Devocional diario: Agua, sangre y vinagre.

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Editado por: Manuel Monsalve

6–8 minutos

Basado en San Juan capitulo 19:28-37

Contenido

  1. Texto de estudio
  2. Estudio
  3. Reflexión
  4. Llamado a la acción
  5. Oración

Texto de estudio

Después de esto, como Jesús sabía que ya todo había terminado y para que se cumpliera la Escritura, dijo: —Tengo sed. Había allí una vasija llena de vinagre; así que empaparon una esponja en el vinagre, la pusieron en una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Al probar Jesús el vinagre, dijo: —Todo se ha cumplido. Luego inclinó la cabeza y entregó el espíritu. Era el día de la preparación para la Pascua. Los judíos no querían que los cuerpos permanecieran en la cruz en sábado, por ser este un sábado muy solemne. Así que pidieron a Pilato ordenar que quebraran las piernas a los crucificados y bajaran sus cuerpos. Fueron entonces los soldados y quebraron las piernas al primer hombre que había sido crucificado con Jesús y luego al otro. Pero cuando se acercaron a Jesús y vieron que ya estaba muerto, no quebraron sus piernas, sino que uno de los soldados le abrió el costado con una lanza y al instante brotó sangre y agua. El que lo vio ha dado testimonio de ello y su testimonio es verídico. Él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Estas cosas sucedieron para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán ningún hueso» y como dice otra Escritura: «Mirarán al que han traspasado».

San Juan 19: 28 – 37

Estudio

Es sorprendente la obediencia de Jesús hacia su Padre, todo lo que le fue asignado para realizar en favor nuestro, lo hizo, sin faltar absolutamente nada de ello.

«Tengo sed» dijo el Señor; y no era para menos, cuántos líquidos había perdido su cuerpo, aún desde aquel huerto cuando en medio de su angustia, su sudor era como gotas de sangre 🩸 que caían la tierra, luego todo aquel sufrimiento causado por todo el maltrato y tortura hizo que su cuerpo perdiera muchos  líquidos, humanamente debía sentir demasiada sed, en medio de aquella agonía, los guardias al oírle, le acercaron vinagre, está era una bebida común entre los soldados, Jesús al probarla dijo: Todo se ha cumplido.

Efectivamente todo se cumplió de principio a fin, nada quedó inconcluso, este cierre evidenció el cumplimiento de las profecías en su vida y ministerio, seguidamente entregó su espíritu.

Se aproximaba el día de reposo, día solemne para los judíos, quienes se apresuraban a bajar los cuerpos de la cruz, de manera que para apresurar la muerte de los sentenciados procedían a quebrar sus piernas, cuando llegaron a Jesús, Él ya había muerto, también allí se cumplió lo escrito en el salmo 34:20 Él guarda todos sus huesos; ni uno de ellos será quebrantado».

Al no quebrar sus piernas, porque ya había muerto, el soldado clavó su lanza en el costado de Jesús, brotando agua y sangre, este fue en parte el último derramamiento de sangre, cumpliéndose de esta manera lo que dice la escritura, que entregó toda su sangre en redención por la humanidad, el agua representa en parte el lavamiento de la iglesia que nacería días después y la guía del Espíritu Santo. Esa herida en su costado puede representar en parte el dolor, el sufrimiento vivido por la redención de su amada, «La iglesia»

Redimir a su amada le causó un sufrimiento agobiante, una herida profunda que al ser lavada con su propia sangre mezclada con agua produjo el milagro de la vida.

Reflexión

Nadie pudo amarnos tanto como lo hizo Jesús. Hemos visto todo el sufrimiento que le causamos con nuestro pecado; su mayor gozo es ver al pecador arrepentirse y venir a él. Ese acto le indica que todo aquel sacrificio valió la pena, al punto que hay fiesta en el cielo cuando un pecador se arrepiente; hay gozo, alegría, regocijo, celebración 🥳🥳 cada vez que una persona decide voluntariamente pedir perdón y recibir a Jesús como su Señor y Salvador.

