Devocional diario: Pedro y Juan, ante el concilio.

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Editado por: Manuel Monsalve

6–9 minutos

Basado en Hechos 4:1-22

Contenido

  1. Texto de estudio
  2. Estudio
  3. Reflexión
  4. Llamado a la acción
  5. Oración
  6. Versículo destacado

Texto de estudio

Mientras Pedro y Juan le hablaban a la gente, se vieron enfrentados por los sacerdotes, el capitán de la guardia del templo y algunos de los saduceos. 2 Estos líderes estaban sumamente molestos porque Pedro y Juan enseñaban a la gente que hay resurrección de los muertos por medio de Jesús. 3 Los arrestaron y, como ya era de noche, los metieron en la cárcel hasta la mañana siguiente. 4 Pero muchos de los que habían oído el mensaje lo creyeron, así que el número de hombres creyentes ascendió a un total aproximado de cinco mil.

5 Al día siguiente, el Concilio—integrado por todos los gobernantes, ancianos y maestros de la ley religiosa—se reunió en Jerusalén. 6 El sumo sacerdote, Anás, estaba presente junto con Caifás, Juan, Alejandro y otros parientes del sumo sacerdote. 7 Hicieron entrar a los dos discípulos y les preguntaron:

—¿Con qué poder o en nombre de quién han hecho esto?

8 Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo:

—Gobernantes y ancianos de nuestro pueblo, 9 ¿nos interrogan hoy por haber hecho una buena obra a un lisiado? ¿Quieren saber cómo fue sanado? 10 Déjenme decirles claramente tanto a ustedes como a todo el pueblo de Israel que fue sanado por el poderoso nombre de Jesucristo de Nazaret, el hombre a quien ustedes crucificaron pero a quien Dios levantó de los muertos. 11 Pues es Jesús a quien se refieren las Escrituras cuando dicen:

“La piedra que ustedes, los constructores, rechazaron
    ahora se ha convertido en la piedra principal”.

12 ¡En ningún otro hay salvación! Dios no ha dado ningún otro nombre bajo el cielo, mediante el cual podamos ser salvos.

13 Los miembros del Concilio quedaron asombrados cuando vieron el valor de Pedro y de Juan, porque veían que eran hombres comunes sin ninguna preparación especial en las Escrituras. También los identificaron como hombres que habían estado con Jesús. 14 Sin embargo, dado que podían ver allí de pie entre ellos al hombre que había sido sanado, no hubo nada que el Concilio pudiera decir. 15 Así que les ordenaron a Pedro y a Juan que salieran de la sala del Concilio, y consultaron entre ellos.

16 «¿Qué debemos hacer con estos hombres?—se preguntaban unos a otros—. No podemos negar que han hecho una señal milagrosa, y todos en Jerusalén ya lo saben. 17 Así que para evitar que sigan divulgando su propaganda aún más, tenemos que advertirles que no vuelvan a hablar con nadie en el nombre de Jesús». 18 Entonces llamaron nuevamente a los apóstoles y les ordenaron que nunca más hablaran ni enseñaran en el nombre de Jesús.

19 Pero Pedro y Juan respondieron: «¿Acaso piensan que Dios quiere que los obedezcamos a ustedes en lugar de a él? 20 Nosotros no podemos dejar de hablar acerca de todo lo que hemos visto y oído».

21 Entonces el Concilio los amenazó aún más, pero finalmente los dejaron ir porque no sabían cómo castigarlos sin desatar un disturbio. Pues todos alababan a Dios 22 por esa señal milagrosa, la sanidad de un hombre que había estado lisiado por más de cuarenta años.

Hechos 4: 1 – 22

Estudio

Tras el milagro, las autoridades del Templo no se hicieron esperar, así que salieron y estaban muy molestos porque los discípulos enseñaban que había resurrección por medio de Jesús, y no era porque no creyeran en la resurrección sino que al oír que era en el Nombre de Jesús, les molestaba puesto que «ese Jesús» no había sido de su agrado ni aceptado por ellos, ya lo habían quitado de en medio y ahora los discípulos estaban llevando a la gente a tener fé en ese Nombre, eso era algo que no estaban dispuestos aceptar, y los arrestaron.

Pero la realidad es que los milagros en «ese Nombre» sucedían y allí estaba el que hasta apenas hacía unas horas había permanecido cojo por más de cuarenta años, así que lo primero que preguntaron a los discípulos fue que por qué poder o en nombre de quien habían realizado ese milagro.

