¡Nos ha nacido un niño!

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8–13 minutos

Aquí encontrarás dos formas de leer este mensaje: una versión completa y otra resumida. Escoge la que prefieras.

  1. Versión resumida
    1. 1. La ilusión de diciembre
    2. 2. Entre consumo y contradicciones
    3. 3. Historias que transforman
    4. 4. El verdadero regalo
  2. Versión completa
    1. La ilusión de la navidad
    2. Entre consumo y contradicciones
    3. Historias que transforman
    4. El verdadero regalo

Versión resumida

1. La ilusión de diciembre

Siempre hemos pensado en lo maravilloso que es la Navidad, aunque no todos la viven igual. En nuestro país, estas fechas se esperan con gran interés por dos motivos principales:

  • El cambio en la rutina: horarios distintos, responsabilidades más ligeras, la sensación de descanso.
  • La esperanza de un nuevo comienzo: el año que termina con sus altibajos da paso a otro lleno de expectativas.

Diciembre nos brinda todas las excusas para salirnos del molde, comprar lo que hemos deseado durante el año y compartir con nuestros seres queridos. Sin embargo, también despierta nuestro espíritu consumista, alimentado por estímulos que nos hacen pensar que es momento de gastar.

2. Entre consumo y contradicciones

No conozco cómo se vive la Navidad en otros lugares, pero en mi entorno se celebra con intensidad. Tanto, que diciembre es estadísticamente el mes con más accidentes laborales y de tráfico, producto de la libertad que creemos manejar.

¿Qué significa verdaderamente la Navidad?

  • Para algunos, es tiempo de celebrar en familia.
  • Para otros, es época de gastos y compromisos.
  • Algunos la ven como diversión sin límites.
  • Otros la consideran injusta o hipócrita, pues depende de lo que tengamos o aparentemos.

Todas estas percepciones tienen algo de verdad. Quien tiene familia comparte con ella; quien tiene fe agradece a Dios por su sacrificio; quien aporta económicamente siente el peso de los gastos; y quien ha trabajado sin descanso busca entretenimiento, a veces desmedido.

3. Historias que transforman

Un barrio de clase media reúne familias de distintos niveles económicos. Los hijos juegan juntos todo el año, pero en Navidad reciben regalos diferentes, según la capacidad de sus padres.

  • Un niño se siente afortunado con el juguete que deseaba.
  • Otro se siente decepcionado porque lo suyo no cumple sus expectativas.

Lo que parece un detalle inocente se convierte en un modelo de pensamiento que puede marcar la vida entera. Así, la Navidad refleja nuestras diferencias sociales y económicas, y nos recuerda la importancia de enseñar a nuestros hijos el valor verdadero de estas fechas.

4. El verdadero regalo

Más allá de lo material, la Navidad es un llamado a compartir tiempo, amor y fe. Los regalos son símbolos, pero no deben sustituir nuestra presencia.

“No compramos con dinero, en realidad lo hacemos con tiempo…” — Pepe Mujica

El mejor obsequio no es el más costoso, sino el que nace de nuestra dedicación. Jugar al fútbol con nuestros hijos, ver una película juntos o conversar en familia vale más que cualquier objeto.

La Navidad nos invita a enseñar humildad y gratitud. Las cosas materiales aportan momentos, pero no transforman una vida. Lo que realmente permanece es crecer con papá y mamá al lado, entendiendo que el mayor regalo ya nos fue dado: Dios mismo.

Versión completa

La ilusión de la navidad

Siempre hemos pensado en lo maravilloso que es la Navidad, no obstante, no lo es así para algunos. Hablo desde el punto de vista que me ofrece mi cultura, mi entorno; es un sentimiento general en nuestro país. Esperamos estas fechas con demasiado interés, y he notado que es así por dos motivos principales.

