Editado por: Manuel Monsalve
Basado en Hechos 23: 1 – 12
Texto de estudio.
Pablo miró fijamente a los del Consejo, y les dijo: —Hermanos, hasta el día de hoy yo he vivido con la conciencia tranquila delante de Dios. Entonces Ananías, que era sumo sacerdote, mandó a los que estaban cerca de Pablo que lo golpearan en la boca. Pero Pablo le contestó: —¡Hipócrita! ¡Quien lo va a golpear a usted es Dios! Si usted está sentado ahí para juzgarme según la ley, ¿por qué viola la ley al mandar que me golpeen? Los que estaban presentes le dijeron: —¿Así insultas al sumo sacerdote de Dios? Pablo respondió: —Hermanos, ¡yo no sabía que se trataba del sumo sacerdote! Ciertamente, las Escrituras dicen: “No maldigas al que gobierna a tu pueblo.” Y al darse cuenta Pablo de que algunos del Consejo eran del partido saduceo, y otros del partido fariseo, dijo con fuerte voz: —Hermanos, yo soy fariseo, de familia de fariseos; y se me está juzgando porque espero la resurrección de los muertos. En cuanto Pablo dijo esto, los fariseos y los saduceos comenzaron a discutir entre sí, y la reunión se dividió. Y es que los saduceos no creen en la resurrección, ni en ángeles ni espíritus; en tanto que los fariseos sí creen en todo esto. Entonces se armó un gran alboroto, al punto de que algunos maestros de la ley del partido fariseo se levantaron y protestaron enérgicamente. Y dijeron: —Este hombre no ha hecho nada malo; tal vez le ha hablado un espíritu o un ángel. Como el altercado era cada vez más violento, el comandante tuvo miedo de que hicieran pedazos a Pablo; así que ordenó a unos soldados que bajaran y lo sacaran de allí a la fuerza, para llevarlo de nuevo al cuartel. A la noche siguiente, el Señor se le apareció a Pablo y le dijo: «Ánimo, Pablo, porque así como has dado testimonio de mí aquí en Jerusalén, así tendrás que darlo también en Roma.»
Hechos 23:1-11
Estudio.
Definitivamente, Pablo aprovechaba cada uno de los elementos que se le cruzaban en el camino. En esta oportunidad, quiso dar su testimonio de manera tranquila, pero los oyentes, en este caso, no querían oír, lo cual llevó a Pablo a equivocarse al tratar de discutir con el sumo sacerdote, quien tenía la autoridad en ese momento del consejo; sin embargo, Pablo no lo sabía.
Aquel concejo estaba conformado por dos grupos geográficos y culturales que tenían conceptos y creencias diferentes; por un lado estaban los Saduceos, quienes eran los descendientes de Sadoq, quien a su vez fue el primer sumo sacerdote del nuevo templo y pieza clave para la asunción del trono del rey Salomón. Ellos eran normalmente miembros de la alta sociedad de aquel tiempo. Por otro lado, se encontraban los Fariseos, aquellos que habían perseguido a Jesús. Aquel grupo había surgido de manera clara luego del tiempo en cautiverio en Babilonia; ellos creían en la necesidad de mantener las creencias ligadas a la ley y eran defensores de la línea rabínica del judaísmo, es decir, defendían en gran medida al sumo sacerdote.
Los saduceos estaban de acuerdo con la helenización de la cultura judía, mientras que los fariseos se oponían al control romano y deseaban que el sumo sacerdote fuera el líder político del pueblo; por lo tanto, entre ellos mantenían un conflicto interno muy grande. Esta situación fue lo que aprovechó Pablo para mantenerse a salvo por un tiempo más.
Reflexión.
Durante los tiempos difíciles que vivía Pablo, Dios seguía hablando a su corazón, realmente seguía cuidando de él, mostrándole alternativas cada día, tanto así que el mismo Señor le anima a seguir de esta manera, pues ahora el propósito es que Pablo pueda dar el mensaje al mismo emperador; ahora la oportunidad yacía delante de él y debía aprovecharla.
Seguramente Pablo no pensaba que algo así fuera a suceder, sobre todo cuando empezó a caminar hacia Jerusalén de manera enfática, sin importar las amenazas del pueblo o lo que el Señor le decía a través de todos los mensajeros; sin embargo, ahora se encontraba con la oportunidad de su vida. Realmente, el principal efecto de que el emperador escuchara el mensaje de Pablo es que, si él cambiaba de parecer, tenía la potestad de hacer cambiar de parecer a todo el reino; esto era algo extremadamente poderoso para la época.
Hoy día tú y yo no sabemos a dónde nos va a llevar el Señor, ni cuál sea el propósito de eso; muchos nos esforzamos por vivir alcanzando metas y sueños, tal vez con la misma insistencia que Pablo tenía cuando se dirigía hacia Jerusalén, y vemos que, aun cuando pensemos hacer nuestra voluntad, Dios actúa a través de ella y su palabra se cumple. De hecho, tal vez es necesario ese empoderamiento para lograr llegar al lugar indicado.
Llamado a la acción.
Hoy no te detengas por amenazas de la sociedad o del pueblo, tu esperanza y propósito debe ser cumplir la voluntad de Dios; si lo haces, seguramente lograrás llegar al lugar indicado. Eso no significa que llegues a donde has soñado, sino que tal vez el plan cambie un poco a lo largo del camino. Lo importante es tener claro que, en todas las situaciones, no importa cómo parezcan, ahí está el Señor, que es quien toma las decisiones relevantes; mientras nosotros pensamos si ir o no ir, él ya sabe lo que sucederá y simplemente, en su grandeza, une los hilos que nos conllevan a cumplir su voluntad.
Entrega tu camino al Señor, y Él hará, dedicale tu vida, y Él se enseñoreará de ti, hará de tu vida su instrumento, pero para ello es necesario renunciar conscientemente a nuestra voluntad, entendiendo que el plan de Dios es mucho más grande e importante que nosotros mismos.
Oración.
Amado Dios, hoy pongo delante de tu presencia mi vida entera, te ruego que me acompañes en cada uno de los lugares a los cuales vaya, permíteme encontrar todas tus oportunidades, aquellas que me das diariamente con el ánimo de que no me detenga, sino que continúe. Ayúdame, Señor, a verlas y entenderlas de tal manera que quiero hacer tu voluntad, aprender a renunciar diariamente a mí mismo, con el fin de que seas Tú creciendo en mi interior, y que mi vida logre de esta manera ser un reflejo claro de tu voluntad. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.
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