Editado por: Manuel Monsalve
Basado en Hechos Capítulo 3:12-26
Contenido

Texto de estudio
Al ver esto, Pedro dijo: «Pueblo de Israel, ¿por qué les sorprende lo que ha pasado? ¿Por qué nos miran como si, por nuestro propio poder o devoción, hubiéramos hecho caminar a este hombre? El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros antepasados, ha glorificado a su siervo Jesús. Ustedes lo entregaron y lo rechazaron ante Pilato, aunque este había decidido soltarlo. Rechazaron al Santo y Justo, y pidieron que se indultara a un asesino. Mataron al autor de la vida, pero Dios lo levantó de entre los muertos, y de eso nosotros somos testigos. Por la fe en el nombre de Jesús, él ha restablecido a este hombre a quien ustedes ven y conocen. Esta fe que viene por medio de Jesús lo ha sanado por completo, como les consta a ustedes. »Ahora bien, hermanos, yo sé que ustedes y sus dirigentes actuaron así por ignorancia. Pero de este modo Dios cumplió lo que de antemano había anunciado por medio de todos los profetas: que su Cristo tenía que padecer. Por tanto, para que sean borrados sus pecados, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios, a fin de que vengan tiempos de descanso de parte del Señor, enviándoles el Cristo que ya había sido preparado para ustedes, el cual es Jesús. Es necesario que él permanezca en el cielo hasta que llegue el tiempo de la restauración de todas las cosas, como Dios lo ha anunciado desde hace siglos por medio de sus santos profetas. Moisés dijo: “El Señor su Dios hará surgir para ustedes, de entre sus hermanos, a un profeta como yo; presten atención a todo lo que les diga. Porque quien no le preste oído será eliminado del pueblo”. »En efecto, a partir de Samuel todos los profetas han anunciado estos días. Ustedes, pues, son herederos de los profetas y del pacto que Dios estableció con sus antepasados al decirle a Abraham: “Todos los pueblos del mundo serán bendecidos por medio de tu descendencia”. Cuando Dios resucitó a su siervo, lo envió primero a ustedes para darles la bendición de que cada uno se convierta de sus maldades».
Hechos 3: 12 – 26
Estudio
Luego de lo sucedido con aquel hombre cojo, Pedro tiene la oportunidad de hablar al pueblo, quienes sorprendidos por lo sucedido no lograban entender como o porque había sucedido, no obstante, aquel hombre tenía muy claro que no quería que la gloria fuera suya, por lo tanto, aclara de manera enfática que él no tenia merito en lo sucedido, sino que más bien se dieran cuenta que aquel Jesús, que habían crucificado era quien verdaderamente tenía poder.
Ellos (Pablo y Juan) hubieran podido dejarse llevar por la adulación, no obstante, el Espíritu Santo ya había realizado una obra maravillosa en la vida de aquellos hombres, logrando de esta manera, que aquellos que estaban frente a la multitud siendo referencia, pudieran aprovechar el momento para predicar de quien verdaderamente merecía este espacio y admiración.
En medio de su intervención, Pedro menciona que aquel Jesús que murió crucificado por su causa, era el Cristo, aquel Mesías que se había prometido desde hace mucho tiempo atrás, desde el tiempo de los profetas, e incluso hace alusión a la palabra que recibió Abraham, en donde el Señor le dice que en él, serían benditas todas las naciones de la tierra.
Reflexión
Hoy día es común que cuando hablamos de eventos, en los cuales Dios elige en medio de su infinita voluntad, realizar milagros y demás, normalmente ponemos nuestra mirada en aquel que tenemos frente al cartel, el nombre de un predicador, suele resaltar aún más que el de aquel, que es responsable de los milagros.
Pero esa es nuestra naturaleza, así solemos ser, y así seguramente seguiremos siendo, tenemos la necesidad marcada de creer solo en aquello que nuestros ojos pueden ver, perdiendo de vista que lo que hoy conocemos fue formado de la nada, por aquello que no vemos, y que nosotros somos la obra de sus manos.
Es común que este tipo de situaciones sucedan, pero mis queridos lectores, Dios no espera nada a cambio de lo que hace, solamente si somos justos, es Él quien merece la honra, es Él quien verdaderamente merece ser alabado, pues fue su sacrificio en la cruz, lo que hace posible que hoy podamos presentarnos delante de su presencia como hijos.
No obstante, pueda que tal vez el lugar que tenemos en esta vida actualmente, es el de aquel que alguien mira para elogiar, por sus virtudes o proceder, y claro, no es que esforzarse por mantener la presencia de Dios en nuestras vidas no sea algo digno de admiración, puesto que realmente no es sencillo, sin embargo ese no debe ser nuestro propósito en realidad, no queremos títulos ni méritos, tan solo queremos que la gente conozca las obras maravillosas de Jesús.
Llamado a la acción
Hoy, deberíamos tomarnos un momento para agradecer verdaderamente a Dios por todos sus sacrificios, no continuar la vida como alguien que tiene en la vida lo que merece, pues en realidad, no merecemos nada, somos pecadores, y Dios Santo, lo último que merecemos es que nos escuche, pero no, Él quiso acercarnos para que lo conociéramos y fuéramos libres, no solo nos hizo libres, también nos alcanzó para hacer que nos enteráramos de ello.
Quizá veamos la vida cristiana como una vida llena de limitaciones, fronteras aburridas y nada más, y no es para menos. Para alguien que solo encuentra calma para sus temores a través del consumo del alcohol, enfrentar los temores, en sus cinco sentidos (sobrio), es algo que debe ser aterrador, o tal vez pensar en pasar horas orando, buscando la conexión con Dios nos parece una eternidad, cuando nuestro cerebro ha creado una adicción por la dopamina que se produce cuando scrollamos las redes en internet.
Así que tampoco podemos juzgar a los demás, pero lo que sí es cierto es que si a un alcohólico le quitas el alcohol, sufrirá, o a un adolescente o inclusive algún adulto le quitas las pantallas y redes por una semana, va a sufrir, pero con Jesús, nada ni nadie nos puede separar de su amor, por lo tanto, la dependencia a Él es el negocio más rentable para unos humanos que siempre necesitamos algo adicional a nosotros mismos para subsistir.
Oración
Amado Padre, hoy quiero agradecerte desde lo más profundo de mi corazón, por todas tus maravillas; Señor, tú eres el dueño de todo en este universo, y aún así, elegiste acercarte a mí, para extenderme tu misericordia, haciéndome no solo salvo, sino corriendo a contarme de ello, y lo peor, es que mi papel cuando viniste a la tierra fue el de acusador. En realidad, Señor, te agradezco por tanto amor, todo lo que has hecho es maravilloso; ayúdame, Señor, a poder conocerte verdaderamente, acercarme a Ti de la manera más pura, no con el propósito de conseguir un milagro, sino con la intención tierna y pura de conocerte verdaderamente.
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