Devocional diario: Despedida de Pablo.

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Basado en Hechos Capitulo 20: 13 – 38

Editado por: Manuel Monsalve

6–10 minutos
  1. Texto de estudio
  2. Estudio
  3. Reflexión
  4. Llamado a la acción
  5. Oración

Texto de estudio

13 Nosotros nos adelantamos y fuimos en barco hasta Aso para recoger a Pablo, según se había convenido, porque él quiso ir por tierra. 14 Cuando nos encontramos con él en Aso, se embarcó con nosotros y fuimos a Mitilene. 15 Salimos de allí, y al día siguiente pasamos frente a Quío, llegando un día después al puerto de Samos. Al cabo de otro día de viaje, llegamos a Mileto. 16 Se hizo así porque Pablo, para no retrasarse mucho en Asia, no quiso ir a Éfeso; pues quería llegar pronto a Jerusalén y, de ser posible, estar allí para el día de Pentecostés. Estando en Mileto, Pablo mandó llamar a los ancianos de la iglesia de Éfeso. 18 Cuando llegaron les dijo: «Ustedes saben cómo me he portado desde el primer día que vine a la provincia de Asia. 19 Todo el tiempo he estado entre ustedes sirviendo al Señor con toda humildad, con muchas lágrimas y en medio de muchas pruebas que me vinieron por lo que me querían hacer los judíos. 20 Pero no dejé de anunciarles a ustedes nada de lo que era para su bien, enseñándoles públicamente y en sus casas. 21 A judíos y a no judíos les he dicho que se vuelvan a Dios y crean en nuestro Señor Jesús. 22 Y ahora voy a Jerusalén, obligado por el Espíritu, sin saber lo que allí me espera. 23 Lo único que sé es que, en todas las ciudades a donde voy, el Espíritu Santo me dice que me esperan la cárcel y muchos sufrimientos. 24 Para mí, sin embargo, mi propia vida no cuenta, con tal de que yo pueda correr con gozo hasta el fin de la carrera y cumplir el encargo que el Señor Jesús me dio de anunciar la buena noticia del amor de Dios.

25 »Y ahora estoy seguro de que ninguno de ustedes, entre quienes he anunciado el reino de Dios, me volverá a ver. 26 Por esto quiero decirles hoy que no me siento culpable respecto de ninguno, 27 porque les he anunciado todo el plan de Dios, sin ocultarles nada. 28 Por lo tanto, estén atentos y cuiden de toda la congregación, en la cual el Espíritu Santo los ha puesto como pastores para que cuiden de la iglesia de Dios, que él compró con su propia sangre. 29 Sé que cuando yo me vaya vendrán otros que, como lobos feroces, querrán acabar con la iglesia. 30 Aun entre ustedes mismos se levantarán algunos que enseñarán mentiras para que los creyentes los sigan. 31 Estén alerta; acuérdense de que durante tres años, de día y de noche, no dejé de aconsejar con lágrimas a cada uno de ustedes.

32 »Ahora, hermanos, los encomiendo a Dios y al mensaje de su amor. Él tiene poder para hacerlos crecer espiritualmente y darles todo lo que ha prometido a su pueblo santo. 33 No he querido para mí mismo ni el dinero ni la ropa de nadie; 34 al contrario, bien saben ustedes que trabajé con mis propias manos para conseguir lo necesario para mí y para los que estaban conmigo. 35 Siempre les he enseñado que así se debe trabajar y ayudar a los que están en necesidad, recordando aquellas palabras del Señor Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir.”»

36 Después de decir esto, Pablo se puso de rodillas y oró con todos ellos. 37 Todos lloraron, y abrazaron y besaron a Pablo. 38 Y estaban muy tristes, porque les había dicho que no volverían a verlo. Luego lo acompañaron hasta el barco.

Hechos 20: 13 – 38

Estudio

El anhelo de los discípulos, especialmente Pablo, era llegar a Jerusalén para el día de Pentecostés, de manera que navegaron hasta llegar, haciendo un gran esfuerzo, unos por agua y Pablo por tierra en algunos tramos.

El día de Pentecostés es una celebración judía donde se conmemora la venida del Espíritu Santo sobre los discípulos y la impartición de dones y poder sobre la comunidad de creyentes; por ello, esa fiesta es tan significativa para ellos, de ahí la importancia y el afán de llegar a Jerusalén a tiempo.

Al llegar a Éfeso, Pablo hizo venir a los ancianos de Éfeso para hablarles, testificando que desde el primer día él se había comportado dignamente y de cómo había enfrentado cárceles, sufrimientos y aún le esperaban más, pero que, sin importar cuántas más cosas tuviera que padecer, lo hacía con gozo. ¿Por qué? Porque quería llegar a la meta con la satisfacción de haber terminado la tarea que se le había encomendado, la de anunciar las buenas nuevas de salvación.

