Editado por: Manuel Monsalve
Basado en 1 de Tesalonicenses capítulo 1
Texto de estudio
Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los tesalonicenses en Dios Padre y en el Señor Jesucristo: Gracia y paz sean a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros, haciendo memoria de vosotros en nuestras oraciones, acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo.
Porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección; pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros. Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo, de tal manera que habéis sido ejemplo a todos los de Macedonia y de Acaya que han creído.
Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no solo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada; porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera.
1 TESALONICENSES 1:1-10
Estudio
Está es probablemente la carta más antigua del nuevo testamento, y la primera de la cual se tiene registro que Pablo escribió. Por ello, la intención de continuar aquel camino de Pablo, entendiendo que durante el libro de los Hechos se reflejan en gran medida sus decisiones, y cómo éstas lo condujeron al lugar que, sin lugar a dudas, debería ocupar.
Es necesario que aprendamos algunas cosas de Pablo, pues su ejemplo nos permite ver cómo debería comportarse en realidad un verdadero cristiano y creyente. Si lo vivía de esta manera, era porque seguramente sabía que debía hacerlo, es decir, tenía un fundamento lo suficientemente grande como para aconsejar a los demás.
Fue así como surgieron las epístolas, para tratar algunos temas específicos de las iglesias que se habían conformado en sus respectivos viajes. Esto se debe a que la información en aquellos tiempos era demasiado restringida. De hecho, de alguna manera, el cristianismo que todos conocemos, o al menos del cual hemos escuchado algo, ha llegado a la mayoría de las personas a través de la tradición oral, más que del uso de medios tecnológicos, sin decir, obviamente, que hoy día no se utilice en gran medida esta vía. No obstante, el inicio de todo fue la tradición oral, misma que empezó a desarrollarse a través del ministerio de Pablo.
En este caso, su saludo a la iglesia de Tesalónica, aquella iglesia que le recibió sin ser iglesia, que escuchó el mensaje y decidió creer en aquello que estaban oyendo, fueron prestos para escuchar, para cuidar de aquel mensajero que Dios había enviado a ellos. Ahora, eran un motor fundamental en el proceso de la expansión del mensaje de salvación, las verdaderas buenas nuevas.
Reflexión
El primer paso que debemos procurar caminar es aquel que nos conduzca al conocimiento de Dios; cuando logramos entender su mensaje, vivirlo se convierte en una necesidad, no un reto, sino una necesidad marcada, pues ya tienes las razones suficientes para esforzarte. Creo verdaderamente que ahí radica la clave de todo.
Si bien Pablo recibió una revelación de parte de Dios, y tal vez nosotros entendimos el mensaje de una forma diferente, esto por sí solo no era motivo suficiente para permanecer, sino que se necesitaba una comunión, un continuo aprendizaje de lo que en realidad significaba el sacrificio de Jesús en la cruz. Solo de tal manera podría salir a la calle, caminar y viajar varios días, y llegar a un lugar con la convicción tan alta que lograba discutir con los maestros de la ley.
Aun cuando Pablo era un fariseo, es decir, conocía la ley perfectamente, esto no era necesariamente algo bueno, pues tenía delante de sí un monte extremadamente alto que trepar o superar: el de confrontarse con sus creencias más arraigadas, para al final comprender una verdad ineludible. No me imagino que todo eso sucediera mágicamente, sino que era el resultado de una vida de comunión.
Pablo primero conoció a Jesús, se confrontó y logró encontrar respuestas a sus preguntas, para luego de eso transmitir el mensaje a los demás. Aparte, no se movía solo, sino que el Espíritu Santo se encontraba con él, le ayudaba y le guiaba durante los procesos.
Llamado a la acción
Muchos desean compartir la palabra de Dios; tienen en su corazón el deseo de compartir con todos aquellos que tienen a su alrededor, y esto es un sentimiento muy noble. En realidad, es un llamado, pues, por otro lado, existen algunos a los cuales expresar el mensaje de la cruz no se les facilita ni tampoco les apasiona mucho.
No se trata de que uno u otro lado sea bueno o malo; después de todo, el hecho de compartir es importante, pero sé muy bien que Dios prefiere hijos que se esfuercen por agradarle, por conocerle, por hacer realmente lo correcto, en lugar de que tal vez compartamos el mensaje, pero nuestro ejemplo sea todo lo contrario.
Por otro lado, y no menos importante, tampoco está bien el hecho de que solo quieras aprender y llenarte de todo el conocimiento y presencia de Dios si solo lo quieres para ti, para tal vez desde aquella montaña de conocimiento ver a los pecadores y pensar que tal vez eres más que ellos, o al menos que tú sí eres ejemplar.
La vida es un constante equilibrio entre uno y el otro lado; por ello, es importante que entendamos que primero es nuestro deber conocer a Dios y, segundo, es nuestro llamado ayudar a otros a salir de las tinieblas de la ignorancia, no refiriéndome en cuanto a lo general, sino ignorancia de manera específica a aquello que no conocemos, como lo es Dios. Así como también es importante compartir aquel mensaje, porque no es solo tuyo, no pagaste nada por él, sino que llegó grato a tu vida.
Oración
Amado Dios, yo quiero ser un instrumento en tus manos, realmente quiero que mi ejemplo, mis palabras, mis actos reflejen el amor que tú has puesto en mi corazón, aquella imagen que tengo de ti verdaderamente; Señor, te ruego que me permitas conocerte un poco más, ayúdame a acercarme a ti de manera más constante e intensa, que no encuentre tranquilidad si tú no estás a mi lado, ayúdame para ser verdaderamente tu hijo, te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.
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