Editado por: Manuel Monsalve
Basado en San Juan capitulo 15:18-27
Contenido
Texto de estudio
18 »Si el mundo los aborrece, tengan presente que antes que a ustedes me aborreció a mí. 19 Si fueran del mundo, el mundo los amaría como a los suyos. Pero ustedes no son del mundo, sino que yo los he escogido de entre el mundo. Por eso el mundo los aborrece. 20 Recuerden lo que les dije: “Ningún siervo es más que su amo”. Si a mí me han perseguido, también a ustedes los perseguirán. Si han obedecido mis palabras, también obedecerán las de ustedes. 21 Los tratarán así por causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió. 22 Si yo no hubiera venido ni les hubiera hablado, no serían culpables de pecado. Pero ahora no tienen excusa por su pecado. 23 El que me aborrece a mí también aborrece a mi Padre. 24 Si yo no hubiera hecho entre ellos las obras que ningún otro antes ha realizado, no serían culpables de pecado. Pero ahora las han visto y, sin embargo, a mí y a mi Padre nos han aborrecido. 25 Pero esto sucede para que se cumpla lo que está escrito en la Ley de ellos: “Me odiaron sin motivo”.
San Juan 15: 18 – 27
26 »Cuando venga el Consolador que yo les enviaré de parte del Padre, el Espíritu de verdad que procede del Padre, él testificará acerca de mí. 27 Y también ustedes darán testimonio porque han estado conmigo desde el principio.
Estudio
Los discípulos se verían enfrentados a un mundo que les trataría con crueldad, sin compasión; por ello Jesús les advirtió que no se fijaran en ese odio, sino que tuvieran presente que antes de aborrecerles a ellos era a Dios mismo a quien habían aborrecido.
Así como ese mundo había rechazado al Dios de la palabra, a la misma palabra hecha hombre, de la misma manera aborrecerían la palabra de Dios, misma que predicarían los discípulos. No obstante, debían sobreponerse a todo esto y llevar las buenas nuevas de salvación, testificando que Jesucristo era y es el Hijo de Dios y que únicamente a través de Él hay perdón de pecados.
Ese odio era una demostración y confirmación de que los discípulos no pertenecían a ese mundo; de ese mundo habían sido tomados, al igual que Jesús tampoco pertenecía a ese mundo, sino que había sido puesto en ese mundo como un grano de trigo selecto para morir y así atraer hacia Él a todos los que le pertenecían. ¿Por qué el mundo no podría amarlos? Porque no pertenecían a él; el mundo solo ama a los que son suyos.
En muchas ocasiones, y sin darnos cuenta, actuamos de la misma manera que lo hace el mundo y seguramente nos preguntaremos: ¿Por qué lo hacemos?

La respuesta es sencilla: así se nos facilita amar únicamente a los que son como nosotros o piensan como nosotros, pero aquellos que no se comportan de la misma manera o piensan diferente y actúan diferente, tendemos a despreciarles. Cuando nos comportamos así, demostramos a través de ese desprecio que no conocemos a Dios ni le pertenecemos.
Los discípulos serían odiados, pero ellos no debían odiar, aunque el mundo no les aceptara. El odio es un sentimiento destructivo para quien lo posee; no permite reflexionar, solo nos conduce a actuar de formas muy equivocadas. El odio de los que no aprobaban la forma de proceder de Jesús les hizo llevarlo a la cruz.
Si Jesús hubiese actuado de la misma manera que aquella multitud que le despreciaba, no hubiese sido diferente a ellos, y si nosotros respondemos de la misma manera al que nos odia o nos aborrece, ¿qué diferencia entonces habría entre ellos y nosotros? Tenemos libertad para decidir si amar u odiar, pero recuerda que por nuestros actos seremos juzgados.
