Editado por: Manuel Monsalve
Basado en San Juan capítulo 14:15-31
Contenido
Texto de estudio
15 »Si me aman, obedezcan mis mandamientos. 16 Y yo le pediré al Padre, y él les dará otro Abogado Defensor, quien estará con ustedes para siempre. 17 Me refiero al Espíritu Santo, quien guía a toda verdad. El mundo no puede recibirlo porque no lo busca ni lo reconoce; pero ustedes sí lo conocen, porque ahora él vive con ustedes y después estará en ustedes. 18 No los abandonaré como a huérfanos; vendré a ustedes. 19 Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán. Dado que yo vivo, ustedes también vivirán. 20 Cuando yo vuelva a la vida, ustedes sabrán que estoy en mi Padre y que ustedes están en mí, y yo, en ustedes. 21 Los que aceptan mis mandamientos y los obedecen son los que me aman. Y, porque me aman a mí, mi Padre los amará a ellos. Y yo los amaré y me daré a conocer a cada uno de ellos.
San Juan 14: 15 – 31
22 Judas (no Judas Iscariote, sino el otro discípulo con el mismo nombre) le dijo:
—Señor, ¿por qué te darás a conocer solo a nosotros y no al mundo en general?
23 Jesús contestó:
—Todos los que me aman harán lo que yo diga. Mi Padre los amará, y vendremos para vivir con cada uno de ellos. 24 El que no me ama no me obedece. Y recuerden, mis palabras no son mías; lo que les hablo proviene del Padre, quien me envió. 25 Les digo estas cosas ahora, mientras todavía estoy con ustedes. 26 Sin embargo, cuando el Padre envíe al Abogado Defensor como mi representante—es decir, al Espíritu Santo—, él les enseñará todo y les recordará cada cosa que les he dicho.
27 »Les dejo un regalo: paz en la mente y en el corazón. Y la paz que yo doy es un regalo que el mundo no puede dar. Así que no se angustien ni tengan miedo. 28 Recuerden lo que les dije: me voy, pero volveré a ustedes. Si de veras me amaran, se alegrarían de que voy al Padre, quien es más importante que yo. 29 Les he dicho estas cosas antes de que sucedan para que, cuando sucedan, ustedes crean.
30 »No me queda mucho tiempo para hablar con ustedes, porque se acerca el que gobierna este mundo. Él no tiene ningún poder sobre mí, 31 pero haré lo que el Padre me manda, para que el mundo sepa que amo al Padre. Vamos, salgamos de aquí.
Estudio
Seguidamente de aquella declaración, Jesús le dice a sus discípulos: «si me aman, guarden mis mandamientos» estas palabras de Jesús, tienen demasiada trascendencia, primero hay un si condicional, lo cual hace que las dos acciones que se relacionan después, se liguen de manera directa, un verbo «amor» es una acto reflejo de lo que hay en nuestro corazón, el otro «guarden» es el reflejo del amor en nuestro interior, indicando así que las manera de expresar el amor hacia el Padre, es guardando sus mandamientos, si los discípulos expresaban amor hacia su Señor debían entonces reflejar ese sentimiento a través de sus acciones.
Guardar sus mandamientos no era otra cosa que tener presente en todo momento las enseñanzas recibidas por parte de su Señor y actuar acorde a esa enseñanzas, si lo hacían de esa manera entonces le amaban porque verdaderamente.
Él Prometió que enviaría al abogado defensor, una persona que estaría con nosotros para ayudarnos, a quién el mundo no conocía porque no creía en Él, esa persona maravillosa era su Santo Espíritu.
Prometió estar con nosotros, que no estaríamos huérfanos, vendría junto con el Padre a morar, habitar, vivir, dentro de nosotros, puesto que si le amamos como Él quiere que le amenos, obedeciendo sus mandamientos, entonces se daría a conocer a cada uno de nosotros.
El que me ama obedecerá mis mandamientos, dijo Jesús, estará donde yo esté, vendremos y haremos morada en él, y si él lo prometió, él lo cumple, también nos dejó un regalo y es su Paz, esa paz que tanto necesitamos y que el mundo no puede dar.
Cuando amamos de la manera que aquel Jesús nos enseñó a amar, aún en la más tenebrosa tormenta podemos disfrutar de esa paz maravillosa que nos regaló, aún en medio de las lágrimas podemos sentir su Paz que nos abraza y nos dice no Temas yo te ayudo.
Reflexión
Si nos preguntamos hoy ¿Amo a Dios verdaderamente?, quizás la respuesta sea «!Sí! Por supuesto» y realmente es lo que seguramente deseamos responder, pero si es así, mi forma de actuar debe ser acorde con lo que Él enseña a través de su palabra; es ella el mandamiento que debemos cumplir. Vamos a traer un gran ejemplo para transmitir la idea de una mejor manera: Cuando nos vemos enfrentados a momentos en los cuales es puesto a prueba nuestro amor, ¿lo hemos hecho verdaderamente?
En la parábola del buen samaritano encontramos un ejemplo muy claro acerca de esta clase de amor a Dios, aquel que se expresa a través de un acto.

El buen samaritano acude a socorrer a alguien que no conoce, sin importar si lo que sucedió es culpa de este hombre o no lo es. Este samaritano se detiene, limpia sus heridas, le sube en su propia cabalgadura, le lleva al mesón, allí paga a alguien para que le cuide y si el trabajo realizado supera el valor que ha pagado, se compromete a pagar el excedente a su regreso. Jesús dijo que eso debíamos hacer nosotros con nuestros semejantes.
Podríamos quizás decir que no podemos pasarnos la vida siendo misericordiosos con quién no se lo merece; seguramente si nos detenemos a mirar quién merece o no nuestra compasión para luego actuar, muy seguramente no haríamos ningún acto de misericordia en la vida, ni siquiera con nosotros mismos, porque todos seríamos culpables o inmerecedores de esa bondad.
