Editado por: Manuel Monsalve
Basado en San Juan capitulo 17: 1-26
Contenido
Texto de estudio
1 Después de que Jesús dijo esto, dirigió la mirada al cielo y oró así:
San Juan 17: 1 – 26.
«Padre, ha llegado la hora, Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti, 2 ya que le has conferido autoridad sobre todo mortal para que él les conceda vida eterna a todos los que le has dado. 3 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado. 5 Y ahora, Padre, glorifícame en tu presencia con la gloria que tuve contigo antes de que el mundo existiera.
Jesús ora por sus discípulos
6 »A los que me diste del mundo les he revelado tu nombre. Eran tuyos; tú me los diste y ellos han obedecido tu palabra. 7 Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, 8 porque les he entregado las palabras que me diste y ellos las aceptaron; saben con certeza que salí de ti y han creído que tú me enviaste. 9 Ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los que me has dado porque son tuyos. 10 Todo lo que yo tengo es tuyo y todo lo que tú tienes es mío; y por medio de ellos he sido glorificado. 11 Ya no voy a estar por más tiempo en el mundo, pero ellos están todavía en el mundo y yo vuelvo a ti.
»Padre santo, protégelos con el poder de tu nombre, el nombre que me diste, para que sean uno, lo mismo que nosotros. 12 Mientras estaba con ellos, los protegía y los cuidaba mediante el nombre que me diste y ninguno se perdió sino aquel que eligió perderse, a fin de que se cumpliera la Escritura.
13 »Ahora vuelvo a ti, pero digo estas cosas mientras todavía estoy en el mundo, para que tengan mi alegría en plenitud. 14 Yo les he entregado tu palabra y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 15 No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno. 16 Ellos no son del mundo, como tampoco lo soy yo. 17 Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad. 18 Como tú me enviaste al mundo, yo los envío también al mundo. 19 Y por ellos me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.
Jesús ora por todos los creyentes
20 »No ruego solo por estos. Ruego también por los que han de creer en mí por el mensaje de ellos, 21 para que todos sean uno. Padre, así como tú estás en mí y yo en ti, permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. 22 Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno: 23 yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí.
24 »Padre, quiero que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy. Que vean mi gloria, la gloria que me has dado porque me amaste desde antes de la creación del mundo.
25 »Padre justo, aunque el mundo no te conoce, yo sí te conozco y estos reconocen que tú me enviaste. 26 Yo les he dado a conocer tu nombre y seguiré haciéndolo, para que el amor con que me has amado esté en ellos y yo mismo esté en ellos».
Estudio
Terminadas de dar las instrucciones a sus discípulos, el Señor mira al cielo y habla con el Padre; su petición inicial es ser glorificado para luego poder glorificar al Padre, de quien Él había recibido la autoridad sobre todo ser humano y para dar vida eterna a todos aquellos que le habían sido entregados. Esa vida eterna consistía en conocerle verdaderamente, ya que el Hijo había glorificado al Padre ¿cómo? Haciendo su voluntad y, ahora, le pedía poder disfrutar de la gloria que había tenido siempre desde la eternidad y que, por causa de su obra terrenal, le había sido quitada.
Como hijos de Dios, también hemos recibido del Padre autoridad terrenal y espiritual; a través de ella, el Padre es glorificado. Esto es completado cuando, al igual que Jesús, podamos decir: «he acabado la obra que me encomendaste». Esa obra consiste en predicar su palabra, para que las personas que el Padre añada a la iglesia le conozcan verdaderamente. Así como dijo al final de su ministerio el Apóstol Pablo: «He acabado la carrera». Nuestra vida tiene un propósito específico de parte de Dios; nuestro deber debe ser llevarlo a cabo, por esa razón existimos y debemos obedecer. Es importante reflexionar respecto a si lo estamos realizando; realmente, esa debería ser nuestra oración matutina.

En este modelo de oración encontramos el mejor de los ejemplos de cómo debemos orar, primeramente por nosotros, de manera personal. Creo que la mayoría de creyentes lo hacemos, pero no todos nos enfocamos en orar clamando a Dios para que llevemos a cabo la obra que el Padre nos ha encomendado. A veces, solo buscamos nuestro crecimiento personal y económico, y a eso limitamos nuestra oración, y no es que sea malo orar por estas peticiones; no obstante, no deben ser nuestro único objetivo.