Su trabajo había sido impecable, les había enseñado y dado a conocer todo lo que el Señor le había revelado, tenían bases firmes para seguir construyendo esa fe en Jesús y que esperaba que la compartieran a todos.

Les anunció del cuidado que, como pastores, debían tener del rebaño, ya que posteriormente vendrían algunos que querrían destruir la iglesia, así que debían tener presente ese discipulado de tres años que habían recibido de parte del apóstol.

El trabajo del apóstol no solo consistía en anunciar las buenas nuevas de salvación, sino que se aseguraba de que en cada lugar donde había una iglesia, esa comunidad conociera de forma profunda la palabra de Dios, pues, de ser así, no sería tan fácil destruir el rebaño.

Reflexión

Al igual que el Apóstol, el trabajo de cada uno de nosotros debe ser dar a conocer esas nuevas de salvación a nuestros seres queridos. Debemos asegurarnos de que tendrán las bases sólidas para que ningún viento de doctrina les haga errar en su fe en Cristo; por ello, el tiempo que dediquemos a discipular a nuestros hijos y demás seres queridos será fundamental.

Seguramente a muchos les hemos predicado el mensaje de salvación y eso es maravilloso, pero ¿los hemos adoctrinado? ¿Están llenos del Espíritu Santo? Si bien es importante que las personas entreguen sus vidas al Señor, también lo es el cuidado espiritual y su crecimiento. Hoy día, los discípulos del Señor no hacemos la labor completa; por esa razón, muchos embarazos espirituales se abortan porque no hay un trabajo de consolidación con los recién convertidos y algunos nacen, pero no se desarrollan. Por ello, es importante actuar como lo hizo el apóstol Pablo.

Si bien la iglesia le contribuía para sus gastos, Pablo daba el ejemplo de que trabajaba y ganaba su propio dinero; de esa forma, no cargaba a la iglesia con esas responsabilidades.

Llamado a la acción

No podemos quedarnos solamente con el hecho de compartir la palabra de Dios; si es que en realidad lo hacemos, no basta solo con decir: «Cree en el Señor Jesús y serás salvo tú y tu casa» o «Arrepentíos o pereceréis», como dice la escritura. Cualquiera de los dos mensajes puede ser necesario para la vida de alguien en el momento indicado, pero es crucial que nuestra comunicación sea más que palabras superficiales.

No obstante, Jesús no nos llamó solamente a decir cosas, sino que se requiere de un conocimiento más profundo respecto a lo que realmente Él puede hacer en cada uno de nuestros corazones, y esto se da a través del proceso del liderazgo y de la construcción de relaciones sólidas. Debemos esforzarnos por entender el significado y el impacto de nuestras creencias, no solo para nosotros, sino para aquellos a quienes influenciamos.

A algunos Dios nos ha dado el privilegio de tener hijos; esa es nuestra primera iglesia, nuestro hogar, nuestra familia. Es nuestro deber no solo decirles: «Cristo te ama», sino profundizar con ellos cada vez que sea posible. Necesitamos estar disponibles para compartir experiencias, testimonio de la fe, y ejemplos de cómo vivir de acuerdo a los principios cristianos en nuestra cotidianidad.

Esto implica crear un ambiente de apoyo y diálogo, donde nuestras familias se sientan seguras para expresar sus dudas y preguntas, en lugar de solo recibir respuestas dadas de manera automática. El objetivo es que sus raíces se profundicen para que comprendan la importancia de su fe, y que no vengan cualquier tipo de pensamientos o palabras a cambiar aquello que verdaderamente debemos mantener como estandarte.

Educarlos en la fe es una tarea continua y requiere dedicación, amor y paciencia. Podemos utilizar estudios bíblicos, momentos de oración conjunta y discusiones abiertas sobre cómo aplicar las enseñanzas de Jesús en situaciones de la vida real. De esta manera, no solo fomentamos su conocimiento espiritual, sino que también reforzamos los lazos familiares y construimos una comunidad sólida en Cristo, donde todos se sientan valorados y escuchados. Esa es la esencia del liderazgo espiritual en el hogar, donde guiamos a otros hacia un encuentro personal y transformador con Dios.

Oración

Amado Padre: gracias por enseñarme la manera en que debo proceder si mi propósito es servirte. Perdóname si en mi afán de llevar a otros a tus pies los he perdido por no hacer el trabajo completo. Ayúdame y guíame para actuar conforme a tu bendita voluntad, te lo pido en el nombre de Jesús, amén. 🙏


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