Devocional diario: El viaje de Pablo a Jerusalén.

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Editado por: Manuel Monsalve

4–6 minutos

Basado en Hechos Capitulo 21:1-14

Texto de estudio

Después de despedirnos de los ancianos de Éfeso, navegamos directamente a la isla de Cos. Al día siguiente, llegamos a Rodas y luego fuimos a Pátara. Allí abordamos un barco que iba a Fenicia. Divisamos la isla de Chipre, la pasamos por nuestra izquierda y llegamos al puerto de Tiro, en Siria, donde el barco tenía que descargar. Desembarcamos, encontramos a los creyentes del lugar y nos quedamos con ellos una semana. Estos creyentes profetizaron por medio del Espíritu Santo, que Pablo no debía seguir a Jerusalén. Cuando regresamos al barco al final de esa semana, toda la congregación, incluidos las mujeres y los niños, salieron de la ciudad y nos acompañaron a la orilla del mar. Allí nos arrodillamos, oramos y nos despedimos. Luego abordamos el barco y ellos volvieron a casa.

Después de dejar Tiro, la siguiente parada fue Tolemaida, donde saludamos a los hermanos y nos quedamos un día. Al día siguiente, continuamos hasta Cesarea y nos quedamos en la casa de Felipe el evangelista, uno de los siete hombres que habían sido elegidos para distribuir los alimentos. Tenía cuatro hijas solteras, que habían recibido el don de profecía. Varios días después, llegó de Judea un hombre llamado Ágabo, quien también tenía el don de profecía. Se acercó, tomó el cinturón de Pablo y se ató los pies y las manos. Luego dijo: «El Espíritu Santo declara: “De esta forma será atado el dueño de este cinturón por los líderes judíos en Jerusalén y entregado a los gentiles ”». Cuando lo oímos, tanto nosotros como los creyentes del lugar le suplicamos a Pablo que no fuera a Jerusalén. Pero él dijo: «¿Por qué todo este llanto? ¡Me parten el corazón! Yo estoy dispuesto no solo a ser encarcelado en Jerusalén, sino incluso a morir por el Señor Jesús». Al ver que era imposible convencerlo, nos dimos por vencidos y dijimos: «Que se haga la voluntad del Señor».

Hechos de los Apóstoles 21:1-14

Estudio

El viaje continuaba, y en esta oportunidad, se reiteraba de varias formas que Pablo no debería ir a Jerusalén. Por supuesto, la iglesia del momento estaba de acuerdo con ello, pues sabían que en aquel lugar Pablo sufriría; incluso algunos pensaban que no lo volverían a ver después. Por ello, la tristeza de aquellos hombres era grande, pues le tenían un gran aprecio.

Pablo había sido un gran líder con todos aquellos cristianos de la época, pues su amor por predicar y por la verdad era muy grande; eso era algo que todos ellos destacaban. Además, el Espíritu Santo le hablaba de muchas formas que para ellos eran difíciles de comprender o de asimilar, pero para él era muy claro todo lo que Él decía.

Por todo esto, los creyentes no querían que Pablo continuara su camino hacia Jerusalén, pero él era un hombre muy difícil de persuadir, así que al final terminaron cediendo, guiados también por el respeto que le tenían y por las palabras que él manifestaba, indicando que no solo estaba dispuesto a ser encarcelado, sino inclusive hasta la muerte por Jesús.

Reflexión

¿Cuánto amor o convicción son necesarios para estar dispuestos a morir por una causa? Cualquiera de las dos son requisitos para poder llegar a tal punto, pues necesito amar extremadamente algo para aceptar la muerte por ello, o estar demasiado convencido de algo para poder aceptar hacerlo.

Este era el nivel del amor y del compromiso de Pablo con el Señor; Él no titubeaba si se trataba de defender la causa del Señor. Ese mismo ímpetu era su misma esencia como cristiano, despreciando así mismo su condición para seguirlo; muy parecido a lo que nosotros somos, a lo mucho que buscamos de la presencia del Señor cada mañana, con esa misma determinación y valentía.

Aquellos cristianos de la época eran hombres y mujeres apasionadas verdaderamente por la causa del Señor. Creo que es necesario seguir ese ejemplo en nuestras vidas, porque se necesita que le busquemos con tal intensidad hasta encontrarlo, no complaciéndonos momentáneamente con lo que logramos, sino siempre anhelando mucho más de su presencia en nuestra vida.

Llamado a la acción

Hoy es un día especial, uno que te invita a creer de manera más intensa, no con la simplicidad de lo cotidiano, de simplemente ir un día a la iglesia e intentar aprender algo nuevo, sino con la pasión de querer conocer a Jesús, de tal manera que sea el deseo de nuestro corazón, estar dispuestos incluso a morir por su nombre, esto es algo que no se logra fácilmente, o que como muchos, podríamos llegar a pensar que sin lugar a dudas lo haríamos todo por Él, pero lo cierto es que por dentro quisiéramos no tener que tomar este tipo de decisiones, o mejor aún, que esta nunca llegará a nuestra puerta.

Oración

Amado Dios, ponemos en tus manos este nuevo día, te pedimos que llegues a nuestro corazón de una manera tan intensa que no podamos contenerlo de ninguna manera. Te pedimos que nos acompañes en nuestro día a día; sé Tú ayudándonos en todo este proceso que vivimos diariamente. Sabemos bien que amarte es un privilegio, aunque seguirte como corresponde es algo que a veces es difícil, porque estamos ligados a nuestra naturaleza pecaminosa que nos hace desfallecer cuando más necesitamos ser fuertes. Ayúdanos, Señor, para que demostremos tu amor todos los días de nuestra vida, te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.


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