La actitud de los judíos me recuerda muchas cosas, en especial el panorama de muchas de las madres cristianas un domingo por la mañana, cuando sabemos que es hora de algo especial: ir a la casa del Señor a agradecer por todo cuanto ha hecho en nosotros, que a decir verdad es demasiado. No obstante, es muy fácil que, para que los hijos vayan, tenga que iniciar el día con un cóctel de sentimientos, mezclados por el enojo y el afán, porque lo importante es ir. Aquellos muchachos van a aquel tiempo, pero no sacan provecho alguno de hacerlo, pues al final de cuentas se necesita un corazón dispuesto para poder alcanzar la misericordia que transforma nuestra vida.

Es justamente este tipo de actitudes las que condujeron a que aquellos hombres tuvieran en sus manos al hijo de Dios y no le conocieran. Así también, nosotros no le conocemos, aun cuando nos reunamos cada domingo en la iglesia; eso no es garantía de nada. No podemos pretender que solo el hecho de cumplir algunas reglas, sin entregar el corazón, va a ser suficiente para que el Dios que con sus manos construyó el universo ponga su mirada en nosotros para amarnos y transformar nuestras vidas.

Llamado a la acción

Es tiempo de aceptar el sacrificio de Jesús en la cruz; su muerte no fue con el único objetivo de hacerlos salvos. Ese es el regalo más importante, pero no el único. Con su sacrificio, también quiso traer libertad a nuestras vidas y, a diferencia de lo que nosotros, como humanos, podemos pensar y conocer, el término libertad abarca muchas cosas más que solo las limitaciones físicas. Además, nos demostró el único camino posible hacia el Padre a través de su ejemplo: el amor, aquel que viene por conocerle a Él y poder aplicar en nuestras vidas aquello que nos enseña diariamente.

Durante una conversación el día de ayer, Dios me permitía compartir con uno de nuestros lectores la importancia de devolver amor a quienes nos hacen mal. Para el caso de ayer, tratábamos el tema del amor a los padres, entre otros, y hablando de este, podía aportar el concepto que Jesús nos enseñó cuando habló de amar a nuestros enemigos: «Cualquiera ama a quien le hace el bien, no hay esfuerzo en ello; el verdadero esfuerzo se encuentra en amar a aquel que nos hace mal». Esto podía transmitirlo. Dios espera que honremos a nuestros padres, especialmente cuando no lo merecen. Obedecerles y honrarles cuando hacen todo bien es sencillo, pero hacerlo cuando se equivocan no suele ser igual de fácil.

De la misma manera aplica para nuestros prójimos y para aquellos que nos hacen mal. Lo que Dios espera es que podamos demostrar que Él está con nosotros, y esto lo podemos hacer solo a través del perdón. Recordemos las palabras de Jesús: «Perdona nos, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden».

Oración

Señor Jesús, a lo largo de estos devocionales hemos visto y recordado todo lo que estuviste dispuesto a hacer para salvarnos; eso nos muestra lo valiosos e importantes que somos para ti. Muchas gracias, Padre. Te pedimos que nos ayudes a mantenernos firmes en nuestro propósito de seguirte y servirte, y que así como tú cumpliste el propósito del Padre, nosotros también podamos hacerlo sin que falte nada de ello. Ayúdanos también a amar como tú lo hiciste, que aun luego de haber sido despiadados contigo, tu oración a Dios fue que los perdonaras porque no sabían lo que hacían. Fue tanto tu amor que estabas dispuesto a eso por salvarnos; no solo no lo merecíamos, sino que además te habíamos dado mil motivos más para no hacerlo, pero tu amor los superó todos, y nos entregaste todo aquello que tenías dentro de tus planes. Ayúdanos a ser tu reflejo; queremos que seas tú dentro de nosotros. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.


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