Devocional diario: La historia del carcelero.

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Editado por: Manuel Monsalve

7–10 minutos

Basado en Hechos Capitulo 16: 11 – 40

  1. Texto de estudio
  2. Estudio
  3. Reflexión
  4. Llamado a la acción
  5. Oración

Texto de estudio

Y así, nos embarcamos en Troas y fuimos directamente a la isla de Samotracia, y al día siguiente llegamos a Neápolis; de allí fuimos a Filipos, que es una colonia romana y es la ciudad más importante de ese distrito de Macedonia. Allí nos quedamos algunos días. El sábado salimos a las afueras de la ciudad, junto al río, donde pensábamos que había un lugar de oración. Allí nos sentamos y hablamos con las mujeres que se habían reunido en ese lugar. Una de ellas, de nombre Lidia, era de la ciudad de Tiatira y vendía telas de púrpura.

Esta mujer, que adoraba a Dios, se puso a escuchar a Pablo, y el Señor abrió su corazón para que comprendiera bien todo lo que Pablo decía. Y fue bautizada junto con toda su familia. Después nos dijo entre ruegos: —Si ustedes me consideran una verdadera creyente en el Señor, vengan a alojarse en mi casa. Y nos obligó a quedarnos. Un día, mientras íbamos al lugar de oración, nos encontramos con una muchacha que estaba poseída por un espíritu de adivinación. Era una esclava que por su capacidad de adivinación generaba muchas ganancias a sus amos.

Esta muchacha comenzó a seguirnos a Pablo y a nosotros, y gritaba: —¡Estos hombres están al servicio del Dios altísimo, y les anuncian a ustedes el camino de salvación! Esto lo hizo durante muchos días, hasta que Pablo, ya molesto, terminó por volverse y decirle al espíritu que la poseía: —En el nombre de Jesucristo, te ordeno que salgas de ella. En aquel mismo instante el espíritu la dejó. Cuando los amos de la muchacha vieron que ya no podían esperar que ella siguiera haciéndoles ganar dinero, agarraron a Pablo y a Silas y los llevaron a la plaza principal, ante las autoridades.

Los presentaron ante los magistrados, y dijeron: —Estos judíos están alborotando nuestra ciudad, y enseñan costumbres que nosotros no podemos admitir ni practicar, porque somos romanos. Entonces la gente se levantó contra ellos. Los magistrados ordenaron que los desnudaran y los azotaran con varas, y después de haberlos azotado brutalmente los metieron en la cárcel, y allí ordenaron al carcelero que los encerrara bajo la máxima seguridad. En cuanto el carcelero recibió esta orden, los metió en el calabozo interior de la cárcel y les sujetó los pies en el cepo. Pero a eso de la medianoche, mientras Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, y los otros presos escuchaban, un fuerte temblor sacudió de repente los cimientos de la cárcel.

En ese momento se abrieron todas las puertas, y se les soltaron las cadenas a todos los presos. Cuando el carcelero despertó y vio que las puertas de la cárcel estaban abiertas, sacó su espada para matarse, pues pensaba que los presos se habían escapado. Pero Pablo le gritó: —¡No te hagas daño! ¡Todos estamos aquí! Entonces el carcelero pidió una luz, entró corriendo y, temblando de miedo, se echó a los pies de Pablo y de Silas. Luego los sacó y les preguntó: —Señores, ¿qué debo hacer para salvarme? Ellos contestaron: —Cree en el Señor Jesús, y tú y tu familia obtendrán la salvación. Y a él y a todos los que estaban en su casa les hablaron de la palabra del Señor. A esa misma hora de la noche, el carcelero les lavó las heridas y, más tarde, él y toda su familia fueron bautizados. Después los llevó a su casa y les dio de comer; y él y su familia estaban muy contentos por haber creído en Dios.

Por la mañana, los magistrados enviaron unos guardias al carcelero, con la orden de soltar a Pablo y a Silas. El carcelero le dijo a Pablo: —Los magistrados me han ordenado que los deje en libertad, así que ya pueden irse tranquilos. Pero Pablo dijo a los guardias: —A nosotros, que somos ciudadanos romanos, nos azotaron públicamente y sin antes habernos juzgado, y además nos metieron en la cárcel; ¿y ahora quieren soltarnos a escondidas? ¡Pues no! Que vengan ellos mismos a sacarnos. Los guardias hicieron saber esto a los magistrados, los cuales se asustaron al oír que eran ciudadanos romanos. Entonces los magistrados fueron a disculparse ante Pablo y Silas, y los sacaron y les rogaban que salieran de la ciudad. En cuanto Pablo y Silas salieron de la cárcel, se dirigieron a casa de Lidia y, después de ver a los hermanos, les dieron ánimo y se fueron de allí.

