Editado por: Manuel Monsalve
Basado en Hechos Capítulo 13:1 – 3
Texto de estudio
Entre los profetas y maestros de la iglesia de Antioquía de Siria se encontraban Bernabé, Simeón (llamado «el Negro»[a]), Lucio (de Cirene), Manaén (compañero de infancia del rey Herodes Antipas[b]) y Saulo. 2 Cierto día, mientras estos hombres adoraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: «Designen a Bernabé y a Saulo para el trabajo especial al cual los he llamado». 3 Así que, después de pasar más tiempo en ayuno y oración, les impusieron las manos y los enviaron.
Hechos 13: 1 – 3
Estudio
En medio de personas con un ministerio, se encontraban Pablo y Bernabé, comprometidos con la búsqueda constante de la presencia del Señor. No era que estuvieran esperando en casa; se encontraban inmersos en la pasión y el amor por el Señor.
El momento de desarrollar el ministerio para el cual habían sido escogidos Pablo y Bernabé llegó de manera especial. Estos hombres y ministros de Dios pasaban gran parte de su tiempo en ayuno y oración, predicaban la palabra y enseñaban en las iglesias donde se les diera la oportunidad, pero aún no se había autorizado por parte del Espíritu Santo qué ministerio desarrollarían.
Fue en ese momento, en el que, mientras ellos estaban en esos momentos de ayuno y oración, cuando el Señor, Espíritu Santo, habló y escogió a Pablo y a Bernabé para que comenzaran su labor en la obra.
Reflexión
Hermoso como los discípulos buscaban esa presencia del Señor todo el tiempo, a través de la oración, el ayuno y el estudio de la Palabra, casi siempre se reunían y compartían esos momentos especiales unánimes.
Podemos entonces aprender que siempre debemos mantenernos en esa búsqueda, al igual que nuestros hermanos Pablo y Bernabé. No debemos salir a predicar sin estar con esa llenura espiritual, porque al hacerlo lo hacemos en nuestras fuerzas, y no dirigidos por el Espíritu Santo de Dios.
Él es el dueño de la obra, Él es quien nos ha llamado y escogido, y Él es quien sabe para qué nos ha llamado. Lo que nos corresponde a nosotros es estar siempre en esa búsqueda, pues al hacerlo, en el momento menos esperado, el mismo Espíritu Santo nos asignará la función especial para la cual nos escogió, llamó y preparó.
Será el mismo quien nos unja con su poder y nos dé la autoridad que requerimos para llevar a cabo su obra. Nosotros solo somos instrumentos que Dios usa para mostrar su gloria, nada más; lo demás lo hace Él, y si somos sensibles a su voz, podremos ser direccionados a dónde Él quiere que vayamos, así hablaremos lo que Él quiera que hablemos y haremos lo que Él diga que hagamos.
Llamado a la acción
Es importante entender que, para los discípulos, el predicar, hablar de Dios, no era algo que ellos simplemente tuvieran como objetivo; era más bien una necesidad, pues el fuego de Dios se encontraba dentro de ellos. No obstante, hoy por hoy es fácil encontrar a muchos queriendo ser usados por Dios, pero más que por pregonar la verdad de la salvación, por un deseo personal de fama.
Esto se contrarresta con la búsqueda constante de Dios. Debemos esforzarnos por hacerlo verdaderamente, de tal manera que hablar de Él sea una necesidad en nuestras vidas, no una opción. Hoy puedo ver cuánto en realidad nos falta para apasionarnos en tal medida. Sin lugar a dudas, como dice la palabra de Dios, y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Hagamos en este nuevo día el propósito de estar cerca de Dios y que su fuego sea vivo en nuestro interior.
Oración
Padre, gracias por amarme, perdóname y escogerme para ser parte de ese hermoso grupo de soldados tuyos; aquí estoy, Padre mío, dispuesto a hacer tu preciosa voluntad. Guíame, por favor, a través de mi amigo maravilloso, el Espíritu Santo, y haz conmigo como tú quieras. Soy tuyo, mi Señor y mi Rey, y es un privilegio servirte y ser parte de tu rebaño.
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