Por un lado, el hecho del cambio en nuestra rutina, pues en esta época todo es diferente: las horas de acostarse, de levantarse, las responsabilidades, lo cual hace que se piense que esta época es un descanso. Por otro lado, también significa que un nuevo año está a punto de comenzar; aquel que iniciamos, con algunos altibajos a veces, está a punto de terminar, y la esperanza de un nuevo comienzo ya empieza a desprender su olor agradable.

La ventaja de diciembre es que tiene la característica especial de que nos brinda todas las excusas para salirnos del molde, para comprar aquellas cosas que tenemos en mente durante todo el año. Y dentro de la excusa que este tiempo aporta, por supuesto que nuestro espíritu consumista, o bueno, el deseo que nos han impuesto a través de los estímulos, nos hace pensar que es momento de pensar un poco en nosotros, también en nuestros hijos y seres queridos.

No conozco el entorno en otros lugares del mundo, pues no he tenido esa oportunidad, o bueno, eso no ha hecho parte de los planes de Dios para conmigo. No obstante, sí puedo hablar del mío, y aquí se vive de manera intensa este tiempo. De hecho, es tan así que estadísticamente es el mes en el cual más incrementos hay en los accidentes laborales, además de los eventos de tráfico, entre otras conductas que se desencadenan producto de la libertad que pensamos tener, la cual estamos convencidos de poder manejar.

Entre consumo y contradicciones

¿Qué significa la Navidad verdaderamente? ¿Que significa para ti?

Pues bueno, realmente no es una pregunta que tenga una sola respuesta, pues depende de varios factores, principalmente del entorno en el cual hemos crecido. Por un lado, se encuentran los que piensan que la Navidad es tiempo de celebrar en familia; por otro lado, tiempo de muchos gastos. También está el que piensa que es tiempo para no abstenerse de divertirse, y bueno, cada quien tiene su forma de hacerlo. Otro pensamiento que algunos tienen es que la Navidad es un tiempo de injusticia, pues se disfruta en medida de lo mucho o poco que tengamos, o que es un tiempo para ser hipócritas, pues a veces aparentamos más de lo que tenemos, o nos fijamos más en las cosas de los demás que en las nuestras.

Si bien todos estos conceptos pueden parecer contraponerse, solo revelan que estamos llenos de personas que viven de manera diferente; todos ellos son ciertos, o al menos tienen algo de verdad en medio de sus líneas, pues quien tiene familia seguramente puede compartir con ellos, por supuesto, siempre que sea posible hacerlo, pero ese concepto no se conserva en el corazón de aquellos con familias un poco diferentes. Quien tiene el amor de Dios en su corazón, no en las bendiciones o milagros, sino en Él, considera que es tiempo de agradecer su sacrificio, aunque el 25 de diciembre como tal no fue su fecha de nacimiento, sabemos que es eso lo que conmemoramos, y quien piensa de esta manera, por supuesto que conserva este pensamiento como motivación para la Navidad.

Para aquellos que aportan el dinero a la casa o familia, la Navidad es una época de gastos, pues los regalos, la decoración, la comida, la ropa y todo lo que se «debe» hacer tiene un costo, y esto, por supuesto, recae sobre alguien en específico. Ese alguien, seguramente piensa: «Dios, la Navidad es costosa». Algunos tienen una vida muy ajetreada; durante todo el año solo se han dedicado a trabajar. En nuestro país esto es algo que a veces puede llegar a ser muy desgastante, y muchas veces, poco a poco, vamos reprimiendo la necesidad de entretenimiento, lo cual abona con el paso de los meses una necesidad de hacer algo tal vez un poco desmedido. Es muy común que para estas épocas algunas familias o individuos de ellas se reúnan para tomar licor, y de esta manera «divertirse», aprovechando las festividades y el entorno como tal que se genera alrededor de la Navidad.

Historias que transforman

El último argumento también es válido, y creo que la mejor manera de representarlo es una pequeña historia: un barrio de clase media en el que viven varias familias de diferentes clases sociales en realidad. Los de media buscan algo económico para poder lograr alcanzar otras cosas; los de baja buscan la tranquilidad que ofrece un barrio como este, así que se torna un punto perfecto para el próximo escenario.

