Editado por: Manuel Monsalve
San Juan capítulo 12: 12-19
Contenido
Texto de estudio
12 Al día siguiente, la noticia de que Jesús iba camino a Jerusalén corrió por toda la ciudad. Una gran multitud de visitantes que habían venido para la Pascua 13 tomaron ramas de palmera y salieron al camino para recibirlo. Gritaban:
San Juan 12: 12-19
«¡Alabado sea Dios!
¡Bendiciones al que viene en el nombre del Señor!
¡Viva el Rey de Israel!
14 Jesús encontró un burrito y se montó en él; así se cumplió la profecía que dice:
15 «No temas, pueblo de Jerusalén.
Mira, tu Rey ya viene
montado en la cría de una burra».
16 Sus discípulos no entendieron en ese momento que se trataba del cumplimiento de la profecía. Solo después de que Jesús entró en su gloria, se acordaron de lo sucedido y se dieron cuenta de que esas cosas se habían escrito acerca de él.
17 Muchos de la multitud habían estado presentes cuando Jesús llamó a Lázaro de la tumba y lo resucitó de los muertos, y se lo habían contado a otros. 18 Por eso tantos salieron a recibir a Jesús, porque habían oído de esa señal milagrosa. 19 Entonces los fariseos se dijeron unos a otros: «Ya no hay nada que podamos hacer. ¡Miren, todo el mundo se va tras él!».
Estudio
Tras el milagro realizado por el Señor en la familia de Lázaro, toda la población estaba maravillada; jamás se había visto algo semejante, de manera que todo el mundo hablaba de aquello. Así que, al escuchar que Jesús iba camino a Jerusalén, la gente corrió a su encuentro y no solo eso, sino que además cortaron ramas de árboles y tendieron en el piso para que entrara; venía montado en un burrito, dando así cumplimiento a la profecía hecha por el profeta Zacarías en el capítulo 9.
La multitud gritaba:
Alabado sea Dios!
San Juan 12: 13
¡Bendiciones al que viene en el nombre del Señor!
¡Viva el Rey de Israel!»
Las escrituras anunciaban esta manifestación de su Rey, así entraría, así sería recibido; sin embargo, para los líderes judíos, Jesús no era considerado como Hijo de Dios, sino como un impostor que estaba atrayendo a la gente con mentiras. Eso era lo que pensaban; sin embargo, este impostor sanaba enfermos, echaba fuera demonios, daba vista a los ciegos, resucitaba muertos, predicaba la palabra con tanta autoridad que ninguno podía refutar su sabiduría. Aún así, todas estas señales para ellos eran farsas, astucias que usaba para engañar al pueblo.
El hecho de que tantas personas hubieran salido a recibirlo era porque muchos de entre esa multitud habían estado presentes cuando Lázaro resucitó. Muchos de ellos veían en Jesús a un profeta de Dios, un enviado de Dios, y aunque otros se dejaban llevar por las palabras de los líderes, también entre ellos concluían que un hombre común no haría esta clase de milagros. Ninguno los hacía, solo Jesús.

El afán de los fariseos se basaba en su pensamiento de que Jesús estaba atrayendo a todos con Él, basado en sus milagros, señales y prodigios. No obstante, esta era una de las formas de mostrar su poder, ese poder que el Padre le había dado para que los que le vieran y le oyeran creyeran, pues si no lo hacían por sus palabras, lo hicieran a través de sus obras. Con ese propósito, hacía todo.
Aún cuando los fariseos estaban listos para capturar a Jesús, no lo hicieron, en realidad fue el momento en cuando la desilusión llenó sus corazones debido al cumplimiento de la palabra, tal vez fue ese sentimiento el que los llevó a actuar de manera inmediata y severa.
Reflexión
Cuántas obras maravillosas sigue realizando el Señor día tras día en el mundo, su gran poder es manifestado a través de todo lo que hace, y aunque sus proezas son admirables, para muchos pasan desapercibidas, las ignoran; otros, en el afán de lo cotidiano, no perciben sus maravillas, pero otros admiran la creación de Dios en todo su esplendor.
El problema de Jesús, para los ojos de los religiosos de la época, era que aquel hombre se salía del modelo que ellos predicaban, pues, como lo hemos mencionado anteriormente, ellos no conocían propiamente a Dios, tan solo habían oído hablar de Él, conocían una parte muy pequeña de lo que realmente era su majestad; en cambio, Jesús conocía todo de su Padre, Él mismo era Dios.

Hoy día, muchos conocen a Dios de oídas, tal vez el mensaje, tal vez un testimonio, tal vez lo que los líderes o pastores dicen de Dios, pero lo que Él quiere es que lo busquemos y conozcamos personalmente; esa fue la puerta que se nos abrió con la muerte de Jesús. Ahora podemos relacionarnos directamente con Él como hijos, no dejemos que alguien nos hable de lo maravilloso de Él cuando nosotros mismos podemos experimentarlo a diario.
En medio de un mundo lleno de maldad, gobernado por las tinieblas, sigue la tierra produciendo hierba, los animales se siguen reproduciendo, el sol sale de su gran habitación todos los días, la palabra sigue siendo anunciada, y muchos milagros y sanidades ocurren a diario, manifestando así el gran poder de Dios; pero también muchos, aun así, no creen aunque ven las grandes obras y el gran poder creador de Dios.
Las palabras de Dios no caen a tierra vacías, todas y cada una de ellas cumplen su propósito, que tal vez esto no ocurra en nuestros términos, eso es algo diferente; no obstante se cumple, por ello, no podemos perder la fe en aquello que Él nos ha dicho, porque todo se cumplirá tal y como lo dijo.
Llamado a la acción
Hoy recordemos aquellas promesas que Dios nos ha hecho, aquello que en su momento Él nos ha dicho, y mantengamos en mente y en el corazón que ninguna de sus palabras deja de cumplirse. Solo tenemos que confiar verdaderamente en Él, creer que su palabra es real.
Acerquémonos a Dios de manera personal e individual y tratemos de conocerle. Abramos nuestro corazón a Él para que transforme nuestras vidas y nos guíe en su verdad. Por nosotros mismos somos capaces de cosas limitadas, pero con su ayuda, nuestras fuerzas se renuevan cada día, y continuamos no siempre granando, sino más bien creciendo durante el proceso.
Oración
Padre, hoy queremos agradecerte por la oportunidad que nos diste, a través de la muerte de tu hijo Jesús, de acercarnos personalmente ante tu presencia, no por nuestros méritos, pues sabemos que diariamente fallamos, sino por la gracia de tu amor inconmensurable, que sobrepasa todo entendimiento y toda lógica humana. Por medio de todos estos atributos, nos acercamos hoy para pedirte que traigas a nuestro corazón la confianza de que cada una de tus palabras se cumplirá de la manera en que lo tienes definido, que sean tus planes haciéndose realidad en mi vida hoy y siempre. Te amo, Dios. Amén.
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