Devocional diario: La defensa de Pablo.

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Editado por: Manuel Monsalve

5–8 minutos

Basado en hechos 22: 1 – 21

  1. Texto de estudio
  2. Estudio
  3. Reflexión
  4. Llamado a la acción
  5. Oración

Texto de estudio

«Hermanos y padres, escuchen lo que tengo que decir en mi defensa.» Al oír la gente que Pablo les hablaba en arameo, guardaron aún más silencio. Entonces Pablo continuó: «Yo soy judío. Nací en Tarso de Cilicia, pero me crie aquí en Jerusalén y estudié bajo la dirección de Gamaliel, muy de acuerdo con la ley de nuestros antepasados. Siempre he procurado servir a Dios con todo mi corazón, tal como hoy día todos ustedes lo hacen.

Antes perseguí a muerte a quienes seguían este nuevo Camino, y arresté y metí en la cárcel a hombres y mujeres. De esto son testigos el jefe de los sacerdotes y todo el consejo de ancianos. Ellos me dieron cartas para nuestros hermanos judíos en Damasco, y fui allá en busca de creyentes para traerlos aquí a Jerusalén y castigarlos. »Pero mientras yo iba de camino, ya cerca de Damasco, a eso del mediodía, una fuerte luz del cielo resplandeció de repente a mi alrededor, y caí al suelo. En seguida oí una voz que me decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Yo pregunté: “¿Quién eres, Señor?” Y la voz me contestó: “Yo soy Jesús de Nazaret, el mismo a quien tú persigues.” Los que iban conmigo vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba.

Yo pregunté: “¿Qué debo hacer, Señor?” Y el Señor me dijo: “Levántate y sigue tu viaje a Damasco. Allí se te dirá todo lo que debes hacer.” Y como el brillo de la luz me dejó ciego, mis compañeros me llevaron de la mano a Damasco. »Allí había un hombre llamado Ananías, que era muy piadoso y obediente de la ley de Moisés. Todos los judíos que vivían en Damasco hablaban muy bien de él. Ananías vino a verme, y al llegar me dijo: “Hermano Saulo, recibe de nuevo la vista.” Y en aquel mismo instante recobré la vista y pude verlo.

Luego añadió: “El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, para que veas al Justo, y de sus propios labios oigas su voz. Ante el mundo entero tú serás testigo suyo de lo que has visto y oído. Y ahora, no esperes más, ¡levántate y bautízate, e invoca el nombre del Señor para que quedes limpio de tus pecados.” »Cuando yo regresé a Jerusalén, fui al templo a orar, y tuve una visión. Vi al Señor, que me decía: “Date prisa, sal pronto de Jerusalén, porque no van a creer lo que digas acerca de mí.” Yo le dije: “Señor, ellos saben que yo iba por todas las sinagogas, y que golpeaba y encarcelaba a quienes creían en ti; y cuando mataron a tu testigo Esteban, yo mismo estuve allí y aprobé su muerte, e incluso cuidé la ropa de quienes lo mataron.” Pero el Señor me dijo: “Ponte en camino, que voy a enviarte a quienes están lejos y no son judíos.”»

Hechos 22:1-21

Estudio

Pablo se refugia en la verdad de lo sucedido, lo hace en su lenguaje materno, él expresa de manera resumida pero sin dejar de lado los aspectos que son relevantes para que le comprendan la historia de manera completa, y relata lo sucedido cuando conoció el mensaje que debía transmitir, no lo hizo de manera que pudiera justificarse, sino que lo hizo de manera sincera, transmitiendo los eventos tal y como sucedieron, agregando también las pruebas respectivas, con nombres de personas que podrían corroborar que lo dicho era o no cierto.

Todo esto surgió como una confesión, una que esperaba que tuviera lugar en el corazón de los oyentes y que de esta manera pudieran comprender un poco el ¿por qué? de su propósito y de su perseverancia, pues no recibió el llamado por emoción, sino de manera sobrenatural, el cual afecto su vida por completo y le mostró una nueva forma de vivir y de hacer las cosas.

Reflexión

Seguramente, si nosotros hubiéramos experimentado lo que vivió Pablo, nuestro pensamiento hubiera cambiado; es decir, una cosa es escuchar lo que alguien te dice que Dios tiene para ti, pero algo muy diferente es que sean las palabras de Jesús las que suenen en tu oído y te llamen al cambio. De eso se trata conocerle; de eso se trata buscarle día tras día.

Pablo vivió de tal manera que, si bien sus actos podían juzgarse desde la mirada de los religiosos de la época, también reflejaban el amor de Cristo al mundo, pues se convirtió en un imitador de su presencia, de su amor y de su misericordia al mundo. Por ello, logró conquistar a muchos al camino del Señor.

Su mensaje era diferente en gran manera al de los líderes de la época, su forma en cómo lo transmitía también tenía una característica diferente: había conocido la verdad de manos de quien en realidad la poseía. Si bien muchos lo perseguían, no podían negar que cosas grandiosas sucedían gracias al trabajo que realizaba y a lo que Dios había depositado en él.

Llamado a la acción

Es tiempo de que nuestra defensa sea la verdad. Si bien Pablo pudo haber mencionado muchas cosas para excusar su proceder, él se refugió en la verdad. Lo estaban culpando de denigrar su religión, algo que era totalmente condenable para la cultura judía, así que sus palabras tenían que ser medidas en gran manera. Cualquier dato o cualquier insinuación de situación que no fuera agradable a sus oídos podría llegar a ser el juicio directo.

Para su bienestar, quienes eran las autoridades en ese momento eran el pueblo romano, aquellos que tenían dentro de su cultura y pensamiento que la religión era un tema mucho más abierto, más libre, que para la cultura judía. Ellos venían de otro pensamiento, uno que habían adoptado durante el paso del tiempo, a través de su invasión a otras culturas; esto había causado que su pueblo fuera mucho más libre.

Si bien esto ayudaba un poco en medio de todas estas situaciones, no era tampoco un justificante para hacer muchas cosas basadas en esa libertad, pues al fin de cuentas Pablo era judío, por lo cual, era más importante para él su imagen dentro de este pueblo.

Pero aquel hombre basó su defensa en la verdad, algo que muchas veces nosotros evadimos; preferimos decir una parte de las cosas con el fin de protegernos, o porque tal vez nuestros actos nos juzgan más que lo que los demás puedan hacerlo. Para poder basarnos en la verdad, debemos proceder en la justicia, aquella que se otorga por cumplir con los lineamientos de Dios en nuestras vidas.

Oración

Amado Dios, ayúdanos a vivir de manera íntegra, a como dice tu palabra, procurar presentarnos delante de ti como obreros que no tienen de qué avergonzarse, que ese sea el camino que todos los días podamos caminar, que no dejemos de hacerlo insistentemente, de tal manera que el día que se nos presente la necesidad de defendernos, la verdad pueda ser nuestro refugio, pues sabemos que detrás de ella, el Señor ha guiado nuestros pasos; te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.


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