Editado por: Manuel Monsalve
Basado en Hechos Capítulo 13:13-43
Texto de estudio
13 Luego Pablo y sus compañeros salieron de Pafos en barco rumbo a Panfilia y desembarcaron en la ciudad portuaria de Perge. Allí Juan Marcos los dejó y Pablo y Bernabé siguieron su viaje por tierra adentro hasta Antioquía de Pisidia.
Hechos 13: 13 – 43
El día de descanso fueron a las reuniones de la sinagoga. 15 Después de las lecturas acostumbradas de los libros de Moisés y de los profetas, los que estaban a cargo del servicio les mandaron el siguiente mensaje: «Hermanos, si tienen alguna palabra de aliento para el pueblo, ¡pasen a decirla!».
16 Entonces Pablo se puso de pie, levantó la mano para hacer que se callaran y comenzó a hablar: «Hombres de Israel—dijo—y ustedes, gentiles temerosos de Dios, escúchenme.
17 »El Dios de esta nación de Israel eligió a nuestros antepasados e hizo que se multiplicaran y se hicieran fuertes durante el tiempo que pasaron en Egipto. Luego, con brazo poderoso los sacó de la esclavitud. 18 Tuvo que soportarlos durante los cuarenta años que anduvieron vagando por el desierto. 19 Luego destruyó a siete naciones en Canaán y le dio su tierra a Israel como herencia. 20 Todo esto llevó cerca de cuatrocientos cincuenta años.
»Después de eso, Dios les dio jueces para que gobernaran hasta los días del profeta Samuel. 21 Luego el pueblo suplicó por un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Cis, un hombre de la tribu de Benjamín que reinó durante cuarenta años. 22 Pero Dios quitó a Saúl y lo reemplazó con David, un hombre de quien Dios dijo: “He encontrado en David, hijo de Isaí, a un hombre conforme a mi propio corazón; él hará todo lo que yo quiero que haga”.
23 »Y es precisamente uno de los descendientes del rey David, Jesús, ¡el Salvador de Israel prometido por Dios! 24 Antes de que él viniera, Juan el Bautista predicaba que todo el pueblo de Israel tenía que arrepentirse de sus pecados, convertirse a Dios y bautizarse. 25 Cuando estaba en los últimos días de su ministerio, Juan preguntó: “¿Creen ustedes que yo soy el Mesías? No, ¡no lo soy! Pero él pronto viene, y yo ni siquiera soy digno de ser su esclavo ni de desatarle las sandalias de sus pies”.
26 »Hermanos—ustedes, hijos de Abraham, y también ustedes, gentiles temerosos de Dios—, ¡este mensaje de salvación ha sido enviado a nosotros! 27 La gente de Jerusalén y sus líderes no reconocieron a Jesús como la persona de quien hablaron los profetas. En cambio, lo condenaron y, al hacerlo, cumplieron las palabras de los profetas que se leen todos los días de descanso. 28 No encontraron ninguna razón legal para ejecutarlo, pero de cualquier forma le pidieron a Pilato que lo matara.
29 »Una vez que llevaron a cabo todo lo que las profecías decían acerca de él, lo bajaron de la cruz y lo pusieron en una tumba. 30 ¡Pero Dios lo levantó de los muertos! 31 Y, durante varios días, se apareció a los que habían ido con él de Galilea a Jerusalén. Actualmente ellos son sus testigos al pueblo de Israel.
32 »Y ahora nosotros estamos aquí para traerles la Buena Noticia. La promesa fue dirigida a nuestros antepasados. 33 Y ahora Dios nos la cumplió a nosotros, los descendientes, al resucitar a Jesús. Esto es lo que el segundo salmo dice sobre Jesús:
“Tú eres mi Hijo.
Hoy he llegado a ser tu Padre”.
34 Pues Dios había prometido levantarlo de los muertos, no dejarlo que se pudriera en la tumba. Dijo: “Yo te daré las bendiciones sagradas que le prometí a David”. 35 Otro salmo lo explica con más detalle: “No permitirás que tu Santo se pudra en la tumba”. 36 Este salmo no hace referencia a David, pues, después de haber hecho la voluntad de Dios en su propia generación, David murió, fue enterrado con sus antepasados y su cuerpo se descompuso. 37 No, el salmo se refería a otra persona, a alguien a quien Dios resucitó y cuyo cuerpo no se descompuso.
