Editado por: Manuel Monsalve
Contenido
Texto de estudio
Los que estaban reunidos con Jesús, le preguntaron: —Señor, ¿vas a restablecer en este momento el reino de Israel? Jesús les contestó: —No les corresponde a ustedes conocer el día o el momento que el Padre ha fijado con su propia autoridad; pero cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, recibirán poder y saldrán a dar testimonio de mí, en Jerusalén, en toda la región de Judea y de Samaria, y hasta en las partes más lejanas de la tierra. Dicho esto, mientras ellos lo estaban mirando, Jesús fue levantado, y una nube lo envolvió y no lo volvieron a ver. Y mientras miraban fijamente al cielo, viendo cómo Jesús se alejaba, dos hombres vestidos de blanco se aparecieron junto a ellos y les dijeron: —Galileos, ¿por qué se han quedado mirando al cielo? Este mismo Jesús que estuvo entre ustedes y que ha sido llevado al cielo, vendrá otra vez de la misma manera que lo han visto irse allá.
Hechos 1:6-11
Estudio
Es muy apasionante, cuando sabes que Dios escucha tu oración. Esta conversación nos hace buscar conocer cosas más allá de lo que tal vez nos está dispuesto a ser revelado. Si bien, la pregunta de los discípulos fue inocente, pues seguramente no eran solo ellos quienes esperaban conocer respuesta de eso. Recordemos un poco el contexto de aquel momento.
Israel se encontraba bajo el dominio del Imperio Romano, es decir, estaban bajo el yugo de un tercero que intervenía como le placía en sus decisiones, debido al poder militar que tenían y aprovechándose de la fragilidad de Israel, puesto que no tenía ni Rey ni ejército y llevaba en ese estado más de cuatrocientos años.
Cualquiera, en su posición, preguntaría respecto a la libertad del pueblo de Israel. No obstante, Jesús no quería que ellos se interesaran por ello, puesto que tenían que comprender que solo el Padre, con su autoridad, era el encargado de elegir cómo haría para solucionar ese «problema» que más bien era una situación.
Por lo tanto, Jesús centra el pensamiento de aquellos hombres en descargarlo en la necesidad de buscar al Espíritu Santo, quien los empoderaría para realizar la tarea que en realidad les debía interesar, puesto que su misión realmente era la de proclamar la verdad de Jesús.
Estas fueron las últimas palabras de Jesús en la tierra. Les indicó su misión y se fue. Ellos quedaron sorprendidos, seguramente no podían creer lo que sus ojos podían ver, y recibieron un dato grandioso también: de la misma manera podrían verlo llegar en el momento indicado.
Reflexión
Nada de todo esto hubiera sucedido si ellos no se hubieran encontrado reunidos con el Maestro. Esto nos enseña que no importa lo que pensemos, lo que tengamos y vivamos; si nos reunimos con Dios, recibiremos esperanza. Grandes cosas tiene preparadas para nosotros, pero es nuestro deber buscarle, reunirnos con Él, para no perdernos de lo maravilloso.
¿Qué pasaría con aquellos discípulos que no estaban reunidos con Jesús en ese momento, ese día? Seguramente aquellos que lo vivieron se lo contaron, pero en realidad nunca va a ser igual vivir algo a escuchar lo que se siente. Así que se lo perdieron por no estar ahí. No podemos permitirnos perder los momentos maravillosos con Jesús solamente por hacer otras cosas.
Hace poco comprendí que no se trata solo de decir «Dios es primero», si no sacamos tiempo para Él; es nuestro deber buscarle. Si verdaderamente Él es primero, invertirás tiempo en buscarle: primero Dios que la comida, primero Dios que los quehaceres, primero Dios que el sueño. No obstante, es lo contrario lo que vemos cada día. Pensemos por un momento que aquello que nos impide sacar un rato para buscar a Dios está siendo más importante que Él, y eso, realmente, nunca va a salir bien.
Por otro lado, es importante tener en cuenta que no es nuestro papel conocer todo. Muchas veces Dios no responde a algo en específico no porque no sea el momento, sino que a veces lo hace porque no nos corresponde saberlo. Y debemos entenderlo. Tal vez nos desviemos durante el camino, y como yo, me detenga para preguntar y ver motos que sueño algún día tener. No obstante, mi misión en la vida no es conducir moto, y no digo que no pueda tenerla algún día, sino que tal vez no me corresponde saber su voluntad al respecto. Más bien, debo interesarme en buscar su presencia y amarle.
No podemos buscar a Dios por cumplir un propósito o meta. Él no es un genio de la lámpara, y no lo es porque no podemos pretender usar a Dios. Ese negocio no funciona con Él; tenemos que preocuparnos por buscar a Dios porque es lo que nuestra vida necesita y porque es lo que debemos hacer mientras vivamos.
Llamado a la acción
Hoy, dispongámonos a reunirnos con Jesús cada día, para no perdernos de todo aquello que tiene preparado para nosotros. En lugar de procurar nuestro propio bienestar, pensemos en cumplir el propósito de Dios en nuestra vida. Ser seguidor de Él es hacer lo que dijo Pablo: que cada día yo mengüe para que Él crezca. De esta manera podremos experimentar el verdadero valor de su salvación y libertad en nosotros, aún cuando taxativamente pensemos lo contrario. Su libertad no es la misma que nosotros pensamos, pues nuestro concepto se queda muy corto para lo que en realidad esta palabra significa.
Oración
Amado Dios, hoy dispongo mi corazón para que hagas en mi vida conforme a ti te agrade, según lo que tú desees. Me ofrezco como sacrificio vivo, no pretendiendo con eso ganarme algo, más bien haciéndolo porque me nace del corazón servirte. No puedo imaginar mi vida sin ti; no encuentro un sentido diferente a todo si no fuera por tu presencia en mi vida. Te agradezco y te doy mi vida entera, en el nombre de Jesús. Amén.
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