Devocional diario: la hora de la verdad.

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Editado por: Manuel Monsalve

4–6 minutos

Basado en Hechos 21: 26 – 36

  1. Texto de estudio
  2. Estudio
  3. Reflexión
  4. Llamado a la acción
  5. Oración

Texto de estudio

Así que, al día siguiente, Pablo fue al templo con los otros hombres. Ya comenzado el ritual de purificación, anunció públicamente la fecha en que se cumpliría el tiempo de los votos y se ofrecerían sacrificios por cada uno de los hombres. Cuando estaban por cumplirse los siete días del voto, unos judíos de la provincia de Asia vieron a Pablo en el templo e incitaron a una turba en su contra.

Lo agarraron mientras gritaban: «¡Hombres de Israel, ayúdennos! Este es el hombre que predica en contra de nuestro pueblo en todas partes y les dice a todos que desobedezcan las leyes judías. Habla en contra del templo, ¡y hasta profana este lugar santo llevando gentiles adentro!». (Pues más temprano ese mismo día lo habían visto en la ciudad con Trófimo, un gentil de Éfeso, y supusieron que Pablo lo había llevado al templo). Toda la ciudad fue estremecida por estas acusaciones y se desencadenó un gran disturbio.

Agarraron a Pablo y lo arrastraron fuera del templo e inmediatamente cerraron las puertas detrás de él. Cuando estaban a punto de matarlo, le llegó al comandante del regimiento romano la noticia de que toda Jerusalén estaba alborotada. De inmediato el comandante llamó a sus soldados y oficiales y corrió entre la multitud. Cuando la turba vio que venían el comandante y las tropas, dejaron de golpear a Pablo. Luego el comandante lo arrestó y ordenó que lo sujetaran con dos cadenas.
Le preguntó a la multitud quién era él y qué había hecho.

Unos gritaban una cosa, y otros otra. Como no pudo averiguar la verdad entre todo el alboroto y la confusión, ordenó que llevaran a Pablo a la fortaleza. Cuando Pablo llegó a las escaleras, la turba se puso tan violenta que los soldados tuvieron que levantarlo sobre sus hombros para protegerlo. Y la multitud seguía gritando desde atrás: «¡Mátenlo! ¡Mátenlo!».

Hechos 21: 26 – 36

Estudio

Una vez Pablo había llegado a Jerusalén, realizó el proceso de purificarse igual que todos los judíos, lo inició y ya cuando iba a terminar los siete días, un grupo de Judíos de la provincia de Asia, es decir, algunos de aquellos que habían sido confrontados anteriormente, iniciaron una revuelta, con el fin de acabar con la vida de Pablo.

Los argumentos que utilizaban era el hecho de que aquel hombre (Pablo) había predicado a los gentiles la palabra de Dios, y que por hacerlo, había sido imitador de Jesús, por lo que rompió las leyes, con tal de transmitir el mensaje de acuerdo con su maestro.

Ya cuando estaban a punto de matarlo, intervino el ejercito romano, los cuales eran la autoridad de la epoca, ellos al ver la trifulca, intervinieron e impidieron que las cosas llegaran a un termino más fatidico, lo tomaron y preguntaron de quien se trataba, y por supuesto, no fue posible entender nada, pues toda aquella población se encontraba demasiado agitada, al no tener una respuesta clara, el regimiento lo llevó hacia la fortaleza Romana, no obstante la multitud continuaba gritando que lo mataran.

Reflexión

Si bien, Pablo trató de hacer lo correcto en aquel lugar, ya había una consecuencia por sus actos anteriores que debería asumir, como lo vimos hasta ahora, él estaba dispuesto a vivirlas, con tal de realizar el propósito de Dios y conquistar a aquellos que no conocían el mensaje de la verdad.

Pero todo esto, no le resta intensidad a la situación, pues si bien él actuaba conforme al conocimiento que Dios le había dado, aquel día experimentó una situación bastante compleja, sufrió golpes, hasta el punto de prácticamente matarlo, todo esto impulsado, por un grupo de hombres que no quedó conforme con el hecho de que las cosas no fueran como pensaban.

Era más fácil intentar matar a Pablo, que aceptar que tal vez aquel mensaje tenia razón, no se si logro hacerme entender, pero la cuestión es que si bien ellos pensaban que estaban protegiendo a Dios y sus mandamientos, con aquellos actos, en realidad estaban asumiendo el rol de jueces, que no les correspondía.

Llamado a la acción

¿Cuántas veces hemos tomado ese rol? tal vez digamos con facilidad que nunca, pero lo cierto, es que acusamos a todos a nuestro alrededor, tomando ese mismo papel, uno que no nos corresponde, el hecho de tal vez no ser victima de las mismas debilidades de los demás, no es un motivo lo suficientemente grande para creer que tenemos la capacidad de acusar a alguien de algo que no es o fue evidente para nosotros.

Es habitual que este tipo de situaciones se hagan realidad en nuestras vidas, siempre decimos, eso fue que pensó así, o que actuó de determinada manera, cuando en realidad no es algo que sea comprobable, sino tan solo por presunciones, y hemos visto, que esto mismo le pasó a Pablo, aquellos hombres aseguraron que el había hecho entrar al templo a gentiles, solo porque lo vieron hablando con uno de ellos.

Hoy es un día para hablar de aquello que estamos seguros, demos cabida a aquellas cosas que pueden ayudar a los demás, aún cuando para nosotros no sea lo correcto según nuestra creencia o cultura, hacerlo así nos da la oportunidad de ser sabios, hacerlo así nos ayuda a transmitir el mensaje de la cruz de una manera más real.

Oración

Amado Dios, no permitas que hablemos de lo que no sabemos, que con nuestras palabras afectemos a alguien solo por el hecho de que a nosotros nos parece algo, sino que más bien, nuestras palabras sean bálsamo para las debilidades de los demás, para apoyarles en sus luchas. Que por un momento, Tu misericordia se vuelva un acto reflejo en nosotros y podamos disfrutarlo verdaderamente, en el nombre de Jesús. Amén.


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