Eso fue lo que hizo Jesús; nosotros no merecíamos esa misericordia, estábamos condenados a morir por nuestros delitos y pecados, sin importar si nuestros pecados eran grandes (según nuestra opinión) o pequeños; ese pecado nos separaba del amor de Dios y nos condenaba a una eternidad sin Él. No obstante, así Cristo tomó nuestro lugar, lavó nuestras heridas con su propia sangre, las desinfectó, luego nos subió a su cabalgadura y nos llevó al mesón para ser atendidos, haciéndose cargo de todos los gastos que esto pudiera representar. Si Jesús se hubiera detenido a mirar si merecíamos o no esa misericordia, no lo hubiese hecho porque no lo merecíamos, ¿verdad?
Pero aún sin merecerlo lo hizo, demostrando así lo inmenso que es su amor y lo importantes que somos para Él. Lo amamos porque Él nos amó primero, y así como Él nos ama, con esa clase de amor, Él espera que nosotros amemos a nuestros semejantes. Después de todo, sus mandamientos solo fueron dos: amen a Dios por sobre todas las cosas y amen a su prójimo como a sí mismos.
He vivido momentos tan difíciles en los cuales me veo enfrentada a odiar a quienes me han herido, y créeme, en esos momentos no quisiera perdonarles; pero al reflexionar que Jesús estuvo dispuesto a tomar mi lugar y a morir por mí, esa rabia que puedo estar sintiendo se disipa, y no puedo hacer más que llorar y decirle a Dios: Señor, yo los perdono, no porque lo merezcan, sino porque Te amo y Tú no me has enseñado a odiar, sino a perdonar, y no solo perdonar una vez, Padre, sino hasta setenta veces siete.
El mundo no comprenderá esa clase de amor y te juzgará por proceder de esa manera, pero recuerda que nosotros no estamos para obedecer y agradar a los hombres, sino además su palabra me dice que si no perdono a los hombres sus ofensas, Dios tampoco podrá perdonar las mías, y yo quiero que ante mis ofensas, que son muchas y a diario, Él tenga misericordia. Entonces, yo también debo tener misericordia de aquel que me ha ofendido.
En nuestras propias fuerzas, tener esta clase de amor es imposible. Para ello necesitamos al abogado defensor que Jesús prometió enviar; solo con su ayuda podremos amar de la manera que Dios nos pide amar. Jesús dijo que todo el que le amara debería hacer lo que Él hizo. Jesús lavó los pies de Judas aún sabiendo lo que haría, que le traicionaría; lavó los pies de Pedro aún sabiendo que le negaría; lavó los pies de Tomás aún sabiendo que no creía en Él. ¿Por qué lo hizo? Porque nos estaba dando el ejemplo de que así como Él actuaba quería que nosotros actuáramos, y era esa clase de amor la que sería un testimonio para el mundo de que verdaderamente éramos sus hijos.
Llamado a la acción
Sé que no es tan fácil amar como Jesús quiere que amemos, no es fácil amar a quien nos ha herido, ofendido y dañado, ya sea personalmente o familiarmente, y es ahí donde se pone a prueba nuestro carácter. Es fácil odiar a quien nos agravia, desearle lo peor, y quizás lo merezca porque sus actos pueden haber sido aberrantes, pero precisamente es en esos momentos donde debo sacar del buen depósito de la palabra de Dios que mora en mi corazón y por un momento determinar si ante esa situación que estoy enfrentando debo proceder como todos los que no conocen a Dios lo harían, o cómo Jesús me pide que lo haga.
De nuestra determinación, que es una acción, dependerá si amo o no verdaderamente a Dios. Fueron las palabras de Jesús, no las de ningún líder de la época ni actual, sino de aquel que nos enseñó la virtud más importante para Él, el amor.
Hoy es tiempo de interiorizar y reflexionar si verdaderamente amamos a Dios, si nuestras acciones tras los momentos más difíciles de nuestra vida son acordes a su bendita palabra. ¿Te imaginas si todos amáramos a Dios y obedeciéramos sus mandamientos? El enemigo, o sea, Satanás vino para robar, matar y destruir, y empieza matando nuestra fe, nuestra esperanza, nuestros sueños, nuestro amor, robando nuestra paz, destruyendo nuestra vida, pero Jesús vino para que nosotros tengamos vida y no cualquier clase de vida, sino una vida abundante.
Si te has dispuesto a perdonar todo lo que te han hecho, el mundo te juzgará y hará escarnio de tu determinación, pero recuerda que no lo estás haciendo para agradar al mundo. Recuerda que el mundo pasa y con él sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios es el que vivirá para siempre. Lo estás haciendo porque amas a Dios y obedeces su palabra.
El mundo nos juzgará, pero Dios nos honrará y nos recompensará.
Oración
Padre, ayúdanos a amar, a aprender a hacerlo a tu manera. El mundo nos ha enseñado un concepto del amor muy diferente al que Tú nos muestras a través de tu palabra; aquel que Tú me demuestras con tus actos en realidad es mucho más grande que lo que hago a diario con quienes tengo cerca. Y, Dios, si eso hago con quienes veo, entonces, ¿qué se espera de mí cuando las cosas no estén bien? No quiero ser de los que se alejan de Ti porque solo están dispuestos a recibir bendiciones. Ayúdame, Señor, porque no es una tarea fácil, pero tengo tu ejemplo y tu Santo Espíritu que me guía y ayuda para lograrlo. Gracias, Jesús, porque no solo me pides hacer algo, sino que me das el camino para hacerlo. Te amo y agradezco por todo tu amor.
Deja un comentario