Si bien las familias manejan presupuestos diferentes, los hijos no lo tienen muy claro del todo, y son niños al fin de cuentas, así que a la hora de jugar, todos pueden hacerlo por igual. Hablo de mi país, en el cual los eventos de matoneo y demás realmente no han llegado a un punto tan crítico como en otros lugares. Lo explico porque sé que algunos lectores tienen otros entornos. Estos niños se hacen amigos; durante todo el año jugaron incansablemente (lo digo prácticamente de manera literal).

A fin de año, cuando llega la Navidad, ambos reciben un regalo, por supuesto, esto siempre va a estar alineado con la capacidad económica de sus padres. Como son niños, van a querer mostrarlo, usarlo, y por supuesto lo hacen con sus amigos. Y aquí surge, muchas veces, la raíz de estos dos pensamientos que nos restan: uno de ellos siente que fue afortunado, pues tuvo la oportunidad de disfrutar de un juguete que deseaba, uno que tal vez había querido durante todo el año, mientras que el otro niño siente que lo que recibió no es nada, pudo haber recibido algo más.

Con el paso del tiempo, algo tan simple se convierte en un modelo de pensamiento, y en torno a una época tan humilde y especial en realidad, crecen un sinnúmero de argumentos que pueden alterar nuestra vida entera; hoy por hoy, veo a mi alrededor, personas que no aprecian la navidad por algunas cosas que les sucedieron en el desarrollo de la vida, lo cual me hace traer a colación dos elementos claves, que es lo que para finalizar quiero que tengan en mente.

El verdadero regalo

Primero, es nuestro deber moral, enseñar a nuestros hijos el valor verdadero de la navidad. Está bien que disfruten de los regalos, para eso se los damos, pero lo más importante no es el regalo en sí, eso solo es un objeto material que tal vez representa nuestro amor hacia ellos. Este valor no siempre es dado por un sentimiento; muchas veces se da con el fin de ocultar muchas otras cosas que pretendemos esconder, como la falta de tiempo, interés, presión social, dentro de muchas otras, pero igual, queremos pensar que es por amor que lo hacemos.

Más allá de eso, realmente deberíamos intentar que ellos puedan ver que Dios nos dio el regalo más preciado, un día como el que celebramos hoy, y que por ello, nosotros replicamos esa actitud.

Y por último, el pensamiento de un gran hombre uruguayo, Pepe Mujica, dijo: «no compramos con dinero, en realidad lo hacemos con tiempo, pues el dinero que aportas para el pago de las cosas es tan solo la devolución de tu tiempo invertido a una actividad». Y esto es lo más importante de todo esto; tal vez nos pasamos la vida persiguiendo el dinero, y vaya que es importante, pero cuando nos damos cuenta estamos cerca de alcanzar el dinero, pero perdimos la vida.

Es preferible no darle un regalo costoso a nuestros hijos, pero jugar al fútbol con ellos, o acostarnos a ver una película, compartir con ellos vale más que todo lo demás. Eso es fundamental para su crecimiento, para su desarrollo, y los que somos papás me entenderán cuando digo que normalmente queremos ver a nuestros hijos felices. Y yo te digo, es más placentero sentarte a conversar con papá o mamá, compartir con ellos, que recibir un juguete muy costoso y que sea lo único que reciban de ti.

Es necesario que enseñemos a nuestros hijos a vivir de manera humilde, entendiendo que las cosas materiales son bellas, aportan momentos chéveres, que también quedan en el corazón, pero no transforman una vida; solo nos hacen distraernos en ellas para olvidarnos de quién somos verdaderamente y de las luchas que tenemos a diario. Si ellos logran entenderlo, estoy seguro de que la próxima vez, tal vez reciban un regalo no tan costoso, pero estarán dichosos de crecer con papá y mamá a su lado.


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