el amor; ese amor debe ser más grande que cualquier otro sentimiento.
Amar a Jesús en nuestras fuerzas puede parecer fácil, pero lo cierto es que no es así. Todo lo que hacemos en nuestras fuerzas nos desgasta, nos debilita, pero lo que hacemos guiados por el Espíritu Santo nos lleva a la victoria.
Para vivir una vida cristiana de bendición que glorifique el nombre del Señor, se requiere que estemos llenos del Espíritu Santo; sin Él, nada es posible. «Alejados de mí, nada podéis hacer», dijo el Señor.
Jesús mismo, para desarrollar su ministerio, necesitó estar lleno del Espíritu Santo. Para llegar a la cruz, necesitó al Espíritu Santo. Dependió de Él para todo; aunque era el Hijo de Dios, Dios mismo en forma humana, aún así dependió totalmente del Espíritu Santo. Jesús no comenzó su ministerio antes de ser bautizado y de estar lleno del Espíritu de Dios; no le vemos haciendo milagros ni predicando antes de esa llenura celestial; la Biblia no lo registra.
Ya había sido sembrado en la tierra este precioso grano de trigo selecto; ahora era tiempo de morir, y aunque había en su corazón angustia y hubiese querido evitar ese sufrimiento, no lo hizo, sino que, lleno del Espíritu Santo, tomó nuevas fuerzas y siguió adelante con su misión.
Muchas veces hemos escuchado personas que, al igual que Pedro, dicen amarnos entrañablemente y que morirán si no estamos a su lado; más aún así nos engañan, nos niegan y mienten, ¿verdad? Nuestra pregunta en esos momentos es: ¿por qué?
La respuesta es sencilla: esas personas no están llenas del Espíritu Santo; por eso, aunque nos aman, no pueden superar las fuerzas de su débil naturaleza humana y, por esa razón, al estar de frente a las tentaciones que son sus propias debilidades, caen en pecado, causándonos así un gran dolor. Y si nosotros, los que hemos sido heridos, no estamos llenos del Espíritu Santo, también se nos hará muy difícil perdonar sus pecados, sus ofensas; y aunque no nos alejemos de ellos y decidamos permanecer a su lado dando otra oportunidad, nos quedamos con un corazón herido, resentido, ofendido, y esa falta de perdón hace que nuestro corazón se vuelva insensible. Y si nos alejamos, lo hacemos llevándonos ese dolor, ese odio, ese resentimiento, esa tristeza, haciéndonos amargados y desconfiados.
Es por ello que se necesita buscar intensamente la llenura del Espíritu Santo, esta maravillosa persona que está dispuesta a morar en las vidas de los que abren su corazón a Jesús.
Llamado a la acción
Es momento de empezar a practicar el amor, este que sobrepasa toda la lógica y que está unido al sentimiento puro y verdadero que proviene de Dios. Es necesario que lo hagamos para transformar el mundo; no obstante, este amor no debe ser algo emocional y temporal, debe ser una práctica de uso continuo, de tal manera que se encuentre alineado con nuestro ADN. Así podremos evidenciar las bendiciones de Dios en nuestras vidas.
Oración
Dios, hoy te pido que guíes mis pasos para llegar a ser aquel hombre o mujer que deseas, que tu reflejo sea en mí, de tal forma que aquellos que están próximos a mí, puedan ver tu luz en mi vida. No quiero actuar de manera insensata; quiero demostrar el amor que tú eres hacia todos, en el nombre de Jesús. Amén.
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