Pedro lleno del Espíritu Santo procedió a poner en contexto a los oyentes, aprovechando nuevamente la oportunidad para hacer un discurso, y a través de el manifestar que no era que ellos tuvieran poderes especiales para realizar ese tipo de proezas, sino que a Jesús de Nazareth a quien ellos habían crucificado y matado, y al cual Dios había resucitado le había plácido darle la completa sanidad a ese hombre; era en Su Nombre y con su Poder que se realizaba esas sanidades, ese Jesús a quien todos ellos habían rechazado era el autor de aquella maravillosa sanidad.

Esto incomodo aún más a los dirigentes y les prohibieron volver hablar en «en ese Nombre» al escuchar tal cosa los discípulos respondieron que ellos estaban para obedecer a Dios antes que a ellos, y que era imposible dejar de hablar de aquellos que ellos habían visto y oído.

Tras aquella respuesta hubiesen querido aquellas autoridades haber podido castigar severamente a los discípulos pero no pudieron puesto que por el milagro realizado en aquel hombre Todos estaban sorprendidos y alababan a Dios por eso.

Aquel Jesús que había Sido rechazado, despreciado, crucificado y dado a muerte seguía ofreciendo sanidad, liberación, restauración a todos los que creían y tenían fe en su Nombre.

Reflexión

Pedro dejó muy en claro que si buscaban la salvación de sus almas, la obtendrían únicamente pidiéndole a Dios perdón por cada uno de sus pecados, y que solo en ese Nombre, Jesús de Nazareth, había salvación, porque no había otro nombre bajo el cielo dado a los hombres a través del cual pudieran ser salvos.

La dureza del corazón impide alegrarse de la bendición de otros; aquellos sacerdotes y líderes espirituales tenían tan endurecido su corazón que lo único que consideraban cierto era lo que ellos creían y opinaban. Su ego y altivez, y su miedo a perder la posición de autoridad que tenían en el pueblo, les impedían aceptar que estaban equivocados en sus convicciones. De esa forma, no entraban ellos al reino de los cielos ni dejaban entrar a los que sí querían.

La dureza del corazón impide que nos alegremos por la bendición que otros reciben. Preguntemos: ¿tengo yo endurecido mi corazón? Siendo hija o hijo de Dios, ¿tengo aún endurecido mi corazón? ¿Qué puede endurecer mi corazón? La falta de arrepentimiento, de perdón, el odio, la envidia, el orgullo, entre millones de pecados más. Por ello, somos insensibles ante la necesidad que tiene nuestro prójimo, pero aun así, con ese corazón endurecido, creemos amar a Dios y ser salvos.

Llamado a la acción

Cuando nuestra vida es guiada por el Espíritu Santo, nunca callaremos la verdad de que solo en Jesús hay salvación. Siempre habrá una oportunidad para llevar sanidad, liberación y restauración a una vida, hogar, familia, ciudad, etc.

Quizás hasta hoy no hayamos podido ver el poder de Dios obrar a través de nosotros; seguramente nos falta esa llenura del Espíritu, y aún somos más carnales que espirituales. Por lo tanto, aunque Dios mismo nos escogió para su reino, él seguirá trabajando en nosotros hasta que lleguemos a esa estatura del hombre perfecto, Jesús. Mientras tanto, sigamos orando, alimentándonos de su palabra; permitamos que el Espíritu Santo nos enseñe. No hay un mejor Pastor ni Maestro. De esa manera, su palabra echará raíces profundas dentro de nosotros y seremos como esos árboles plantados junto a la corriente de las aguas, que su hoja no cae y dan fruto en todo tiempo. Así como los discípulos, que ante las prisiones y castigos realizados por los dirigentes por predicar la palabra, no se entristecían ni dejaban de hacer la voluntad de Dios, sino que se gozaban de pasar por esos sufrimientos y alababan a Dios.

Oración

Amado Padre, te pido que me ayudes en este nuevo día, para poder ser tierra fértil, en la cual tu palabra pueda echar raíces profundas, y que de esta manera aquel árbol que estoy destinado a ser, un día surja, y que en todo tiempo pueda bendecir tu nombre. Dame de la pasión que tenían tus discípulos, para hablar con esa convicción de tu palabra, que no importe, Señor, nada más que cumplir con tu propósito, te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.

Versículo destacado


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