Devocional diario: La palabra en Samaria.

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Editado por: Manuel Monsalve

6–9 minutos

Basado en Hechos 8: 4 – 25

Contenido

  1. Texto de estudio
  2. Estudio
  3. Reflexión
  4. Llamado a la acción
  5. Oración

Texto de estudio

Sin embargo, quienes tuvieron que dispersarse anunciaban la buena noticia por dondequiera que iban. Felipe, que era uno de ellos, se dirigió a la ciudad más importante de Samaria y comenzó a hablarles acerca de Cristo. La gente que se reunía escuchaba con atención lo que Felipe decía, pues veían las señales milagrosas que él hacía. Muchas personas que tenían espíritus impuros eran sanadas, y los espíritus salían de ellas gritando; también muchos paralíticos, o gente que no podía caminar bien era sanada. Por eso había una gran alegría en aquella ciudad. Allí había llegado antes un hombre llamado Simón, que practicaba la magia y asombraba a la gente de Samaria. Se hacía pasar por alguien muy importante. Todos, desde el más pequeño hasta el más grande, lo escuchaban atentamente y decían: «Este es “el gran poder de Dios”.» Y le hacían caso, porque con su magia los había engañado durante mucho tiempo. Pero cuando creyeron en la buena noticia que Felipe les anunciaba acerca del reino de Dios y de Jesucristo, tanto hombres como mujeres se bautizaron. Y hasta el mismo Simón creyó y se bautizó; y comenzó a acompañar a Felipe, admirado de los grandes milagros y señales que le veía hacer. Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén supieron que los de Samaria habían aceptado la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan. Al llegar, oraron por los creyentes de Samaria, para que recibieran el Espíritu Santo, porque el Espíritu Santo todavía no había venido sobre ninguno de ellos, y solamente se habían bautizado en el nombre del Señor Jesús. Entonces Pedro y Juan les impusieron las manos, y así recibieron el Espíritu Santo. Al ver Simón que el Espíritu Santo venía cuando los apóstoles imponían las manos sobre la gente, les ofreció dinero, y les dijo: —Denme también a mí ese poder, para que aquel a quien yo le imponga las manos reciba igualmente el Espíritu Santo. Pero Pedro le contestó: —¡Maldito seas tú y tu dinero, si crees que se puede comprar lo que es un don de Dios! Tú no eres de los nuestros, y no tienes derecho a recibir ese don, porque delante de Dios tu corazón no es recto. Arrepiéntete de esta maldad tuya, y ruega a Dios para ver si te perdona por pensar de esa manera. Lo que veo es que estás lleno de amargura, y que la maldad te tiene preso. Simón contestó: —Oren ustedes al Señor por mí, para que no me pase nada de esto que me han dicho. Después de dar testimonio y de comunicar la palabra del Señor en ese lugar, los apóstoles regresaron a Jerusalén; y en el camino iban anunciando la buena noticia en muchas de las aldeas de Samaria.

Hechos 8:4-25

Estudio

Aquello que para muchos, había sucedido y caído como un mal, empieza a dar buenos frutos; ahora el pueblo de Samaria estaba recibiendo la buena noticia de la salvación, porque aquellos que huyeron de forma natural del peligro, pues hay que tener en cuenta lo que dice la palabra en Proverbios.

El prudente ve el peligro y busca refugio; el inexperto sigue adelante y sufre las consecuencias.

Proverbios 22:3

Por lo tanto, el actuar de aquellos cristianos se basó en el sentimiento natural de prevención, y es que en esto muchas veces pecamos, pensando que el ser imprudente es una forma de fe, es decir, pensamos «yo me quedo aquí parado porque Dios cuida de mí» y es que sí, Dios cuida de nosotros, pero muchas veces ese cuidado se da, mostrándonos el peligro, para que de manera prudente nos movamos; podemos ver que la iglesia primitiva huyó, pero no dejó de predicar, no dejó de compartir, sino que más bien encontró la forma de hacerlo aún a través de la adversidad.

