Editado por: Manuel Monsalve
Basado en Hechos 5: 1 – 11
Contenido
Texto de estudio
Pero hubo uno, llamado Ananías, que junto con Safira, su esposa, vendió un terreno. Este hombre, de común acuerdo con su esposa, se quedó con una parte del dinero y puso la otra parte a disposición de los apóstoles. Pedro le dijo: —Ananías, ¿por qué dejaste que Satanás te dominara y te hiciera mentir al Espíritu Santo quedándote con parte del dinero que te pagaron por el terreno? ¿Acaso no era tuyo el terreno? Y puesto que lo vendiste, ¿no era tuyo el dinero? ¿Por qué se te ocurrió hacer esto? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oír esto, Ananías cayó muerto. Y todos los que lo supieron se llenaron de miedo. Entonces vinieron unos jóvenes, envolvieron el cuerpo y se lo llevaron a enterrar. Unas tres horas después entró la esposa de Ananías, sin saber lo que había pasado. Pedro le preguntó: —Dime, ¿vendieron ustedes el terreno en el precio que han dicho? Ella contestó: —Sí, en ese precio. Pedro le dijo: —¿Por qué se pusieron ustedes de acuerdo para poner a prueba al Espíritu del Señor? Ahí vienen los que se llevaron a enterrar a tu esposo, y ahora te van a llevar también a ti. En ese mismo instante Safira cayó muerta a los pies de Pedro. Cuando entraron los jóvenes, la encontraron muerta, y se la llevaron a enterrar al lado de su esposo. Y todos los de la iglesia, y todos los que supieron estas cosas, se llenaron de miedo.
Hechos 5:1-11
Estudio
En esta oportunidad, Ananías y Safira eran miembros de la comunidad; ellos tenían una posesión la cual vendieron. No obstante, quisieron quedarse con una parte del dinero recolectado; para ello, solo dijeron que habían vendido la propiedad por un valor inferior y fingieron devoción, llevando al altar el dinero y haciendo creer a todos que habían hecho lo que correspondía como creyentes.
Para que todo funcionara, se pusieron de acuerdo respecto al precio que indicarían que ganaron por la venta del terreno, de tal manera que no habrían dudas respecto a la versión a la hora de entregar el dinero. El primero en ir ante los discípulos para dar lo correspondiente fue Ananías; se presentó delante de Pedro. Cuando llegó, le indicó a este que la venta se había consolidado y entregó la parte del dinero, indicando que era el valor por el cual se había vendido la propiedad.
Pedro, cuando recibió el dinero, también con este, recibió el mensaje de Dios quien le enseñó la verdad detrás de los hechos, por lo tanto, le dijo Pedro a Ananías, ¿acaso el terreno no era tuyo? no has mentido a los hombres, sino a Dios, al instante, aquel hombre cayo muerto, vinieron unos jóvenes, llevaron el cuerpo y lo enterraron.
Safira, al ver que pasaba el tiempo y su esposo no llegaba (seguramente) se acerco a donde se encontraba Pedro, al verla, el le preguntó ¿vendieron el terreno en el precio que dijeron? a lo que ella contesto que si, por cuanto hicieron eso, queriendo poner a prueba al Espíritu Santo, los hombres que llevaron enterrar a tu esposo, ahora te van a llevar a ti, y de inmediato cayó muerta.
Aquellos jóvenes, enterraron a Safira también, y la comunidad se mantenía atemorizada por las cosas que habían sucedido.
Reflexión
Confieso que la primera vez que leí esto en la Biblia, que fue hace mucho tiempo atrás, no logré entenderlo; me pareció un poco severo el castigo para aquella pareja. Al fin y al cabo, tal vez solo no querían aportar a la obra, y pues tampoco es que fuera una obligación, pero ellos lo hacen ver como si fuera así, y tal vez, hoy, mientras lees todo esto, no sé la vez número que sea para ti, piensas un poco similar.
De hecho, cuando comenzamos el estudio del libro de los Hechos, tenía celo de llegar a este punto, pero aquí estamos y la verdad es que ahora entiendo todo de una manera muy diferente. Puedo ver las cosas desde otra perspectiva, esto también alineado con el hecho de que ya soy un poco más adulto; además, soy padre y entiendo la relevancia que tiene el tema.
Dios no fue severo; en realidad, solo fue justo, pues aquellos miembros de la congregación tenían el temor a Dios un poco, no sé, tal vez torcido. Y bueno, hasta ahí no es problema. Lo que en realidad es problema es que Dios, en su palabra, menciona que «a los tibios vomitaré de mi boca», y esa misma era la situación de aquella pareja.
Pretendían hacer todo a la vez, pero nada de manera radical; es decir, realmente no querían dar, tal vez necesitaban el dinero, y muy seguramente esa necesidad del dinero estaba fundamentada en la falta de confianza en Dios. Pero por otro lado, ¿qué pensarían cuando se enteraran de que habían vendido el terreno pero no habían aportado a la obra, cuando era algo que a todos les nacía hacer? Entonces, pretendieron con sus actos fingir que estaban llenos del Espíritu Santo, pero se quedaron con una parte.
Naturalmente, Dios no puede ser engañado, y esto me hace pensar que muchas veces nosotros no somos fieles con aquello que nos corresponde. Dar o no dar no debe estar basado en lo que digan los demás, sino que debe hacerse porque nace del corazón, pues esta es la ofrenda que agrada a Dios. Porque Él, que es el dueño de la plata y el oro, en realidad no necesita nuestro dinero; lo que quiere a través de ello es que confiemos en Él, dejando de lado aquello que nos hace sentir seguros: «dinero», para depender plenamente de Él.
Llamado a la acción
No dejemos que el amor al dinero (que es la raíz de todos los males) llene nuestro corazón, es necesario que entendamos que nuestra confianza debe estar puesta en nuestro Padre, no en lo material o físico, porque en realidad, absolutamente todo, incluso la vida (lo cual depende de Él) se puede perder en un abrir y cerrar de ojos, pero a Dios no; Él es eterno y su amor debe llenarnos lo suficiente como para que cuando nos diga «Pedro, camina» podamos hacerlo sin titubear, porque esa es la voluntad de Dios, ese es su propósito; dio su vida por amor a nosotros, lo menos que podemos hacer es confiar en Él.
Oración
Amado Dios, hoy dispongo mi corazón una vez más delante de ti, te entrego Señor mi incredulidad, y te ruego que me enseñes a depender plenamente en ti. No quiero poner mi confianza en aquello material que me has dado, y si con ello puedo ayudar a alguien que verdaderamente lo necesite, pon el deseo en mi corazón para que lo haga con agrado. Dios, permíteme ser útil, yo quiero aprender a ser un instrumento en tus manos. Ya no quiero ser el incrédulo que no puede por un momento depender de ti. Señor, perdóname porque muy seguramente he sido tibio en algunas cosas; ayúdame a exponerme a tu fuego, en tu presencia, y poder crecer verdaderamente. Te lo pido en el nombre de tu hijo Jesús. Amén.
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