Editado por: Manuel Monsalve
Basado en Hechos 2: 14 – 41
Contenido
Texto de estudio
Entonces Pedro dio un paso adelante junto con los otros once apóstoles y gritó a la multitud: «¡Escuchen con atención, todos ustedes, compatriotas judíos y residentes de Jerusalén! No se equivoquen. 15 Estas personas no están borrachas, como algunos de ustedes suponen. Las nueve de la mañana es demasiado temprano para emborracharse. 16 No, lo que ustedes ven es lo que el profeta Joel predijo hace mucho tiempo:
Hechos 2: 14 – 41
17 “En los últimos días—dice Dios—,
derramaré mi Espíritu sobre toda la gente.
Sus hijos e hijas profetizarán.
Sus jóvenes tendrán visiones,
y sus ancianos tendrán sueños.
18 En esos días derramaré mi Espíritu
aun sobre mis siervos—hombres y mujeres por igual—
y profetizarán.
19 Y haré maravillas arriba en los cielos
y señales abajo en la tierra:
sangre, fuego y nubes de humo.
20 El sol se oscurecerá,
y la luna se pondrá roja como la sangre
antes de que llegue el grande y glorioso día del Señor.
21 Pero todo el que invoque el nombre del Señor
será salvo”.
22 »Pueblo de Israel, ¡escucha! Dios públicamente aprobó a Jesús de Nazaret al hacer milagros poderosos, maravillas y señales por medio de él, como ustedes bien saben; 23 pero Dios sabía lo que iba a suceder y su plan predeterminado se llevó a cabo cuando Jesús fue traicionado. Con la ayuda de gentiles sin ley, ustedes lo clavaron en la cruz y lo mataron; 24 pero Dios lo liberó de los terrores de la muerte y lo volvió a la vida, pues la muerte no pudo retenerlo bajo su dominio. 25 El rey David dijo lo siguiente acerca de él:
“Veo que el Señor siempre está conmigo.
No seré sacudido, porque él está aquí a mi lado.
26 ¡Con razón mi corazón está contento,
y mi lengua grita sus alabanzas!
Mi cuerpo descansa en esperanza.
27 Pues tú no dejarás mi alma entre los muertos
ni permitirás que tu Santo se pudra en la tumba.
28 Me has mostrado el camino de la vida
y me llenarás con la alegría de tu presencia”.
29 »Queridos hermanos, ¡piensen en esto! Pueden estar seguros de que el patriarca David no se refería a sí mismo, porque él murió, fue enterrado y su tumba está todavía aquí entre nosotros; 30 pero él era un profeta y sabía que Dios había prometido mediante un juramento que uno de los propios descendientes de David se sentaría en su trono. 31 David estaba mirando hacia el futuro y hablaba de la resurrección del Mesías. Él decía que Dios no lo dejaría entre los muertos ni permitiría que su cuerpo se pudriera en la tumba.
32 »Dios levantó a Jesús de los muertos y de esto todos nosotros somos testigos. 33 Ahora él ha sido exaltado al lugar de más alto honor en el cielo, a la derecha de Dios. Y el Padre, según lo había prometido, le dio el Espíritu Santo para que lo derramara sobre nosotros, tal como ustedes lo ven y lo oyen hoy. 34 Pues David nunca ascendió al cielo; sin embargo, dijo:
“El Señor le dijo a mi Señor:
‘Siéntate en el lugar de honor a mi derecha,
35 hasta que humille a tus enemigos
y los ponga por debajo de tus pies’”.
36 »Por lo tanto, que todos en Israel sepan sin lugar a dudas, que a este Jesús, a quien ustedes crucificaron, ¡Dios lo ha hecho tanto Señor como Mesías!».
37 Las palabras de Pedro traspasaron el corazón de ellos, quienes le dijeron a él y a los demás apóstoles:
—Hermanos, ¿qué debemos hacer?
