Editado por: Manuel Monsalve
Basado en Hechos 4: 23 – 31
Contenido
Texto de estudio
Pedro y Juan, ya puestos en libertad, fueron a reunirse con sus compañeros y les contaron todo lo que los jefes de los sacerdotes y los ancianos les habían dicho. Después de haberlos oído, todos juntos oraron a Dios, diciendo: «Señor, tú que hiciste el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, dijiste por medio del Espíritu Santo y por boca de nuestro patriarca David, tu siervo: “¿Por qué se alborotan los pueblos? ¿Por qué hacen planes sin sentido? Los reyes y gobernantes de la tierra se rebelan, y juntos conspiran contra el Señor y contra su escogido, el Mesías.” »Es un hecho que Herodes y Poncio Pilato se juntaron aquí, en esta ciudad, con los extranjeros y los israelitas, contra tu santo siervo Jesús, a quien escogiste como Mesías. De esta manera, ellos hicieron todo lo que tú en tus planes ya habías dispuesto que tenía que suceder. Ahora, Señor, fíjate en sus amenazas y concede a tus siervos que anuncien tu mensaje sin miedo. Muestra tu poder sanando a los enfermos y haciendo señales y milagros en el nombre de tu santo siervo Jesús.» Cuando acabaron de orar, el lugar donde estaban reunidos tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y anunciaban abiertamente el mensaje de Dios.
Hechos 4:23-31
Estudio
En el devocional anterior, hablamos de lo sucedido, cuando Pedro y Juan se presentaron ante el concilio, y entre lo que reflexionamos al respecto, concluíamos que Dios es perfecto utilizando cosas que se encuentran en nuestra contra y las convierte en armas poderosas en nuestras manos; ahora podemos ver la importancia de lo sucedido anteriormente.
Una vez libres, Pedro y Juan, buscaron reunirse nuevamente, pues nada de lo sucedido había generado el más mínimo temor en su corazón, ellos estaban confiados del poder del Señor, conocían que no existía nada que los pudiera separa de su infinito amor, por lo tanto ahí estaban nuevamente, haciendo eso que los maestros de la ley, consideraban erróneo.
Podemos ver además que cuando las cosas no estaban bien, aquella iglesia primitiva, oraba a Dios intensamente, sin remediar lo que sentían, es muy similar a lo que nosotros podemos hacer hoy día, abrir nuestro corazón a Dios de la manera más pura y real, podemos ver en su oración la libertad de su diálogo, no hablaban con mucho recelo, sino que lo hacían de manera libre, pues así lo habían aprendido de Jesús.
Una vez finalizada la oración, se puede evidenciar la respuesta del Señor, la tierra tembló, producto de la presencia del Espíritu de Dios allí, y todos estaban llenos de su Presencia, no solo eran ellos lo que se sentían libres en aquel lugar, sino que el Espíritu de Dios también lo estaba, se manifestaba de manera libre en aquellos que lo anhelaban, y por eso todos anunciaban de manera libre el mensaje de salvación.
Reflexión
La mejor manera de sentir libertad para hablar de Dios es estar lleno de la presencia de su Santo Espíritu. Él nos reconforta y guía para sentir aquello que necesitamos, y que de esta manera podamos disfrutar de hablar de Él. Hacerlo en nuestra fuerza es muy diferente, y el resultado no es el mismo.
No importa qué capacidad para comunicar tengas, o las cosas que agregues al mensaje para que llegue a los oyentes; realmente lo que hace que alguien escuche la palabra de Dios y la crea no es más que la presencia de Dios manifiesta a través de las palabras. Es su Espíritu el que habla al corazón de los oyentes y hace que ellos crean.
Al menos es así para el mensaje que viene alineado con la palabra, porque también es cierto que existen muchos falsos maestros en el camino, y estoy seguro de que ellos piensan que lo que hacen es lo correcto, así como los fariseos de la época de Jesús. En realidad, ellos justificaron todos sus actos en el pensamiento de que lo que hacían agradaba a Dios; por lo tanto, cualquiera que trate de transmitir el mensaje, pero que lo haga sin conocer al Consumador de la salvación, puede correr el riesgo de terminar enseñando algo que no es lo correcto.
Cuando hablamos a Dios con el corazón expuesto, de la manera más real, en intimidad verdaderamente (por ello es recomendable orar a tu Padre que está en lo secreto, para hacerlo en privado y puedas ser tú verdaderamente), Él responde. Lo hace siempre a su manera, pues esperar en Él no es esperar a que suceda lo que quiero; más bien se trata de entender qué es lo que Él quiere, pues Dios es Él.
Llamado a la acción
Siempre hemos tratado de seguir el ejemplo de la iglesia primitiva, después de todo, fue la institución que el mismo Jesús instauró en la tierra. Pero hacerlo no es algo sencillo, no solo porque no tengamos una referencia visual que nos guíe, ni tampoco hacemos parte de ella para poder decir que aprendemos cómo es hacerlo. No obstante, lo más difícil es que necesitamos mantenernos conectados con Jesús; era ese el secreto que ellos tenían y que les ayudaba a seguir adelante en cada paso.
Si ellos no supieran que Jesús estaba con ellos respaldándolas, seguramente no tendrían esa firmeza ante las circunstancias difíciles. Pedro conocía en gran medida cómo era Jesús, al menos cómo se enfrentaba a quienes se le oponían; eso hacía que él mantuviera el ímpetu en medio de las dificultades. Y conocía además que Jesús sanaba a los enfermos, él solo seguía su ejemplo. La invitación en este nuevo día y a través de este devocional no es otro diferente al de esforzarnos verdaderamente por conocer a nuestro Jesús. Se trata de preguntarnos hoy: ¿Y Él cómo actuaría o respondería a esto? Si conocemos la respuesta, pues sigamos sus pisadas, y si no la conocemos, pues busquémosle. De eso se trata ser un verdadero seguidor de Cristo.
Oración
Amado Padre, te ruego que seas tú quien guíe nuestros pasos, consolidando nuestro caminar en lo que verdaderamente tú has designado para nosotros. Queremos conocerte, amado Dios; queremos que verdaderamente sea tu mano sobre nosotros y no nuestra fuerza. Guíanos a través de este camino llamado vida. Te amamos, Jesús. Amén.
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