Editado por: Manuel Monsalve
Basado en Hechos 6: 8 – 15
Texto de estudio
8. Esteban, un hombre lleno de la gracia y del poder de Dios, hacía señales y milagros asombrosos entre la gente. 9 Cierto día, unos hombres de la sinagoga de los Esclavos Liberados—así la llamaban—comenzaron a debatir con él. Eran judíos de Cirene, Alejandría, Cilicia y de la provincia de Asia. 10 Ninguno de ellos podía hacerle frente a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba Esteban.
Hechos 6: 8 – 15
11 Entonces persuadieron a unos hombres para que dijeran mentiras acerca de Esteban. Ellos declararon: «Nosotros lo oímos blasfemar contra Moisés y hasta contra Dios». 12 Esto provocó a la gente, a los ancianos y a los maestros de la ley religiosa. Así que arrestaron a Esteban y lo llevaron ante el Concilio Supremo.
13 Los testigos mentirosos dijeron: «Este hombre siempre habla contra el santo templo y contra la ley de Moisés. 14 Lo hemos oído decir que ese tal Jesús de Nazaret destruirá el templo y cambiará las costumbres que Moisés nos transmitió».
15 En ese momento, todos los del Concilio Supremo fijaron la mirada en Esteban, porque su cara comenzó a brillar como la de un ángel
Estudio
Esteban fue uno de los siete hombres escogidos para el ministerio de la distribución diaria de las viudas, pero también era un hombre que predicaba la palabra de Dios, y era muy usado por Dios para realizar sanidades y milagros asombrosos entre el pueblo, de manera que gozaba de aprecio por la gente.
Pero, como era de esperarse, su ministerio causó envidia entre los religiosos de la época que querían callar esta obra. Así que, en una ocasión, cuando se encontraba predicando, comenzaron a refutar su enseñanza. Pero al ver que no podían hacerle frente al poder con que hablaba, entonces buscaron testigos falsos que le acusaran, diciendo que Esteban hablaba mal de Moisés y de la Ley.
Así que, al oír estos rumores, las autoridades se enojaron y le arrestaron. En el recinto fue expuesto su supuesto delito, pero los allí presentes, al fijarse en el rostro de Esteban, observaron un brillo resplandeciente que no era común en las personas, algo parecido al resplandor de un ángel.
Reflexión
La envidia y la religiosidad, al igual que la dureza del corazón, son muy nocivas en cualquier lugar. Vemos en este pasaje de la escritura que la labor de los discípulos provocó ese tipo de actitudes en aquellos que, lejos de servir a Dios, no encontraban la forma de quitar de en medio a estos discípulos, que para ellos representaban una amenaza. Y aunque venían las sanidades, las liberaciones y el poder de Dios a obrar en las personas y en ellos, aún así no aceptaban ni se arrepentían de sus pecados.
La maldad de sus corazones les llevo a idear con astucia un plan destructor para Esteban, así que contrataron falsos testigos que avisaran a Esteban de hablar cosas falsas en contra del Templo de la ley de Moisés y de Dios mismo. A pesar de ver su testimonio y su comportamiento entre el pueblo y la forma en que era usado por Dios, aquellas autoridades prefirieron darle credibilidad a las falsas acusaciones de aquellos hombres perversos.
Al ser arrestado Esteban y estando allí en aquel lugar donde estaba siendo juzgado, los presentes observaron su rostro y pudieron ver que en su rostro había un brillo especial; ese brillo era la misma presencia del Espíritu Santo en él, fortaleciéndole, acompañándole, guiándole para su defensa.
Hoy día, muchos siervos y siervas de Dios han pasado por el fuego de la calumnia; muchos de ellos han sido puestos en el escarnio público a causa de la obra perversa de Satanás, que no se detiene ante el avance de la obra de Dios.
Desafortunadamente, vivimos en medio de una sociedad que no teme a Dios, aunque dice creer en Él. El reino de los cielos sigue sufriendo violencia, pero sólo lo arrebatan los valientes; un valiente no se defiende ante las falsas acusaciones; un valiente confía en el poder de Dios y deja que sea Dios mismo quien le defienda, aunque eso signifique que llegará incluso a perder su vida.
Un valiente de Dios tiene claro que no pertenece a este mundo, que su ciudadanía es celestial y que Dios peleará por él. Ese fue el caso de Esteban, quien no refutó las falsas acusaciones, sino que, en lugar de eso, permitió que Dios mismo se encargara de su defensa.
Llamado a la acción
Este precioso pasaje de la escritura nos enseña cómo debemos comportarnos ante las falsas acusaciones que pueda levantar el enemigo contra nosotros, que toda defensa debemos dejarla a Dios, y esperar que sea él mismo quien se haga cargo del asunto.
Esteban no discutió con sus acusadores por tratar de defenderse o convencerles que era falso aquello que se decía de él; en cambio, al estar frente a las autoridades, fueron las mismas autoridades quienes vieron esa presencia de Dios en él, esa santidad a través del reflejo en su rostro.
Ni siquiera Esteban se dio cuenta de ese brillo especial, ese brillo producido por el gozo, la alabanza, la adoración y la acción de gracias que salían de su corazón para Dios. Esteban no acusaba a nadie ni se defendía; solo daba la gloria a Dios y perdonaba a sus acusadores, comprendía que se comportaba así porque no conocían a Dios verdaderamente, pero él sí le conocía, y lo que había aprendido de él era a perdonar, a no defenderse y a no prestarle más atención de la debida a las circunstancias, sino que sus ojos debían siempre estar fijos en Jesús. Esteban es un ejemplo hermoso de una vida consagrada a Dios; solo alguien lleno de Dios podrá actuar frente a sus enemigos como Jesús, y él lo hizo.
Oración
Amado Padre, gracias por tu Santo Espíritu. Te ruego que me llenes de él y que con mi proceder siempre pueda glorificar tu precioso nombre. Que siempre tenga un corazón perdonador para aquellos que me hacen daño o que me acusan falsamente. Ayúdame a amarlos y a verlos siempre como Tú los ves. Sé que tengo libertad para decidir si perdono o no, pero he decidido caminar de acuerdo y en obediencia a tu palabra. Sé que Tú me defiendes y me ayudas a seguir adelante. Padre, no les tomes en cuenta sus pecados. En el nombre de Jesús, amén.
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