Devocional diario: Pablo y el comandante.

por

in

Editado por: Manuel Monsalve

3–5 minutos

Basado en Hechos 22: 22 – 29

  1. Texto de estudio
  2. Estudio
  3. Reflexión
  4. Llamado a la acción
  5. Oración

Texto de estudio

Hasta este punto lo escucharon. Pero luego comenzaron a gritar: «¡Ese hombre no merece vivir! ¡Bórralo de este mundo!» Y como seguían gritando, y sacudían sus ropas y lanzaban polvo al aire, el comandante ordenó que metieran a Pablo en el cuartel y que lo azotaran hasta que confesara por qué la gente gritaba en su contra. Pero cuando ya lo tenían atado para azotarlo, Pablo le preguntó al centurión que estaba presente: —¿Tienen ustedes autoridad para azotar a un ciudadano romano, sin antes haberlo juzgado? Al oírlo, el centurión fue a informar de esto al comandante. Le dijo: —¿Qué va a hacer usted? ¡Este hombre es ciudadano romano! Entonces el comandante se acercó a Pablo, y le preguntó: —¿Es cierto que eres ciudadano romano? Pablo le contestó: —Sí. El comandante le dijo: —A mí me costó mucho dinero llegar a ser ciudadano romano… A lo que Pablo respondió: —Pero yo soy ciudadano romano por nacimiento. Al instante, los que iban a azotar a Pablo se apartaron de él; y hasta el mismo comandante, al darse cuenta de que era ciudadano romano, tuvo miedo de haberlo encadenado.

Hechos 22: 22 – 29

Estudio

Los Judíos solo querían que Pablo muriera, aún cuando sus argumentos no fueran suficientes; el comandante no entendía cual era verdaderamente el motivo del enojo del pueblo, así que quiso hacerlo a su manera, por medio del dolor, forzandolo a mencionar el motivo «verdadero» por el cual el pueblo solicitaba que muriera de manera enfática.

Pablo era ciudadano Romano, esto que para los Judíos era en parte el motivo de su enojo, ahora este motivo lo mantenía a salvo, hasta el punto que aún el mismo comandante temía por haberle hecho algo extremadamente duro, pues aquel hombre sabía muy bien que esto podría significar la muerte para él.

Reflexión

Muchos creemos que la razón de nuestra tendencia a equivocarnos son nuestras raíces, nuestras creencias, nuestra cultura; sin embargo, la experiencia me ha llevado a entender que Dios no deja nada al azar, somos nosotros quienes en realidad solo entendemos una parte del contexto.

Muchas veces sentimos estar atrapados entre las normas y nuestros deseos, atrapados en cumplir con los estándares o hacerlo diferente. Encajar se convierte en muchos momentos en una prioridad; sin embargo, Pablo era un judío romano, eso por sí solo habla de alguien que no era muy común. Tenía derecho a ambas nacionalidades, pertenecía al pueblo judío, pero su sangre también era romana.

Él no vio su pasado como algo que lo avergonzara. Si bien los judíos podían alegar que en realidad era romano, y que la cultura de ellos y la de aquel pueblo era muy diferente, Pablo nunca lo vio de esa manera, sino que simplemente vivió y creció aprendiendo de ambas culturas lo que más pudo. Lo hizo el hombre que dijo: «escuchenlo todo, retengan lo bueno y desechen lo malo».

Llamado a la acción

Este espacio de la historia de Pablo se cuenta de una manera diferente; en las otras oportunidades, siempre existía la intervención de Dios, salvándolo de muchas otras situaciones similares. La diferencia era que, en este caso, Dios le había dicho que no fuera a aquel lugar, pero Pablo lo hizo en medio de su sacrificio. Seguramente esto hizo que tuviera que actuar solo, aunque Dios seguía dándole herramientas; de cierta manera, vemos una intervención del Señor mucho menos aparatosa; más bien, Pablo tuvo que aprovechar lo que tenía en su entorno.

Tal vez esperamos que los cielos se abran y descienda fuego sobre lo que nosotros deseamos que sea consumido; sin embargo, muchas veces Dios solo pone elementos a nuestro alrededor. Si vemos bien, vamos a lograr identificar todas las oportunidades que en realidad tenemos; solo debemos aprovecharlo, tomarlo y hacer las cosas que Él espera que hagamos.

¿Qué tal si en este nuevo día buscamos la manera en la cual Dios nos inunda de su amor a nuestro alrededor? Si en lugar de esperar algo sobrenatural en nuestras vidas, empezamos a agradecer los pequeños detalles que Él pone a nuestro alrededor.

Oración

Amado Dios, te pedimos que en este nuevo día tu presencia se haga visible en nuestra vida, permítenos verte, amado Dios, permítenos aprender de ti y de todo aquello que pones a nuestro alrededor, aún cuando nosotros no entendamos el porqué de las situaciones o cómo agradecer, enséñanos a hacerlo, te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.


Descubre más desde Manuel Monsalve

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


Deja un comentario