Felipe, aquel que había sido escogido para dar los alimentos unos capítulos atrás, seguía su caminar en el Señor, enseñando y haciendo muchas cosas que eran parte del propósito de Dios. A raíz de esto, muchos creyeron, y la ciudad se sentía alegre. Esto no se quedó ahí, sino que los comentarios comenzaron a expandirse por las regiones vecinas, hasta llegar a oídos de los discípulos, quienes fueron hasta Samaría para que aquellos creyentes recibieran al Espíritu Santo, algo que no se lograba a través del bautizo, sino que se requería de recibirlo de alguien que estuviera lleno de Él.

Podemos ver que, en medio de tantos creyentes, había alguien que tenía una intención equivocada respecto a lo que estaba sucediendo. Se acercó para pedir que le enseñaran a hacer aquello que los discípulos hacían, por lo que el mismo Espíritu Santo le mostró a Pedro la verdadera condición de aquel hombre, y le reprendieron de manera fuerte, indicándole que lo mejor que podía hacer era arrepentirse de su pensamiento, pues claramente era una conducta que realmente era y es reprochable.

Una vez cumplido su propósito en Samaria, los discípulos decidieron volver a su ciudad natal y donde estaban establecidos, el lugar en donde tenían asignado su ministerio. Lo hicieron, pero no perdieron la oportunidad que tuvieron durante el camino para compartir acerca del Señor.

Reflexión

Es necesario tener muy en cuenta que el propósito de Dios debe cumplirse por encima de nuestros deseos; no podemos pretender que lo que tenemos en mente sea más grande que aquello que Dios desea para nosotros. Más bien, debemos alinear nuestros sueños con los de Dios.

Podemos ver a través del ejemplo de la vida de Felipe que, en lugar de reclamarle a Dios por permitir la persecución o por tener que salir de la ciudad en la que se encontraba, se dedicó a compartir aquello que tenía en su corazón, las cosas que para él eran importantes transmitir y que los demás conocieran. Por ello, aceptó el reto de compartir a Jesús con aquellos que lo necesitaban.

Otro de los elementos muy destacables dentro de la lectura es el hecho de pensar que podemos dar algo (materialmente hablando) a cambio de la presencia de Dios. La verdad es que este tema es bastante largo; no obstante, seré breve. Una de las ventajas de que la salvación sea gratis es que quita de por medio el mérito y le agrega algo que es aún más importante: la misericordia. En realidad, es un regalo; así también la presencia del Espíritu Santo lo es.

Muchos creyentes hoy día consideran que podemos dar algo a cambio de la presencia de Dios. Piensan que si sacrifico algo, Dios lo tendrá en cuenta, pero la verdad es que Dios no quiere sacrificios ni obras de caridad, pues al final de cuentas, si haces algo así y lo haces como Dios quiere, el único que va a verse recompensado eres tú, no Él, y no es por deuda, sino porque el sentimiento correcto en el corazón produce satisfacción cuando materializamos el amor que llevamos dentro.

Por lo tanto, obtener al Espíritu de Dios en nuestras vidas no requiere que paguemos un valor monetario por ello, sino que requiere algo más económico, pero más difícil: la sinceridad, un cambio verdadero. Y déjame decirte algo, eso no llega de la noche a la mañana; eso se produce con tiempo y perseverancia, hasta que, en el momento que Él considera, viene y habita en una vida.

Llamado a la acción

No dejemos que nuestros pensamientos y deseos nos quiten el privilegio de conocer aquello que Dios ha preparado para nosotros, pues son pensamientos de bien y no de mal. Que hoy sea un día para poner nuestros planes en las manos de Dios, todos nuestros sueños, para que se hagan realidad en su debido momento y dentro de sus condiciones. Confiemos por un momento en su dirección para nuestra vida; les garantizo que siempre será la mejor elección.

Oración

Amado Dios, ayúdame a seguirte en este nuevo día. Padre, que sea yo quien siga tus pisadas, y no que pretenda que seas tú quien me sigas. Tú eres mi guía, y yo quiero seguirte. Enséñame a hacerlo, a dejar mis sueños en tus manos. Dame, Dios, todo lo necesario para entender que tu plan es el mejor y lo que necesito para estar confiado en ello. Si de pronto me he detenido para reclamarte por el camino que he caminado, te pido que me perdones y me ayudes a levantarme de nuevo. Te amo, Jesús. Amén.


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