Editado por: Manuel Monsalve
Querido Manuel,
Entiendo que desde hace mucho tiempo cargas con muchas cosas simultáneamente. Sin lugar a dudas, la vida se ha encargado de llenarte de motivos para estar preocupado cada mañana y, bueno, cada noche también. Esto de ser adulto no está resultando tan divertido como pensaste que sería en un principio; cada vez son más responsabilidades y menos tiempo para disfrutar. Temo que, con el pasar del tiempo, te quedes con tiempo, pero sin ánimos para hacerlo.
Existen muchas cosas que te motivan, pero esta carta la escribo con el fin de llegar al hombre detrás del nombre. Lo hago para que entiendas que no importa cómo te veas, no olvides que eres humano y persona. Está muy bien que te esfuerces por sacar adelante todo de la mejor manera, pero hay momentos para detenerte y pensar en ti, hay momentos para que te sientas triste, momentos para que te enfurezcas; es necesario hacerlo. El mismo Jesús lo hizo, vivió el sentimiento y actuó con ímpetu en su momento.
No tienes que agradar a nadie; realmente solo tienes que ser tú, sin importar nada. Pues por esforzarte en sobremanera para estar bien en medio de todas las situaciones, has creado un ser frío y temerario, no por lo peligroso que pueda ser, sino por lo pasivo o poco reactivo ante aquellas circunstancias de la vida que te afligen y te pueden llevar cerca del colapso. Sin saber que todo eso solo es una actitud evasiva para no enfrentar lo que no quieres hacer. Todo esto ha creado también la percepción de que no sientes, de que no vives, seguramente porque no le importa.
Pero ¡basta ya! Es necesario que vivas intensamente, es necesario que te equivoques. Ahora quienes están a tu alrededor esperan demasiado de ti y esa es una carga muy difícil de llevar, pues en tu afán de ser íntegro, te has convertido en un hombre poco honesto. Y no está bien ocultar lo que sientes; simplemente sientes y ya. Aprende a vivir con tus errores, no los ocultes, no los ignores, no busques vías de escape para alejarte verdaderamente de aquello que llevas dentro, más bien descubrete cada día, busca la forma en como lograr llevar tu vida a un mejor estado del actual, pero siendo real y sincero en tu proceder.
Mi querido y respetado amigo, déjame decirte que te admiro en gran manera, porque no es fácil sobreponerse tanto a ti mismo, siempre por tratar de hacer lo mejor para todos, o al menos eso crees que haces. Pero ahora que conoces un poco más sobre las consecuencias de tus actos, creo que estás a punto de tener un cambio abismal en tu forma de vivir, porque sin querer le haces daño a quienes son tu vida, aquellos que sin importar como eres, siempre te aceptan, pues Dios te ha dado una familia maravillosa, una que te ha demostrado que no importa lo que seas, eres todo para ellos.
Amas la vida, y en medio de tantas cosas te has alejado de ti mismo, dejando de lado aquellas cosas que te apasionan. Has olvidado qué también tú necesitas vivir. Vamos, levántate Manuel, no te exijas tanto, no creas ni por un instante que eres excepcional y no es porque no tengas dones grandiosos, sino porque todos en el mundo los tenemos. Tan solo siente, vive, disfruta cada una de tus virtudes y sufre tus debilidades; trabaja para ser mejor, por supuesto, pero acepta que no siempre puedes con todo.
Levántate, querido amigo, deja de lado los conceptos que te llevan a pensar en tantas cosas antes de actuar. Algunas veces es necesario que te arriesgues más, sobre todo si es por amor, sobre todo si es por aquello que realmente amas y deseas. Te necesito real, te necesito honesto. Soy consciente de que no es fácil ser tú, pues lo vivo cada día, pero en medio de todo esto te puso Dios y espera que seas honesto con lo que vives. Sé prudente, por supuesto, pero más sé real; solo así podrás transmitir el verdadero mensaje, que no se trata de tu nombre o de tus atributos, sino de lo mucho que puede hacer el Señor con alguien tan descompuesto como tú.
Muchos aprecian tu cordura, pero en realidad es mucho lo alejado que está ese concepto de la realidad. Simplemente tienes la habilidad o costumbre de ver las cosas de una manera diferente; en muchas oportunidades eso, más que algo valioso, es simplemente conflictivo. Pero si aprendes a aceptarte tal y como eres, estoy seguro de que tu beneficio será mucho mayor.
Déjame decirte que no es para nada fácil asumir el rol de responsable de toda tu familia, ni aceptar las críticas de quienes te rodean por ser justo e imparcial. Todos acusamos desde nuestra ignorancia; si lográramos entender que ante Dios todos los pecados son iguales, comprenderíamos que el que miente es tan culpable como el que asesina. Aunque lo veamos como extremos opuestos, ambas acciones son reacciones naturales a sentimientos internos que no se pueden contener. Yo sé que lo entiendes. Yo sé que luchas con eso también.
Ahora eres intachable. Has logrado lo que te has propuesto. Pero… ¿lo disfrutas? ¿O solo cargas con el peso de la responsabilidad que eso conlleva? ¿A quién le importa lo bueno que has sido, si cuando te equivoques serán más duros contigo porque nunca se esperó eso de ti? Siempre fuiste diferente. Esa dificultad para expresarte te hace ver antipático, aunque en realidad solo observas y analizas cada cosa, desarrollando un razonamiento especial… o más bien, diferente. Pero dime: ¿de qué sirve una lámpara escondida debajo de la cama? ¿Para qué te esfuerzas tanto, si el día que algo no salga como esperas, todo se vendrá abajo y tendrás que convertirte en eso de lo que tanto huiste: un hombre que siente, como todos?
Aun con todo, solo quiero que sepas que, en medio de tanto, siempre valoro lo mucho que te esfuerzas. Pero ahora el verdadero trabajo es ser más real y sincero, incluso cuando eso no sea lo que otros esperan. Sé tú, porque eso —siempre— ha sido lo mejor.
Con cariño,
tu buen y estimado amigo.
Posdata.
Esto surge, como un relato autobiográfico, pues me he dado cuenta de algo que tal vez muchos también han podido sentir: que en el afán de ser fuertes, responsables y correctos, terminamos alejándonos de nosotros mismos. Nos exigimos tanto que dejamos de sentir, de vivir, de transmitir, de ser. Esta carta nace de esa conciencia, como un acto de reconciliación con mi humanidad, y quizá también con la tuya. Si alguna parte de este texto resuena contigo, entonces ya no estamos tan solos.Manuel Monsalve
Deja un comentario