Devocional diario: La muerte de Jesús.

por

in

Editado por: Manuel Monsalve

6–8 minutos

Basado en San Juan capítulo 19:17-27

Contenido

  1. Texto de estudio
  2. Estudio
  3. Reflexión
  4. Llamado a la acción
  5. Oración

Texto de estudio

17 Jesús salió cargando su propia cruz hacia el lugar de la Calavera, que en hebreo se llama «Gólgota». 18 Allí lo crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en medio.

19 Pilato mandó que se pusiera sobre la cruz un letrero en el que estuviera escrito:

Jesús de nazaret, rey de los judíos.

20 Muchos de los judíos lo leyeron, porque el sitio en que crucificaron a Jesús estaba cerca de la ciudad. El letrero estaba escrito en hebreo, latín y griego.

21 —No escribas “rey de los judíos” —protestaron ante Pilato los jefes de los sacerdotes judíos—. Era él quien decía ser rey de los judíos.

22 —Lo que he escrito, escrito queda —contestó Pilato.

23 Cuando los soldados crucificaron a Jesús, tomaron su manto y lo partieron en cuatro partes, una para cada uno de ellos. Tomaron también la túnica, la cual no tenía costura, sino que era de una sola pieza, tejida de arriba abajo.

24 —No la dividamos —se dijeron unos a otros—. Echemos suertes para ver a quién le toca.

Y así lo hicieron los soldados. Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice:

«Se repartieron entre ellos mi manto
    y sobre mi ropa echaron suertes».

25 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la esposa de Cleofas, y María Magdalena. 26 Cuando Jesús vio a su madre y al discípulo a quien él amaba a su lado, dijo a su madre:

—Mujer, ahí tienes a tu hijo.

27 Luego dijo al discípulo:

—Ahí tienes a tu madre.

Y desde aquel momento ese discípulo la recibió en su casa.

San Juan 19: 17 – 27

Estudio

Jesús cargó aquella pesada cruz sobre sus hombros y espalda, luego de ser azotado por esos 39 latigazos que dejaron su espalda deshecha, llegó al lugar donde sería crucificado, en ese lugar también habían dos hombres que habían sido sentenciados a muerte por sus delitos, Jesús fue puesto en medio de ellos, como un criminal más al que había que ajusticiar.

Sobre su cruz fue puesto aquel letrero que tenía una descripción escrita en tres idiomas, hebreo, latín y griego, este decía: Jesús «Rey de los judíos» cabe resaltar que los tres idiomas que se mencionan, eran los cotidianos en la región para esa época, es decir, querían que todos pudieran leerlo.

Los principales sacerdotes objetaron por la afirmación de la frase, trataron de persuadir para que Pilato cambiara la descripción pero él respondió diciendo: «lo que he escrito, escrito queda»

Efectivamente, Pilato no supo que lo que había escrito no era otra cosa que lo que era Jesús, Rey de los judíos, eran ellos los judíos quienes no aceptaban esa verdad.

Lo que ha salido de la boca de Dios sobre cada uno de nosotros es lo que somos, aunque el mundo no lo acepte y quiera cambiar la descripción que Dios nos ha dado.

Sus ropas fueron puestas en juego al lanzamiento de unos dados, todo en cumplimiento a lo que ya había sido escrito.

Junto aquella cruz y con su corazón deshecho estaban sus más allegados, entre ellos María y Juan el discípulo amado. Aún en medio de ese sufrimiento Jesús pensó en su madre, y decidió que lo mejor era dejarla al cuidado de Juan, sabía que él cuidaría de ella con el amor que un buen hijo cuidaría de su ser querido, de la misma manera Juan se consolaría al tener junto a él aquella mujer que había significado tanto para Jesús, Juan sería un consuelo para María y María un consuelo para Juan, a pesar de que María tuviera más hijos, no la dejó al cuidado de ellos, pues Juan era más que un hermano y más que un hijo, era digno de confianza, así que en manos de él estaría mejor. La escritura no relata que Juan tuviera una madre, seguramente había anhelado tanto haberla tenido que al quedar sola María Jesús vio la maravillosa oportunidad de darle esa madre que Juan anhelaba tener y cuidar.

