Devocional diario: Llegamos a Atenas.

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Editado por: Manuel Monsalve

5–7 minutos

Basado en Hechos 17: 16 – 34

  1. Texto de estudio
  2. Estudio
  3. Reflexión
  4. Llamado a la acción
  5. Oración

Texto de estudio

Mientras Pablo esperaba en Atenas a Silas y a Timoteo, le dolió en gran manera ver que la ciudad estaba llena de ídolos. Por eso discutía en la sinagoga con los judíos y con otros que adoraban a Dios; y cada día discutía en la plaza con la gente que allí se encontraba. Algunos filósofos epicúreos y estoicos comenzaron a debatir con él. Unos decían: «¿De qué hablará este charlatán?» Y otros: «Parece que es propagandista de dioses extranjeros.» Esto lo decían porque Pablo les anunciaba la buena noticia acerca de Jesús y de la resurrección.

Entonces lo llevaron al Areópago, y le preguntaron: «¿Se puede saber qué nueva enseñanza es esta que nos traes? Porque nos hablas de cosas extrañas, y queremos saber qué significan.» Y es que todos los atenienses, como también los extranjeros que allí vivían, no se ocupaban sino de oír y comentar las últimas novedades.

En el Areópago, Pablo se puso en medio de ellos, y dijo: «Atenienses, por lo que puedo ver, es evidente que ustedes son muy religiosos. Porque al mirar los lugares donde ustedes adoran a sus dioses me he encontrado un altar con la inscripción: “A un Dios no conocido”. Pues bien, ese Dios al que ustedes adoran, aun sin conocerlo, es el Dios que yo les anuncio. »Es el Dios que creó el mundo y todo lo que hay en él; es el Señor del cielo y de la tierra. No vive en templos hechos por manos humanas, ni necesita que nadie haga nada por él, pues él es quien da a todos la vida, el aire y todo lo demás. »De un solo ser hizo todo el género humano, para que los distintos pueblos habiten toda la tierra; y les señaló el tiempo y los límites de los territorios donde habrían de vivir. Dios lo hizo así para que lo busquen y, quizá, como a tientas, puedan encontrarlo, aunque lo cierto es que no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en Dios vivimos, y nos movemos, y existimos, como también lo han dicho ya algunos poetas de ustedes: “Somos descendientes de Dios.”

Y puesto que somos descendientes de Dios, no debemos pensar que Dios sea como las imágenes de oro, plata o piedra, hechas por manos humanas, según su propia imaginación. Dios, que en otros tiempos pasó por alto la ignorancia de la gente, ahora quiere que todos, en todas partes, se vuelvan a él. Porque Dios ha fijado un día en el cual juzgará al mundo con justicia por medio de un hombre al que escogió; y a todos ha dado pruebas de ello al resucitarlo de los muertos.» Al oír esto de la resurrección de los muertos, unos se burlaron y otros dijeron: —Ya te oiremos hablar de esto en otra ocasión. Entonces Pablo se retiró y los dejó. Sin embargo, algunos se le unieron y creyeron. Entre ellos estaba Dionisio, miembro del Areópago, una mujer llamada Dámaris, y otros más.

Hechos 17:16-34

Estudio

Pablo no desaprovechaba ni un solo minuto; cada oportunidad que tenía la utilizaba para predicar la palabra de Dios. En esta ocasión, lo hizo en Atenas, donde predominaba una creencia muy diferente a la de los judíos. Aquellos hombres creían en muchas cosas al mismo tiempo, tanto así que tenían otra religión completamente constituida.

En Atenas, Pablo y Silas hablaban en la sinagoga con los judíos respecto a lo que correspondía a la palabra de Dios y la resurrección de Jesús, enseñándoles el mensaje de salvación. En aquel lugar (Atenas) se caracterizaba por el entusiasmo por la filosofía; por lo tanto, ellos querían conocer todas las formas de pensamiento, por lo cual estaban prestos a escuchar otro tipo de pensamiento.

No obstante, existía un órgano encargado de garantizar que no se presentaran faltas religiosas; aquella institución era el Areópago. En aquel lugar fue a donde llevaron a Pablo, quien a través de la sabiduría y conocimiento que Dios le había transmitido pudo expresarse. Y si bien algunos se burlaron, otros decidieron escuchar el mensaje y creer; así que ellos fueron atentos al llamado, y aquellos que tenían autoridad se dieron cuenta de que no representaba una falta grave aquello que hacía, por lo tanto, lo dejaron ir.

Reflexión

Pablo no quiso entrar peleando contra la cultura local, es decir, no entró luchando contra todos, sino que usó la astucia para hacerles entender que tal vez había una parte dentro de su misma creencia que no habían entendido realmente, y ese fue el punto de inflexión por el cual logró acceder a un nuevo nivel dentro de aquella sociedad que también era abierta en cuanto a pensamiento.

A pesar de tener la razón, usó la razón para discutir de manera que el mensaje tuviera un lugar en el corazón de aquellas personas del lugar. Muchos de nosotros pensamos que aquel que no tiene nuestro mismo pensamiento es merecedor de todo lo malo, dejando de lado el recuerdo de aquello que nosotros vivimos antes de conocer al Señor, que realmente fue su infinita misericordia lo que actuó en nuestro corazón para transmitirnos la creencia real de que Dios puede cambiarnos por completo.

Llamado a la acción

Parte del proceso de conquistar corazones es encontrar la estrategia para que quienes se encuentren a nuestro alrededor no necesariamente abran el corazón, sino que más bien no lo cierren, porque de muchas maneras, el motivo por el cual las personas no creen en Dios es porque nosotros nos hemos encargado de vender una imagen negativa de lo que es vivir una vida en el Señor.

Llevar el estandarte de ser cristiano no es tan sencillo como la gente cree; es una carga que requiere de mucho esfuerzo, sobre todo por la imagen que proyectamos, y más que eso, porque aún con todo y todo, seguimos siendo humanos, por lo tanto, nos seguimos equivocando cada día. Si no, porque es sencillo que a través de nuestros actos desmedidos los demás no quieran conocer al Señor.

Entreguemos nuestra carga a Dios, para que Él nos permita crecer en su perfecta voluntad, en el amor hacia Él, y para que lo que reflejemos sea realmente su imagen. Es necesario que realmente lo hagamos, que seamos un instrumento para mostrar a los demás lo maravilloso que es haberle conocido y que Él perdonó nuestros pecados y nos hizo libres.

Oración

Amado Dios, concédenos la gracia de ser dignos reflejos de tu amor en nuestras vidas; que tu palabra se haga viva en nuestro interior y nos ayude a confiar plenamente en tu amor y tu misericordia. Te pedimos, Señor, que trates con nosotros, que nos ayudes a reflejar lo bueno y a darnos cuenta de nuestros propios errores cada día, dejando por un momento de ver las fallas de los demás y permitiéndonos corregirnos. De esta manera podremos demostrar la misericordia que Tú nos has enseñado. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.


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