Hechos 16:11-40

Estudio

Luego de Macedonia los discípulos viajaron hasta llegar a Filipos, una colonia, se quedaron varios días, al llegar el sábado fueron en busca de un lugar de oración.

Se encontró un grupo de mujeres, entre las cuales había una llamada Lidia; ella amaba a Dios y le adoraba, pero aún no había escuchado la buena noticia. De manera que, siendo vendedora de telas, al escuchar la palabra de Dios con atención de boca de Pablo, Dios le abrió su corazón para que recibiera el mensaje de salvación, de manera que se bautizó ella y toda su familia. Luego de hacer su profesión de fe pública, les insistió para que se quedaran en su casa.

En aquel lugar se encontraron con una situación un tanto especial, uno de los amos de aquel lugar utilizaban a una de sus esclavas la cual tenía un espíritu de adivinación, para ganar dinero; sus comentarios molestaron a Pablo, hasta llegar al punto de que el decidiera liberarla, así que lo hizo, por lo tanto aquella mujer perdió esa habilidad que tenía para adivinar, por lo que sus amos se enfadaron en gran manera.

Ellos llenos de enojo solicitaron a las autoridades que tomaran medidas logrando así que azotaran a Pablo y Silas, los echaron a la cárcel de aquella ciudad, y cuando estaban allí, ellos como de costumbre oraban y alababan al Señor, mientras lo hacían que era a la media noche, sintieron un terremoto y los cimientos de la cárcel se sacudieron y las puertas del lugar se abrieron, al ver la situación el guardia que estaba a cargo pensó que todos los presos habían escapado, y que lo iban a castigar severamente, así que pensó en quitarse la vida.

Al ver la situación Pablo le dijo al guardia que no temiera, que todos estaban dentro de la cárcel, al ver aquel hombre la situación quiso escuchar el mensaje que predicaba Pablo y Silas, así que lo escuchó y creyó en Él, no solo lo hizo individualmente, sino que también creyó con Él toda su familia, y él mismo carcelero lavó las heridas de los apóstoles.

Reflexión

Es impresionante todo lo que movió el Señor para que aquel carcelero le conociera, Pablo hizo algo movido por su naturaleza, pues aquella mujer nunca pidió ser liberada, aúnque por supuesto lo necesitaba, no era consciente de ello, por lo tanto no lo solicitó, sin embargo, el enemigo quería detener que el mensaje siguiera propagandose por el pueblo, así que se encargo de llevarlos hasta la carcel, luego de padecer en manos de sus captores un tiempo.

Pablo dice en sus cartas que el sufrimiento era necesario para poder alcanzar a los perdidos, que por eso lo padeció con agrado, pues sabía que era el propósito de Dios, pero Pablo no se refería a que lo castigaran por hablar de la salvación o de Jesús, sino que lo hizo siempre con un propósito de alcanzar a alguien.

En esta oportunidad vemos cómo aquellos hombres, que eran ciudadanos romanos, sufrieron injustamente, pero ellos no se quejaron ni se opusieron; de hecho, tuvieron la oportunidad de escapar, pero no lo hicieron, sino que actuaron íntegramente con el fin de agradar a Dios, y, de hecho, lo hicieron, pues alcanzaron a un pecador y a su familia entera.

Llamado a la acción

Tal vez hoy pensamos que el sufrimiento debe ser evitado por completo, que no merecemos que nos pase lo que nos está pasando, y en realidad, puede en gran medida que sea así; sin embargo, si lo estamos viviendo, seguramente es con un propósito. Mantente íntegro en medio de la prueba; Dios se encargará de sacar a flote todo lo necesario para que salgamos de ella, pues al final de este episodio podemos ver cómo ellos salieron en sus términos de aquel lugar. Dios se encargó de esclarecer todo una vez se alcanzó el propósito que se tenía.

Absolutamente nada es más grande que la voluntad de Dios y su misericordia para nosotros. Por lo tanto, hoy vivamos de tal manera que su imagen se refleje en nuestro interior, para que quienes están a nuestro alrededor puedan ver que somos diferentes y que es Jesús el autor y consumador de tal reflejo.

Oración

Amado Dios, hoy te alabamos en medio de las dificultades, porque entendemos, Señor, que tu palabra se hace vida en nosotros y que todo lo que nos sucede solamente está diseñado para nuestro bien. Agradezco por el regalo de estar vivo y por la oportunidad de tomar decisiones en este día. Ahora te ruego, mi buen Dios, que me guíes hacia las decisiones correctas y los propósitos que vienen solo de Ti. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.


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