Devocional diario: Aprendiendo a creer.

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Editado por: Manuel Monsalve

5–7 minutos

San Juan capítulo 12: 37-50

Contenido

  1. Texto de estudio
  2. Estudio
  3. Reflexión
  4. Llamado a la acción
  5. Oración

Texto de estudio

37 A pesar de haber hecho Jesús todas estas señales en presencia de ellos, todavía no creían en él. 38 Así se cumplió lo dicho por el profeta Isaías:

«Señor, ¿quién ha creído a nuestro mensaje
    y a quién se ha revelado el brazo del Señor?».

39 Por eso no podían creer, pues también había dicho Isaías:

40 «Les ha cegado los ojos
    y endurecido el corazón,
para que no vean con los ojos
    ni entiendan con el corazón
    ni se arrepientan; y yo los sane».

41 Esto lo dijo Isaías porque vio la gloria de Jesús y habló de él.

42 Sin embargo, muchos de ellos, incluso muchos de los jefes, creyeron en él, pero no lo confesaban porque temían que los fariseos los expulsaran de la sinagoga. 43 Preferían recibir honores de los hombres más que de parte de Dios.

44 «El que cree en mí —clamó Jesús con voz fuerte—, cree no solo en mí, sino en el que me envió. 45 Y el que me ve a mí ve al que me envió. 46 Yo soy la luz que ha venido al mundo para que todo el que crea en mí no viva en oscuridad.

47 »Si alguno escucha mis palabras, pero no las obedece, no seré yo quien lo juzgue; pues no vine a condenar al mundo, sino a salvarlo. 48 El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue. La palabra que yo he proclamado lo condenará en el día final. 49 Yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió me ordenó qué decir y cómo decirlo. 50 Y sé muy bien que su mandato es vida eterna. Así que todo lo que digo es lo que el Padre me ha ordenado decir».

San Juan 12: 37-50

Estudio

Muy a pesar de todas las señales que Jesús realizaba, muchos se negaban a creer en él. Sin embargo, dentro de esa vasta muchedumbre había otros que sí creían, pero su temor a los líderes religiosos les impedía manifestar su fe, esto porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios.

El profeta Isaías había podido ver por la revelación que Dios le dio el tiempo de Jesús y cómo transcurrirían las cosas. A él se le reveló que todo eso sucedería, por lo tanto, lo escribió y dejó para la posteridad. No obstante, aquellos que leían esto tal vez a diario no se detuvieron para entender el mensaje en medio de la palabra. Por tal motivo, aunque tuvieron a Jesús y lo esperaron, no pudieron disfrutarlo.

Su incredulidad era el resultado de su dureza de corazón, y esta, a su vez, era el cumplimiento de las escrituras en acción.

Jesús manifestó que todo aquel que creía en él, también creía en quien le había enviado. Se presentó como esa luz que brillaba en medio de la oscuridad. Él era esa palabra hecha hombre, y si la gente insistía en su incredulidad, no serían juzgados por Jesús, sino por la misma palabra, debido a que todo lo que Jesús decía y hacía era lo que el Padre le indicaba.

Jesús dejó muy claro que nada de lo que dijo o hizo lo realizó por cuenta propia, y por esta razón el Padre le amaba, porque le obedecía. Nosotros, hoy día, pensamos servir a Dios y nos esforzamos por hacerlo de una manera única, pero muchas veces los resultados no son tan satisfactorios como nos gustaría. En esta porción de las escrituras tenemos un mensaje directo y un ejemplo único de cómo lograr un ministerio de poder, obedeciendo al Padre, haciendo única y exclusivamente lo que se nos ordena.

Reflexión

Cuando actuamos basados en nuestros propios pensamientos, fallamos, ¿por qué? La respuesta es realmente simple: porque Dios no está en el asunto. Muchas veces pensamos que las cosas sucederán de cierta manera, así como los fariseos pensaban que ese Mesías prometido iba no solo a llegar, sino a revelarse. Como las cosas no sucedieron de la manera que pensaron, ellos mismos se encargaron de llevar a aquel hombre a la cruz.

Nosotros, tal vez durante mucho tiempo, hemos dejado de lado el concepto de Dios para lo que nos entristece. A menudo, pensamos que las ideas que llegan a nuestra mente son parte del propósito de Dios, pero realmente muchas de ellas son producto de nuestro pensamiento, de nuestro instinto mismo de supervivencia. Pero entonces, ¿cómo sabemos lo que Dios desea? Sencillo, solo hay que preguntarle, dejar nuestra voluntad rendida a sus pies, para que siga creciendo en nuestros corazones.

Dios no tolera la desobediencia, y actuar sin ser enviados por Jesús es caminar solos, en nuestras propias fuerzas, y esta actitud nos lleva al fracaso.

Debemos asegurarnos de hacer únicamente lo que nuestro Señor nos manda realizar. Él es el dueño de la grey, Él sabe exactamente lo que necesita su rebaño y se goza en la obediencia más que en los sacrificios que nosotros podamos realizar para exaltar su nombre.

La iglesia primitiva fue muy obediente a la voz del Espíritu Santo, por ello era tan poderosa. Invertía la mayor parte de su tiempo en la oración y el estudio de las escrituras. Hoy día se quiere una iglesia poderosa en hechos, pero muy débil en oración, ayuno y el estudio de las escrituras.

Llamado a la acción

Es nuestro deber acercarnos a Dios, es nuestro compromiso conocerle verdaderamente, lo sé porque si hemos llegado hasta este punto en nuestro proceso de devocionales diarios, es sencillamente porque tenemos interés en conocer un poco más. Nuestra invitación el día de hoy es a entregar aquello que nos aqueja en las manos del Señor, que sea su respuesta haciéndose realidad en nuestra vida. Por un momento, soltemos el control de todo y dejémoslo en manos de Dios. Confiar cuando vemos que las cosas suceden a nuestra manera es sencillo, lo realmente difícil es comprender que aún en medio de la tormenta más dura, todo hace parte del propósito de Él para con nosotros. Basta de miedo al hombre; mejor pongamos nuestra mirada en Jesús, y que sea Él guiando verdaderamente nuestro caminar.

Oración

Padre, tú que conoces nuestro corazón verdaderamente, puedes dar fe de lo que pienso y siento cada día. Tal vez me engañe a mí mismo, pero no existe forma en cómo eso suceda contigo, tú que conoces todo de mí. Te ruego que me ayudes a entender tu voluntad; dame fuerzas para mantenerme cerca de ti en medio de la tormenta más difícil y de mi momento más alegre. Que el estado de ánimo no determine mi necesidad de ti, sino que mi corazón te anhele de la manera más pura cada día, gracias por escucharme y guiar cada uno de mis pasos, en el nombre de Jesús, Amén.


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Una respuesta a “Devocional diario: Aprendiendo a creer.”

  1. Avatar de MARTHA SOLER
    MARTHA SOLER

    El señor mismo lo dice en su palabra es él quien se revela a quien quiere, Señor revela tu voluntad en mi vida.

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