Devocional diario: Jesús y sus discípulos.

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Editado por: Manuel Monsalve

5–7 minutos

Basado en San Juan 21: 1 – 14

Contenido

  1. Texto de estudio
  2. Estudio
  3. Reflexión
  4. Llamado a la acción
  5. Oración

Texto de estudio

Después de esto, Jesús se apareció otra vez a sus discípulos, a orillas del Lago de Tiberias. Sucedió de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, al que llamaban el Gemelo, Natanael, que era de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos de Jesús. Simón Pedro les dijo: —Voy a pescar. Ellos contestaron: —Nosotros también vamos contigo. Fueron, pues, y subieron a una barca; pero aquella noche no pescaron nada. Cuando comenzaba a amanecer, Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no sabían que era él. Jesús les preguntó: —Muchachos, ¿no tienen pescado? Ellos le contestaron: —No. Jesús les dijo: —Echen la red a la derecha de la barca, y pescaran. Así lo hicieron, y después no podían sacar la red por los muchos pescados que tenía. Entonces el discípulo a quien Jesús quería mucho, le dijo a Pedro: —¡Es el Señor! Apenas oyó Simón Pedro que era el Señor, se vistió, porque estaba sin ropa, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron a la playa con la barca, arrastrando la red llena de pescados, pues estaban a cien metros escasos de la orilla. Al bajar a tierra, encontraron un fuego encendido, con un pescado encima, y pan. Jesús les dijo: —Traigan algunos pescados de los que acaban de sacar. Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la playa la red llena de grandes pescados, ciento cincuenta y tres; y aunque eran tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: —Vengan a desayunarse. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían que era el Señor. Luego Jesús se acercó, tomó en sus manos el pan y se lo dio a ellos; y lo mismo hizo con el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de haber resucitado.

San Juan 21:1-14

Estudio

La vida continuaba, al igual que siempre. Luego de cada momento difícil, viene acompañado de un proceso de una estabilidad muy frágil. Cada quien trata de continuar con sus cosas como de costumbre; este era el estado de Pedro y de aquellos discípulos, seguramente tratando de continuar su vida, sin saber a ciencia cierta qué sería de ella.

Pescar era su trabajo antes de Jesús, y consideraron que, teniendo en cuenta que era una de las actividades con las que más se sentían familiarizados, ese sería su quehacer nuevamente. Allí estaban aquellos siete discípulos, tratando de continuar el proceso llamado vida.

No obstante, Jesús sí sabía qué planes tenía para ellos, y que las palabras del Padre no caerían a tierra vacías. Aquello que Dios había prometido tenía que cumplirse; por lo tanto, Él se encargó de continuar la obra, y llegó nuevamente hasta allí, ayudándoles en su dificultad.

Tal vez estaban muy familiarizados aquellos hombres con obedecer a un desconocido, o con que cosas sobrenaturales pasaran en sus vidas, pues aún sin conocer que se trataba de Jesús, hicieron caso, obedecieron y lanzaron la red. O tal vez ya no tenían nada que perder, sin su maestro, sin dirección ni rumbo fijo, cualquier horizonte parecía una solución. Realmente el estado de aquellos hombres en este momento era demasiado incierto.

Obedecieron y algo maravilloso sucedió. Dios había provisto el desayuno, y no algo pequeño o humilde, sino que les dio más de lo que ellos realmente necesitaban y buscaban. En este momento fue cuando identificaron que se trataba de Jesús, quien los invitó a saciar su hambre física, para luego ayudarles con el hambre que necesitaban saciar espiritualmente.

Reflexión

En muchas oportunidades caminamos por la vida de esta manera, sin un rumbo fijo, sin un norte claro, y solo continuamos con aquello que siempre hacemos, tal vez sea no volver a la iglesia a congregarnos, o a cualquier actividad que nos entretenga por un momento, mientras algo sucede, no sabemos qué, pero esperamos que algo suceda y nos dé un rumbo.

Al igual que los discípulos, hemos enfrentado este tipo de situaciones un sinnúmero de veces; tratamos de una u otra manera solo continuar, pues al final de cuentas, aunque muchas veces no queramos, la vida sigue, y es nuestro deber continuarla.

Los discípulos no habían olvidado a Jesús, pero ya no lo reconocían fácilmente; es normal que este tipo de situaciones nos sucedan, cuando dejamos de acercarnos a Dios, de buscarle verdaderamente. Seguro, cuando escuchamos hablar de Jesús, recordamos quién es, pero no vemos su mano poderosa sobre nosotros cada mañana, cada día, en cada situación.

Y es que el ser humano tiene la tendencia a olvidar aquello que deja de ver y contactar, es una cuestión natural; por ende, nuestro deber es el de mantener una vida que nos recuerde de quién somos hijos y cuál es nuestra identidad. La palabra de Dios menciona: «mis ovejas oyen mi voz y me siguen», y me pregunto, ¿será que si Jesús viene a mi puerta y me habla, podré reconocerle?

Naturalmente diría que sí; no obstante, siendo sincero conmigo mismo, pienso que dependería, en gran medida, de si estoy cerca de Dios o no, pues no podemos reconocer a Jesús cuando no nos relacionamos con Él por días. Por tal motivo, es demasiado importante poder acercarnos a Dios cada día; este devocional procura ser un recordatorio para ustedes al respecto.

Llamado a la acción

No podemos dejar de relacionarnos con Dios; cuando lo hacemos, perdemos la capacidad de reconocerle, y cuando dejamos de hacerlo, será difícil demostrar que somos parte de su rebaño. Nuestra vida carecerá de mucho sentido, por lo tanto, cualquier destino puede parecer tentador, no importa cuál, siempre y cuando haya algo. ¡Para allá vamos!

Es necesario que hoy nos determinemos a buscarle verdaderamente. Él prometió que dejaría con nosotros al Espíritu Santo, aquel que nos conduciría a toda verdad. Su presencia está con nosotros; si le buscamos verdaderamente, Él vendrá a nuestra vida para transformarla por completo y hacernos experimentar una vida llena de su presencia.

Por lo tanto en esta mañana, procura buscarle verdaderamente con todo el corazón, que sea Él quien dirija nuestro norte, que sea Él nuestro horizonte completo, porque sus planes son mucho más altos que los nuestros, y su voluntad es perfecta para nosotros.

Oración

Padre, tú conoces perfectamente que en muchas oportunidades mi norte se ha perdido, que mi rumbo no es claro. Quizá hoy mismo no sé hacia dónde debo dirigir mis pasos y mi mirada, pero te ruego, Dios, que me ayudes a confiar y que pueda aprender a caminar solo hacia el camino que lleva hacia donde tú estás. Dios, guíame, ayúdame a caminar firmemente en tu propósito, que ya no sea el mío, para que venga a ser el tuyo mi rumbo claro. Te lo pido, Señor, en el nombre de Jesús. Amén.


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