Devocional diario: Creación y orden en nuestras vidas

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Basado en Génesis 1: 11-31

Continuando con el relato de la creación, podemos observar que Dios le dio la orden a la tierra de producir hierba (vs. 11). Me sorprende ver el nivel de especificidad de Dios en algo tan «sencillo» (teniendo en cuenta que Él es Dios); lo hizo de una forma tan clara que inclusive indicó las características que debía tener esa producción, el género e inclusive cómo se preservarían. Posterior a esa orden, la tierra comenzó a reproducirse, y no solo lo hizo una vez, sino que continúa haciéndolo hasta el día de hoy.

Hay algo que me llama la atención en especial: ¿Cuál era la necesidad de que tuvieran semilla? Y sorprendentemente comprendo que el propósito de esta característica no es otro diferente al de garantizar de esta manera la continuidad del género. Y es que eso también me permite ver que Dios desea autonomía en su creación, la capacidad para cumplir su palabra siempre.

Dios, a través de la creación, nos enseña la importancia del orden. Él no quería que la hierba produjera árboles (vs. 12); para ello, clasificó cada elemento de tal manera que se mantuviera activo por sí mismo (autónomo), pero sin alterar su orden específico. Ahora bien, al igual que lo hizo con la hierba (la semilla y el género), también lo hizo con el ser humano, pues fue creado para reproducirse según su especie y, de esta manera, garantizar su continuidad.

Después de esto, Dios puso las lumbreras sobre la expansión de los cielos (vs. 14). ¿Lumbreras? ¡Sí! El sol y la luna. De esta manera, no solo trajo un orden a cada momento específico del día, sino que dio señorío a cada astro en su respectivo momento: el sol a cargo del día y la luna responsable de la noche (metafóricamente hablando). De esta manera, además de darle un orden y una función, garantizó que se mantuviera autónomo su funcionamiento, y así logró también separar la luz de las tinieblas.

Un punto clave en este momento es el entendimiento de los ciclos, pues, al igual que con las plantas, Dios contempló sus etapas: nacer, crecer, desarrollarse, morir y continuar haciendo; ahora hizo lo mismo con el orden de la luz. Hoy por hoy podemos ver y entender que en cada momento suceden cosas necesarias para que la vida continúe desarrollándose. Ahora bien, cada ser humano tiene una asignación especial de parte de Dios: unas acciones que son para el día y otras que son para la noche, tanto el hombre como la mujer.

Por otro lado, el agua (vs. 20) y la tierra (vs. 24) no se quedaron atrás; Dios también les asignó sus funciones. Ellos también tienen una misión: la de producir seres vivientes cada uno según su entorno, entre ellos los monstruos marinos y seres terrestres según su género, además de las aves para volar por los cielos, cada una según su especie. En este mundo que estaba construyendo, nadie estaría haciendo nada; todos cumplirían su función según su capacidad y su propósito.

Cada uno fue bendecido con la fructificación y la multiplicación para conservar su especie. La tierra tuvo la gran responsabilidad de producir seres vivos (excepto al hombre). Dios se aseguró de que todo lo que iba creando tuviese una utilidad o función; una vez completando este hermoso universo (aún cuando para muchos no lo sea) y cada elemento cumpliendo con su rol específico, fue cuando eligió crear al hombre (vs. 26).

Pero este nuevo ser o creación tendría algo más especial, (¿especial?) y es que tendría la semejanza con su creador; por lo tanto, no sería como las demás criaturas. Este nuevo ser tendría la capacidad de pensar, comunicarse, tomar decisiones, asociarse, todo esto en semejanza con su creador. Sería un ser no solo material, sino con algo que lo diferenciaba en gran medida de todo lo demás: su espíritu. Este nuevo ser tendría la capacidad de comunicarse con su creador y sería responsable de administrar toda aquella riqueza que se le entregaría; además, debería reproducirse según su género. Creo también a la mujer y a su vez le dio una asignación especial (seguramente las mujeres dirán ¡muy especial!): la de ayudar al hombre. Sería su apoyo para realizar aquella labor tan grande que Dios le había encomendado (la de administrar todo, vs. 28), y en algo con lo cual sí estoy muy de acuerdo, es que su ayuda y compañía permitía que la tarea fuera menos tediosa.

Ambos estarían a cargo de toda la creación. Puede que parezca una tarea sencilla, pero realmente no lo es de ninguna manera (si a veces nos embolatamos solo con nuestros hijos). De esta manera, completando lo visto hasta el momento, podemos observar que absolutamente todo lo que Dios creó tenía una función específica que cumplir y, con ello, una responsabilidad delante del Señor.

«Y vio Dios que todo era bueno.»

Reflexión.

Además de lo visto hasta el momento, es importante pensar por un momento que, si bien Adán y Eva tenían todo para vivir plenamente, cumpliendo el propósito de Dios, y más allá de lo que sucedió, podemos observar cómo el plan de Dios para la humanidad fue tan perfecto; todo lo que hizo en esos siete días se mantiene hasta el día de hoy cumpliendo con su función.

Dios es ordenado y nosotros, al ser su imagen y semejanza, deberíamos serlo. Es importante poder observar y analizar dentro de nosotros mismos, y aún en nuestro entorno, qué tenemos por ordenar, qué tenemos por independizar, tal vez nuestros hijos, tal vez nuestra economía, tal vez nuestra habitación (no necesariamente debe ser algo abstracto) y empezar a poner manos a la obra, actuar de tal manera que podamos reflejar lo que verdaderamente somos.

Uno de los problemas más grandes que cursa la sociedad actual es que las cosas están perdiendo su orden natural para tomar un nuevo «orden». Más allá de cuestiones excluyentes o que hieran a alguien, se trata simplemente de entender que somos humanos, y es muy fácil perdernos en el camino si nos apartamos de quién es nuestra luz, nuestro norte y nuestro horizonte.

Hoy, procuremos buscar una forma de ordenar nuestras vidas y acercarnos a Dios, quien siempre está cercano y dispuesto a guiarnos en su camino. Él espera con los brazos abiertos a que lo busquemos de todo corazón, brindándonos la dirección y el consuelo que tanto necesitamos.

«Cercano está el Señor para salvar a los que tienen roto el corazón y el espíritu.»

Salmos 34: 18 RVC


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Una respuesta a “Devocional diario: Creación y orden en nuestras vidas”

  1. […] En él estaba la vida; él era en aquel comienzo la luz, esa luz que resplandeció para que, a través de ella, se percibiera el caos que tenía la tierra. […]

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