Devocional diario: Pablo solicita hablar.

por

in

Editado por: Manuel Monsalve

3–5 minutos

Basado en hechos 21: 37 – 40

Texto de estudio

Cuando estaban por llevarlo adentro, Pablo le dijo al comandante: —¿Puedo hablar con usted? —¿¡Hablas griego!? —le preguntó el comandante, sorprendido—. ¿No eres tú el egipcio que encabezó una rebelión hace un tiempo y llevó al desierto a cuatro mil miembros del grupo llamado “Los Asesinos”? —No —contestó Pablo—, soy judío y ciudadano de Tarso de Cilicia, que es una ciudad importante. Por favor, permítame hablar con esta gente. El comandante estuvo de acuerdo, entonces Pablo se puso de pie en las escaleras e hizo señas para pedir silencio. Pronto un gran silencio envolvió a la multitud, y Pablo se dirigió a la gente en su propia lengua, en arameo.

Hechos 21: 37 – 40

Estudio

Pablo era judío, pero había nacido en Cilicia. Durante esta época, el imperio romano era el que tenía el control de toda esta área del mundo; por lo tanto, ellos tomaron judíos, dentro de muchas otras naciones, y los reubicaron como esclavos y siervos. Por ello, se daba la opción de que un ciudadano pudiera hacer parte de dos culturas diferentes. De hecho, es de resaltar que Pablo también hablaba griego.

Todas estas habilidades le fueron de mucho provecho a Pablo en este momento, tal vez durante el resto de su vida no las veía como una herramienta, sino que pensaba que simplemente hacían parte de su identidad y ya. No obstante, Dios no hila las cosas en vano, siempre las hace con un propósito específico.

Fue así como logró hallar gracia ante los oídos de los hombres esta vez, y esto le abrió una oportunidad nueva. Es importante resaltar que todo esto continuaba siendo motivado por el amor de aquel hombre para con el mensaje de salvación; todo esto le sirvió de combustible para caminar hacia la meta.

Reflexión

Tal vez antes, no había sido de tanto provecho el entendimiento de varios idiomas para Pablo; ahora, esto le abría una oportunidad de que lo escucharan y quisieran ayudarle. En un mundo (el de la época) en el cual existían varias culturas mezcladas por un solo señor (los romanos), encontrarse a alguien que tuviera los mismos principios era algo realmente memorable, pues era escaso que esto se diera, sobre todo en las culturas que habían sido tomadas a la fuerza por el imperio de Roma.

Hoy día, seguramente nuestro entorno es muy diferente, nos encontramos rodeados de personas de la misma cultura, y es que el tiempo ha cambiado mucho así como también las condiciones de vida. Para ellos, conocer a alguien que hable su misma lengua era tan memorable como cuando un extranjero, que pasa en un país nuevo un tiempo de manera ilegal, se encuentra con otro compañero que anda en las mismas y que hace parte de la región o país que seamos nosotros. Es algo que, si bien puede parecer simple, tiene un valor muy grande dentro de nosotros.

Eso fue lo que experimento aquél hombre, el comandante que estaba a cargo de cuidar a Pablo, y esto le hizo tener compasión de aquel hombre y darle la oportunidad que realmente necesitaba, pues para él, no predicar se convertía en una carga pesada.

Llamado a la acción

En este nuevo día, procuremos encontrarnos con nosotros mismos, a través del reconocimiento de nuestras habilidades. A todos, el Señor nos ha dotado con una u otra cualidad; estas no fueron puestas en nuestras vidas para hacer solo lo que a mí me corresponde, sino que es necesario que todos estos talentos se pongan al servicio de Dios, no viéndonos a nosotros mismos como dignos de gloria, cuando en realidad quien la merece toda es Dios.

Si mostramos aquello que verdaderamente llevamos dentro, aquello que se sobrepone a la naturaleza y a la realidad o más bien a la lógica, para actuar de tal manera que solo glorifiquemos el nombre de Dios, encontraremos un gran propósito en nuestras vidas, pues en realidad me sorprende cómo el amor de Dios nos alcanza todos los días y nos enseña que el verdadero camino es el amor.

Oración

Amado Dios, tuyo es el poder y la gloria; nuestra vida es una ofrenda delante de Ti. No permitas que me crea más que esto, Señor, pues no quiero una gloria que no me pertenece. Ayúdame a poner mis dones al servicio de los demás, ayudándonos entre sí y comenzando a crecer libremente cada mañana. Te agradezco todo tu amor y misericordia, en el nombre de Jesús. Amén.


Descubre más desde Manuel Monsalve

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


Deja un comentario