Ningún siervo sería mayor a su señor; si eso habían hecho con Jesús, quien era y es el Señor, también lo harían con los discípulos. Ellos no serían la excepción, al igual que nosotros tampoco lo somos, y la razón por la cual se comportaría el mundo de esa manera era simplemente porque no conocían a Jesús ni al Padre, tampoco al Espíritu Santo. Al igual que hoy día, todos aquellos que no conocen a Dios, odian y rechazan a los hijos de Dios.
¿Cuántas obras había realizado Jesús entre ellos? Innumerables, ¿verdad? Más aún así, no le recibían, le rechazaban, le odiaban y le despreciaban.

¿Cuántas obras ha hecho Dios entre nosotros? Muchas, ¿verdad? Son innumerables los milagros y los prodigios que ha hecho en medio de este mundo a través de sus hijos e hijas, y son muchos los que han venido a Jesús a través de esos milagros maravillosos. Pero aún así, hay miles que siguen despreciándole, rechazándole, negándole y odiándole, cumpliéndose así la profecía: «Me odiaron sin motivo».
¿Quién sería aquel que testificaría con veracidad acerca de Jesús? El Espíritu Santo, quien vendría a este mundo, y también sus discípulos porque le conocían, puesto que habían estado con Jesús desde el principio de su ministerio.
Hoy nosotros testificamos acerca de Jesús, aún sin haber estado allí presentes cuando él inició su ministerio. ¿Por qué lo hacemos? ¿Es válido nuestro testimonio? Por supuesto que lo es, porque su Santo Espíritu mora en nosotros y es Él quien testifica a nuestro espíritu. Por eso somos llamados hijos de Dios, y al ser el Espíritu de Dios quien testifica a nuestro espíritu, entonces nuestro testimonio es verídico.
Todo creyente pasará por el fuego del desprecio, al igual que Jesús y sus discípulos. Pero, aunque eso suceda, nosotros debemos responder a ese odio con amor, tal como lo hicieron los discípulos y como lo hizo Jesús, quien aún desde la agonía de su muerte en esa cruz pudo exclamar: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen».
Reflexión
Cuando Jesús murió por nuestros pecados lo hizo por amor, no existió un motivo más fuerte que este, esa fue siempre su enseñanza y su esencia, por eso fue reconocido, nunca uso la violencia contra alguien y tampoco odio a nadie, su ejemplo era el amor, no obstante eso fue motivo para que procuraran matarle, no porque Él fuera una amenaza directa, sino por aquello que representaba, era normal que el mundo cotidiano lo reconociera, pues sus actos eran bastante alejados de lo natural, algo así sorprende.
No existe mérito alguno en amar a aquellos que nos aman, o en estar con un amigo cuando todo sale bien; eso realmente lo hace cualquiera. La cuestión es amar a quien me maltrata, a quien procura mi caída, ayudarles, servirles; realmente es en la adversidad donde podemos demostrar que amamos a Dios cumpliendo sus mandamientos.
Llamado a la acción
Hoy vamos a enfocarnos en lo que es realmente importante, lo más natural es que el mundo no nos acepte, ya sea a nosotros mismos o a nuestra personalidad, o forma de pensar, y realmente eso es lo correcto, eso es lo que se espera de nosotros, pidamos a Dios sabiduría y fuerza para poder entender nuestra posición y procurar actuar de la manera correspondiente, esa es la mejor forma de testificar del Dios que servimos y amamos.
Oración
Señor Jesús, tu bendita palabra me enseña que el mundo me odiará sin motivo, así como lo hizo contigo. Ayúdame para corresponder a ese odio con amor, y si me maldicen, que yo les pueda bendecir, porque así quieres que me comporte. Perdóname si en muchas ocasiones solo he amado a los que piensan como yo, haciéndome así uno más del mundo y negándote a ti. En mis fuerzas no es fácil amar, pero hoy decido negarme a mí mismo y elijo obedecerte. Clamo a ti, Señor, para que tu Santo Espíritu me guíe a hacer lo correcto y de esa manera tu Santo nombre sea glorificado. Amén 🙏
Deja un comentario