Reflexión

Esto nos enseña que al igual que todo lo sucedido con Jesús, su propósito al venir a esta tierra, fue predestinado desde la eternidad y todo se cumplió sin faltar nada de ello, de la misma manera nuestra vida no le toma por sorpresa, todo lo que somos y seremos está escrito desde la eternidad, antes de que existiéramos, nuestro destino ya estaba definido, vinimos a la tierra como ese plan perfecto del Dios, con una misión asignada por el Padre, y no nos iremos de esta tierra sin haber cumplido ese propósito, su palabra no vuelve a él vacía.

Nosotros hoy día seguramente tenemos unos padres que Dios nos ha entregado, y que al igual que Jesús nos preocupa su cuidado, por ello debemos esforzarnos por darles ese amor que merecen y necesitan, muchos hijos hoy día ya no tienen a sus padres y desearían con todo su ser tenerles y cuidarles, pero nosotros que posiblemente si les tenemos, seguramente no les apreciamos tanto como creemos, ¿cuántas veces pasa la semana y no nos comunicamos con ellos? ¿Sabemos que cosas pueden necesitar? ¿Habrán tenido necesidades que como hijos podríamos suplirles? Seguramente si verdad, pero no lo hicimos, eso refleja que nuestro corazón necesita aprender a ser un poco más agradecido con aquellos seres que cuando éramos apenas unos niños se preocuparon por nuestro bienestar y no escatimaron ni su tiempo, ni su vida, por darnos lo que en sus fuerzas podían, hoy es tiempo de que oremos a Dios y pidamos perdón por esa falta de gratitud, posiblemente tengas razones para no hacerlo porque quizás no fueron buenos padres, pero Jesús nos ha enseñado que debemos perdonar y amar a nuestros padres, si les honramos habrá una gran recompensa del cielo a nuestro favor.

Juan no refutó la asignación de Jesús, y la recibió como una madre, al igual María no refutó velar por Juan, sino que aceptó la asignación de su Señor, y recibió a su nuevo hijo.

Muchos hombres y mujeres recibieron de manos del Señor unos hijos para cuidar y velar por ellos, no eran sus hijos de sangre pero les cuidaron más que si lo fueran, estoy convencida que esos padres y madres tienen una corona de recompensa en el cielo esperándolos por esa maravillosa labor.

Juan no pidió una madre ni María un hijo, fue a Jesús a quien le plació entregárselas y tanto el uno como el otro fueron bendecidos.

Llamado a la acción

Procuremos con diligencia presentarnos delante de Dios como obreros que no tienen de que avergonzarse, dice la escritura, hoy a través de la lectura podemos comprender que existen muchas maneras de ofender a Dios, que al final terminan siendo cosas de las cuales nos avergonzamos, pues el pecado, siempre trae vergüenza consigo, aún cuando pidamos perdón a las personas o a Dios, si bien su amor es tan grande que siempre nos perdona, desde nuestro interior sale la vergüenza que nos llena, es por eso, que debemos identificar aquellas cosas que causan este tipo de situaciones, y realizar nuestro proceso de transformación, de tal manera que podamos ser renovados por completo, a través de la obra maravillosa del Espíritu Santo en nuestras vidas.

Oración

Padre bueno, gracias por todo ese sacrificio, que produjo mi libertad, gracias por ese propósito con el cual me creaste y me pusiste en esta tierra, gracias por las personas que escogiste para que me cuidarán y me ayudarán en mi formación, hoy comprendo que les debo gratitud, y que debo esforzarme por recompensar su esfuerzo, perdóname por mi ingratitud, seguramente han pasado necesidades y yo no lo he sabido porque no me comunico con ellos, perdóname, entiendo que si les honro seré bendecido, pero si no lo hago habrán consecuencias, ayúdame a ser más cercano a ellos, te lo pido en el nombre de Jesús.


Descubre más desde Manuel Monsalve

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


Deja un comentario