38 »Hermanos, ¡escuchen! Estamos aquí para proclamar que, por medio de este hombre Jesús, ustedes tienen el perdón de sus pecados. 39 Todo el que cree en él es hecho justo a los ojos de Dios, algo que la ley de Moisés nunca pudo hacer. 40 ¡Tengan cuidado! No dejen que las palabras de los profetas se apliquen a ustedes. Pues ellos dijeron:
41 “Miren, ustedes burlones,
¡asómbrense y mueran!
Pues estoy haciendo algo en sus propios días,
algo que no creerían
aun si alguien les dijera”».
42 Cuando Pablo y Bernabé salieron de la sinagoga ese día, la gente les suplicó que volvieran a hablar sobre esas cosas la semana siguiente. 43 Muchos judíos y devotos convertidos al judaísmo siguieron a Pablo y a Bernabé, y ambos hombres los exhortaban a que continuaran confiando en la gracia de Dios.
Estudio
Pablo, Bernabé y otros discípulos viajaron hasta llegar a Antioquía de Pisidia. Para ese momento, Marcos ya se había regresado a Jerusalén. Al llegar a aquel lugar, buscaron la sinagoga donde se reunían las personas a escuchar las lecturas diarias.
Al verles, les dieron la oportunidad de que enseñaran al pueblo, y Pablo, aprovechando la puerta que habría en ese momento el Señor para compartir el mensaje de salvación, se levantó y expuso con mucha convicción aquel mensaje a todos los oyentes.
Era común que empezara exponiendo la forma en que Dios había liberado al pueblo de Israel de Egipto, donde habían permanecido bajo cautiverio por un periodo de cuatrocientos años.
Pero luego que clamaron a Dios, Él les envió a Moisés y terminó con la muerte y resurrección del Señor Jesucristo, que se había producido por causa del mismo pueblo judío, por desconocimiento de la palabra de Dios, pero también porque así lo había decidido el Padre, para que a través de ese sacrificio único, todos recibieran el perdón de pecados.
Enseñándoles también que todo aquello que la Ley no había podido lograr, ahora era posible por medio de la fe en él hijo de Dios, y el arrepentimiento de sus pecados.
Luego de escuchar aquellas palabras los que estaban en la sinagoga les rogaron que volvieran al día siguiente para que les enseñará más acerca de esas palabras.
Reflexión
Podemos ver a través de la palabra cuál es ese mensaje de salvación y cómo se debe enseñar. A veces nos sucede que no sabemos cómo predicarle o como compartirle el mensaje de salvación a alguien, y finalmente no lo hacemos por temor a hacerlo incorrectamente, pero la misma palabra nos enseña cómo debemos compartirlo y que ese mensaje no es más que contarle a las personas que en Jesús hay perdón de pecados y salvación.
Pablo les dejo claro que este mensaje fue en un inicio solo para los Judíos pero que al haberlo despreciado, a Dios le placio extender esa salvación también a los gentiles, cuando los gentiles que allí estaban escucharon esa buena noticia se alegraron muchisimo y todos los que estaban para salvación aceptaron aquella buena noticia.
Al ver los discípulos que muchos habían creído a la palabra les animaban para que se mantuvieran creyendo y en perseverancia, en la gracia de Dios. Hoy día nosotros también debemos persuadir a los creyentes a mantenerse firmes en la palabra, para que siempre tengan la presencia de Dios en sus vidas.
Oración
Amado Padre, hoy comprendo que mi deber como hijo tuyo es compartir el mensaje de salvación a todos los que me rodean, perdóname si no lo he hecho por favor y ayúdame a hacerlo con convicción en mi corazón. dame las herramientas necesarias, para que pueda hacerlo de la manera en que tu deseas, bajo el plan que tienes establecido para que este pueblo te crea, sabemos bien, que tuya es la gloria y la honra, por eso te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.
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