38 Pedro contestó:
—Cada uno de ustedes debe arrepentirse de sus pecados y volver a Dios, y ser bautizado en el nombre de Jesucristo para el perdón de sus pecados. Entonces recibirán el regalo del Espíritu Santo. 39 Esta promesa es para ustedes, para sus hijos y para los que están lejos, es decir, para todos los que han sido llamados por el Señor nuestro Dios.
40 Entonces Pedro siguió predicando por largo rato, y les rogaba con insistencia a todos sus oyentes: «¡Sálvense de esta generación perversa!».
41 Los que creyeron lo que Pedro dijo fueron bautizados y sumados a la iglesia en ese mismo día, como tres mil en total.
Estudio
Luego de aquel empoderamiento de los discípulos, Pedro se levantó con poder y tomó la palabra para hablar a la multitud que estaba allí presente. Como algunos pensaban que lo que estaban viviendo era el resultado de la embriaguez, Pedro, con autoridad, habló a la multitud aclarándoles que lo que estaban evidenciando era lo profetizado por el profeta Joel años atrás, de cómo vendría la persona maravillosa del Espíritu Santo y llenaría de su poder a sus siervos, hombres y mujeres por igual.
Enseñándoles quién era el Señor Jesucristo, y cómo ellos, por ignorancia, habían crucificado y matado al Dios de la vida, al Salvador del mundo; pero que todo lo sucedido había sido permitido porque era el plan perfecto de salvación para redimir la humanidad, de manera que solo a través de la fe en el Hijo de Dios podrían ser salvos.
Aquella llenura gloriosa del Espíritu Santo en la vida de Pedro y de los demás discípulos le dio tanta autoridad como conocimiento y revelación de las Escrituras que, sin temor, pudo dar un discurso completo del propósito de Dios en la vida del hombre.
Al escuchar la multitud aquellas palabras cargadas de poder, y a través de ellas, el Espíritu Santo trajo convicción de pecado, justicia y juicio en la vida de los oyentes; ellos pudieron reconocer de qué forma habían pecado y arrepentirse. Querían y tenían la necesidad de buscar el perdón de Dios, por ello preguntaron a Pedro qué debían hacer.
Reflexión
Pedro pudo guiarlos al arrepentimiento y a la necesidad de ser bautizados en el nombre de Jesús.
Era necesario ese bautismo y que se hiciera en el nombre de Jesús porque era a ese Jesús a quien habían rechazado, puesto que muchos de ellos creían en el Padre pero no aceptaban al Hijo, de manera que para que Dios pudiera morar en sus vidas era necesario que aceptaran a Jesús como su Señor y Salvador; de esa manera, el Espíritu de Dios podría venir a morar en sus vidas.
Llamado a la acción
Hoy podemos ver que muchas personas creen en Dios Padre, pero no creen en el sacrificio de Jesús, por ello no lo aceptan como su único y suficiente Salvador, sin comprender que de esa manera cierran las puertas de su vida a la única oportunidad de salvación que existe. La palabra de Dios dice que el que no entra por la puerta es ladrón y salteador; de manera que para ir al reino de los cielos, la única forma es a través de Jesús. Y si Jesús es el dueño de nuestra vida y nuestro Señor y Salvador, entonces su Santo Espíritu vendrá a morar en nosotros y nos empoderará para ir a hacer la obra que Él nos ha encomendado.
Podemos ver entonces que los discípulos solo pudieron ser efectivos cuando vino sobre ellos el Espíritu Santo. Nosotros no podemos pensar en ser efectivos sin la llenura del Espíritu de Dios; pretender hacer su voluntad sin Él es fracasar ministerialmente.
Oración
Señor Jesús, hoy comprendo que necesito de la llenura de tu Santo Espíritu para poder testificar de tu amor en todo lugar. Perdóname si he querido hacer la obra en mis fuerzas; ayúdame, por favor, y lléname de tu Espíritu Santo para que, con su poder y su guía, yo pueda, como Pedro, levantarme con tu autoridad y testificar que solo en el nombre de Jesús hay salvación.
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