Jesús también oró por sus discípulos, aquellos que el Padre le había entregado, a los cuales había formado; ahora estaban a punto de ser comisionados. A ellos se les había dado a conocer porque tenía certeza de que guardaban en su corazón todas sus enseñanzas; además, les había dado a conocer al Padre.
¿Qué pedía al Padre para ellos? Que les guardara, ya que se quedarían en este mundo y necesitarían su protección. Era consciente de que el Padre se los había entregado para una labor, la cual llevarían a cabo. Pedía que se mantuvieran en unidad entre ellos y con Dios; serían enviados a cumplir una labor, y necesitarían mantenerse en esa unidad con el Padre y entre ellos mismos; debido a esa unidad, el mundo creería.

Oró para que tuvieran alegría plena y fueran guardados de las asechanzas del maligno. Ellos no pertenecían al mundo, de la misma manera en que Jesús tampoco lo hacía, por lo tanto, requerían de esa protección para que el enemigo no les dañara.
Pedía que fueran santificados en la verdad de su palabra; al igual que Jesús, serían enviados y, a través de ellos, serían santificados y, a su vez, ellos mismos recibirían esa santificación.
También oró por todos los que creerían en él a través de los discípulos, o sea, cada uno de nosotros. ¿Qué pidió Jesús? Veamos:
Oró por la unidad de todos los creyentes con Dios y entre ellos mismos; esa perfecta unidad sería un testimonio al mundo de que pertenecían a Dios. Para que estuvieran donde Jesús estuviera y disfrutaran de su gloria. El mundo no conoce a Dios, pero ellos sí le conocían, dado que Jesús mismo se los había revelado y seguiría haciéndolo; de esa manera, el perfecto amor estaría en ellos y ellos en Dios.
Podemos entonces comprender por qué el enemigo siembra división en los hijos de Dios; si lo logra, la obra que Dios nos ha encomendado no se logrará.
Reflexión
Ahora preguntemos, ¿qué nos ha entregado Dios?
Quizás unos hijos, una pareja, una familia o unos amigos. La pregunta es, ¿estamos haciendo la labor que Dios nos encomendó con ellos? Al igual que Jesús y los discípulos, nosotros también tenemos una gran responsabilidad que cumplir y debemos esforzarnos por llevarla a cabo. Es nuestro deber orar para que ninguno de ellos se pierda; tenemos el ejemplo en Jesús y también en los apóstoles.
¿Cuál es nuestra manera de orar diariamente? Este esquema de oración fue una institución dada por Jesús mismo, el cual, como un Padre, enseñó a sus hijos a través del ejemplo, con la intención de que aprendiéramos por imitación. Si procuramos replicar el ejemplo de Jesús, podremos acercarnos más a Él.
Si Jesús oró por Él, cuánto más nosotros necesitamos hacerlo por nosotros mismos, siempre teniendo en cuenta que Él es Dios, que su voluntad es lo que nos da fuerza y aliento, y es quien siempre nos ayuda en cada situación. Si pedimos su dirección, seguramente la vamos a tener en nuestras vidas.
Llamado a la acción
Necesitamos ser más imitadores de Él, antes que de las conductas que la iglesia y el entorno quieren imponernos. Jesús no murió por una religión; Él lo hizo por cada uno de nosotros, con el fin de que pudiéramos acceder a la salvación que su muerte nos dio, con el fin de que pudiéramos ser verdaderamente salvos.
Oración
Padre bueno, ayúdame a llevar a cabo la labor que me has encomendado. Oro para que a través de esa labor tu nombre sea glorificado. Oro por los que me has dado y me darás; son tuyos. Ayúdame a que el trabajo que realice sea perfecto y que ninguno de ellos se pierda. También ruego por los que ellos habrán de alcanzar para que se mantengan en perfecta unidad y podamos todos estar contigo y disfrutar de tu gloria. Que el amor con el cual tú has amado a tu Hijo esté en cada uno de nosotros. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.
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